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lunes, 06 de diciembre del 2021

Buenos resultados de estrategia de prisioneros de guerra

Se habí­an experimentado cambios significativos en las condiciones del encarcelamiento: interrogatorios no violentos y menos frecuentes;  dos comidas diarias;  poder conversar en grupo cuando se estaba en el patio de la cárcel, así­ como en las celdas hasta las nueve de la noche; mayor tiempo para el aseo personal y lavar la ropa; asistencia médica y medicinas para situaciones de emergencia, así­ como para  enfermos crónicos.

En la mayorí­a de interrogatorios el objetivo era obtener mayor información sobre aquellos aspectos ya identificados para fundamentar la acusación, parecí­a que estaban preparando los expedientes para enviarlos a la fiscalí­a militar; al 40 % de los reos no los habí­an llevado a interrogatorios en las últimas dos semanas. En la mayorí­a de los detenidos surgió la esperanza de salir libres en los próximos dos meses, ya que no habí­an participado directamente en actividades polí­tico militares.

Las dos comidas diarias, los ejercicios fí­sicos y el mayor tiempo para el aseo personal habí­an mejorado las condiciones fí­sicas y aní­micas de los reos polí­ticos. En las celdas se hací­an charlas recreativas, que se repetí­an varias veces a solicitud de la audiencia: el profe contó en su celda “La guerra del futbol entre El Salvador y Honduras”; un arquitecto desarrolló el tema “El Arca de la Alianza como una baterí­a electrónica extraterrestre”; “el rey se dedicó a contar partidas famosas de ajedrez  con mucha gracia,  explicando los pormenores de cada jugada; el profesor de educación fí­sica habló sobre el papel del deporte en  el desarrollo de los niños; un historiador recreó las principales batallas de Chile contra Perú y Chile; un geólogo contó historias de la minerí­a en el desierto de Atacama; un biólogo nos ilustró  sobre las investigaciones de especies marinas realizadas en la Universidad de Concepción,  por un profesor de origen salvadoreño; el dueño de un restaurante narró  hechos de origen amoroso, empresarial, deportivos y de luto, ocurridos en su negocio. Las charlas tuvieron mucho éxito,  mejoraron las relaciones entre los reos, así­ como con los custodios, ya que la mayorí­a de los que estaban de turno se pegaban a las rejas para escuchar los cuentos y hasta hací­an comentarios.

Se volvió una práctica que en el patio, nos dispersábamos y hací­amos señas a las decenas de personas que se reuní­an en la parte alta del cerro en donde estaba ubicada la cárcel y que según nuestro entender se trataba de nuestros familiares. En una ocasión, ese grupo de personas desplegó una pancarta, en donde se lograba leer la palabra “íNIMO”, fue la última vez que los militares permitieron esa reunión de personas en el  cerro.

Un custodio nos informó que  algunos familiares, especialmente mujeres, se reuní­an en silencio frente a la prisión; que habí­an sido desalojados en varias ocasiones, pero que luego llegaban nuevamente. Uno de los reos, que fue a pasar consulta con el médico, que habí­a sido contratado por el “rey de la droga” por dos horas diarias, informó  que el galeno le habí­a dicho que todaví­a habí­a varios reos polí­ticos en aislamiento, incluyendo un grupo guerrillero boliviano que fue capturado en tránsito hacia ese paí­s; así­ también que la Cruz Roja Internacional estaba haciendo gestiones para hacer una visita a esa prisión.

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