Por Alonso Rosales – Analista internacional
La política salvadoreña mantiene una constante desde 2019: la oposición no ha logrado entrar en el juego real del poder, mientras el oficialismo ha consolidado dominio territorial, electoral, comunicacional y narrativo. Este desfase estructural explica la lectura pública de eventos recientes como el desayuno organizado por Julio Villagrán, interpretado por sectores oficialistas como un intento de alianza, aunque los organizadores y participantes lo negaran.
Sin embargo, más allá del acto en sí, lo relevante es lo que revela: una oposición que continúa reaccionando al ritmo del Gobierno y no a una estrategia propia.
1. El terreno político desde 2019: una cancha inclinada
Desde la llegada de Nayib Bukele a la presidencia, las reglas no escritas de la política cambiaron:
Dominio absoluto del discurso digital

El oficialismo marca la agenda con una maquinaria comunicacional sincronizada, basada en marketing político de alta precisión, análisis de data social y asesoría internacional.
de la asesora venezolana Sara Hanna, estratega vinculada a comunicación política moderna.
A ello se suman consultores norteamericanos, expertos en percepción pública y microsegmentación del mensaje, que refuerzan un discurso emocional, simple, directo, y diseñado exactamente para lo que la mayoría quiere escuchar.
El “tema seguridad” como pilar inamovible
El Gobierno posicionó la seguridad como su principal activo.
Mientras continúe siendo percibida como un éxito —y lo es para la mayoría— ningún partido puede competir sin una narrativa convincente sobre qué haría mejor o distinto.
2. Por qué la oposición no logra capitalizar el desgaste natural del Gobierno
El desgaste existe:
- Deuda pública alta.
- Endeudamiento acelerado.
- Falta de crecimiento económico.
- Persistencia de pobreza extrema.
- Salud pública saturada con citas a un año o más, tanto en el ISSS como en hospitales nacionales.
- Servicios digitales que avanzan, pero cobertura desigual.
A pesar de estos puntos débiles, la oposición no logra convertirlos en apoyo político porque:
No tiene liderazgo unificado.

Cada partido opera como isla. No existe una figura consensuada ni un proyecto común. Carecen de narrativa emocional.
La política moderna no se mueve por datos, sino por relatos, identidad y pertenencia.
El Gobierno lo entiende; la oposición aún no. Reacciona en vez de proponer.
La agenda del país es marcada desde Casa Presidencial.
La oposición comenta la agenda, pero no la define.
3. El régimen de excepción y el futuro político
La población ya percibe seguridad generalizada.
Bajo esa realidad, la continuidad indefinida del régimen de excepción comienza a generar debate incluso entre sectores moderados que inicialmente lo apoyaron.
Un gobierno fuerte debe demostrar que puede transitar del estado de emergencia a la institucionalización permanente de la seguridad.
Esto abre una ventana política:
Si la oposición planteara un modelo alternativo de seguridad robusto, profesional y democrático, podría conectar con sectores urbanos y profesionales.
Pero por ahora no lo ha hecho.

4. Qué debe mejorar el Gobierno — y qué oportunidades abre eso
Aunque el Gobierno domina la comunicación, enfrenta problemas que afectan directamente la vida cotidiana:
🔹 Salud:
La deuda histórica de consultas a 6 meses y hasta un año sigue sin resolverse.
La digitalización en DRSV es un avance real, pero insuficiente para la demanda nacional.
🔹 Economía doméstica:
Precios altos, salarios estancados, y un modelo demasiado dependiente del endeudamiento externo.
🔹 Pobreza extrema:
Aún existen miles de salvadoreños que viven con un dólar al día, especialmente en la zona rural.
Estos puntos podrían ser capitalizados políticamente… si existiera una oposición articulada.
5. Escenarios prospectivos hacia 2026–2027
Oposición fragmentada (el más probable)
Cada partido compite por su cuenta.
No hay coalición real.
El oficialismo retiene hegemonía legislativa y municipal.
Coalición tardía sin narrativa
Los partidos se unen, pero sin propuesta común ni liderazgo fuerte.
Resultado: poco impacto electoral.
Entrada de figuras de sociedad civil
Si los partidos abren espacio a líderes de prestigio no partidario, podrían recomponer imagen.
Este escenario es posible, pero depende de renunciar a estructuras internas rígidas, lo cual históricamente no hacen.
Reconfiguración del oficialismo
Si el Gobierno ajusta el régimen de excepción, mejora salud, y mantiene estabilidad, consolidaría un tercer ciclo político incluso sin Bukele directamente en la boleta.


