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viernes, 3 julio 2026

Café imaginario con el poeta Roque Dalton en Medellín

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Por Alonso Rosales / Imagen Renato Mira

En la Alpujarra, donde Botero pinta gordos de esperanza
y el realismo mágico de Gabo aún huele a papel y café,
me siento frente a ti, Roque Dalton, maestro de rebeldía,
con una taza imaginaria que humea historias y verdades.

Hablamos de mi patria,
esa franja pequeña que en redes se disfraza de Europa,
que sueña con ser Francia, Alemania o Dinamarca,
pero tropieza en su propia infancia política,
aún en pañales de poder y memoria,
propiedad de siete u ocho manos que cuentan dinero,
no historias.

Tú me recuerdas que la poesía es fusil y abrazo,
que la palabra no se arrodilla ante los tiranos,
ni ante los clubes de seudo intelectuales
que aplauden la propaganda como si fuera arte.

Vemos juntos el horror en Palestina,
ese pueblo que camina desde la Biblia
y que hoy Benjamin Netanyahu persigue sin piedad,
queriendo borrarlo del mapa
para poner títeres que sirvan al oro y no a la justicia.

Brindamos, maestro,
por las voces que no mueren aunque maten a sus dueños,
por los versos que arden en las plazas,
por el derecho de los pobres a tener memoria
y por la certeza de que la dignidad
nunca ha necesitado permiso para existir.

Nuestro café se enfría,
pero la conversación sigue caliente,
como Medellín en agosto,
como tu palabra eterna,
como mi compromiso de seguir escribiendo
hasta que el último muro del miedo
sea derribado por la poesía.

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