martes, 16 julio 2024
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Falta empatía y solidaridad entre los salvadoreños: Nelson López Rojas.

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Por Nelson López Rojas.

Septiembre de 1988, día de mi cumpleaños, mi madre me invitó a celebrar con un almuerzo en el Campero del centro. Tras salir del restaurante y caminar apenas una cuadra hacia la Tercera Calle, nos encontramos con un caos desgarrador: autobuses pasando a toda velocidad, una muchedumbre desorientada corriendo y el aire lleno de humo lacrimógeno, lo que dificultaba mi respiración. Desesperados, corrimos de regreso hacia el restaurante donde había gastado el dinero de sus ganancias mi madre, pero nos cerraron la puerta en la cara. Luchando por respirar y con los ojos llorosos, finalmente llegamos hasta el otro extremo del centro, por el cine Apolo, donde ya las cosas estaban más calmadas. ¡Vaya celebración de cumpleaños!

Treinta años más tarde, vengo en un viaje de autobús regresando de Guatemala, la lluvia no da tregua. Al llegar al destino en San Benito, los empleados cierran la agencia del bus y toda la gente que venía en el bus se tenía que bajar bajo la implacable lluvia, sin encontrar refugio alguno. En ese momento, rememoro la situación vivida en el restaurante de mi niñez.

Estas dos experiencias pueden parecer distintas, pero en realidad comparten un denominador común: la falta de empatía y solidaridad entre los salvadoreños. Sin duda, es necesario generar un cambio desde adentro.

Se dice que los ricos siempre quieren más, pero poco se habla de los pobres que se pelean por el lindero de sus lotes colindantes y que deben poner alambre con púas para que se respete su propiedad. Si acaso alguien tiene un lote abandonado y ve que los vecinos comienzan a usarlo como estacionamiento, rápidamente lo mandará a cerrar porque no es de ellos ese terreno. O qué decir de los que construyen justo en su límite sin dejar espacio para los peatones.

Semos malos, sí. Malos, egoístas y envidiosos.

Al ver que la vecina que hace tortillas comienza a construir una segunda planta en su casa, no faltará el vecino que, en lugar de ofrecerle consejos sobre permisos de construcción, opta por ir directamente a la comuna a denunciar a la vecina violadora de leyes.

¿Y qué tal los vecinitos que obstruyen la vía pública colocando barriles u obstáculos frente a sus propiedades para evitar que otros se estacionen? Entiendo el malestar de llegar a casa y no encontrar parqueo, pero ¿por qué no se estacionan en sus cocheras? Ah, porque las cocheras son bodegas y es preferible estacionarse en la calle a tener que organizar su espacio de manera más eficiente.

La falta de consideración al discapacitado es constante en nuestro medio. Basta con mirar a nuestro alrededor y darse cuenta del irrespeto a los estacionamientos designados para personas con necesidades especiales, mientras los agresores ignoran las señales o asumen ignorancia.

¿Hasta cuándo comprenderemos que las señales de alto y los pasos peatonales no están ahí meramente como decoración? ¿Qué esperamos para ser más compasivos con los demás? Todos sabemos que no somos intocables y que la vida puede dar giros inesperados, poniéndonos en posiciones desfavorables. Esto me hace recordar las sabias palabras de un amigo: “tratá bien a los demás cuando estés en la cima, porque no sabés a quién te encontrarás cuando estés en la caída”. La empatía y la solidaridad son valores esenciales que debemos cultivar como sociedad para construir un mejor futuro para todos.

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Nelson López Rojas
Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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