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¿Y las chicas Cosmo qué quieren?

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"Lee la Biblia y el Corán de las frivolidades, o sea Vanidades y Cosmopolitan, publicaciones en las que mujeres dan cátedra a otras mujeres sobre lo trendy, lo retro y lo charm": Gabriel Otero.

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Por Gabriel Otero


Lee la Biblia y el Corán de las frivolidades, o sea Vanidades y Cosmopolitan, publicaciones en las que mujeres dan cátedra a otras mujeres sobre lo trendy, lo retro y lo charm.

Ahí sabrás cómo ellas te tendrán atado a su sexo, eso es lo clásico que nunca pasa de moda, ahí averiguarás como hacerla feliz con esos pequeños y románticos detalles de cenar a la luz de las velas con olor a sándalo y si te alcanza el presupuesto las harás sentirse diosas obsequiándoles un reloj Bulgari o un vestido Channel.

En esas páginas te enterarás que las chicas Cosmo quieren el resumen ejecutivo de lo diverso, todos los hombres en uno solo: un hombre cursi por horas para que no las aburra, nada más un poco de miel porque empalaga; un loco impredecible que las divierta, aquel que detiene el tráfico en horas pico y se tira a una avenida principal como Insurgentes o el Boulevard de Los Héroes sólo para decirles que las ama.

También necesitan un doctor, de preferencia ginecólogo de dedos largos, que sepa la ubicación del mítico punto G y el ritmo exacto de su ovulación para concluir en la copula; quieren, además, un tipo brillante que les enseñe física cuántica y les explique la teoría de la relatividad; un sensible artista que les muestre otra percepción de la vida; un guapo por el que babeen pero que no hable por narcisista; un hombre solvente que las consienta pero que no las compre; y un semental cariñoso que no se duerma después del sexo.

Pero eso no es todo, si las llevas a bailar, más te vale personificar el encanto de Fred Astaire, la sonrisa de Gene Kelly, la elasticidad de Mikhail Baryshnikov, la originalidad de Michael Jackson y lo latino de Chayanne y que te olvides del slow slow quick quick slow de tus clases nocturnas de danza.

La imaginación de las chicas Cosmo es insaciable, quieren creerse protegidas con alguien que tenga pectorales y bíceps monumentales, cerros de músculos como acorazados y ellas en medio acariciando ese estómago de lavadero generado a base de pesas y esteroides.

Y a la hora de llorar, requieren de un confidente no afeminado, un sicólogo de cabecera conocedor del lenguaje femenino el que interpreta que el no es si y que el tal vez es no.

Y si vas de compras con ellas, solicitan un testigo mudo, ármate de valor y entrena para el maratón, corre cuando menos una hora diaria, irás hacia un rumbo totalmente incierto, porque si ven ropa se probarán todo sin que algo les satisfaga.

Eso es una ínfima parte de lo que ellas quieren, es tan sólo un lunar en su universo.

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Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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