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lunes, 25 de octubre del 2021

Veracidad e Imparcialidad

“¿Qué haré, jueces, si callo me llamáis culpable y si hablo me tacharéis de mentiroso”, esta frase/dilema es atribuida a Cicerón (jurista/ político/ orador romano, 106-43 AC); y -en general- puede entenderse como seria indecisión ante la obligación de decir algo.

En el ejercicio periodístico esto pareciera ser una constante, por las exigencias opuestas del mundo lector/oyente. Pero, no. Cuando hay vocación plena, el compromiso es solo con la sociedad y -pese a presiones y ofertas- solo  existen la verdad y la imparcialidad. Y no callar. Así lo entendíamos los periodistas noveles, de mediados del siglo pasado.

“La mejor escuela de periodismo es la redacción de un periódico”,  decían los entendidos, en la década 1960. Y, en gran parte, tenían razón. El periodismo, desde lejanos tiempos -con mínimas excepciones- venía siendo ejercido por periodistas no graduados. La ética y los principios académicos se daban según el instinto vocacional. Empirismo ejemplar que, para nosotros, fue escuela fundamental. El sistema digital tardaría en llegar…

La Universidad de El Salador (UES), única entonces, recién había inaugurado la Escuela de Periodismo. Yo ingresé en 1959. Muchos  aparejamos estudio y ejercicio.

Se buscaba lograr credibilidad, la cual solo llegaría ejerciendo con Objetividad, Veracidad e Imparcialidad. Si bien la línea editorial era empresarial y conservadora -Libertad de Empresa, no de Prensa- se buscaba el mayor apego al Derecho y a la Verdad. Ahora no.

Un día, el director de LPG, José Dutriz h. -buen director- en un aparte con Orrego Candray, Álvaro Melara y yo, nos comentaba el ideario del fundador, con motivación a la verdad:

“La principal misión del periodista es decir al pueblo la verdad y su más imperiosa necesidad es lograr ser independiente. El propietario de un periódico que necesita para sostenerlo de las subvenciones gubernativas o de ayuda de partidos políticos, ha fracasado en su alta misión de servir lealmente a los intereses de la comunidad”.

Pero, aquellos intentos de veracidad e imparcialidad ya no existen; al contrario en los “grandes” medios de comunicación social (MCS) impresos, se percibe -más activismo que periodismo- una tendencia -obstinada y parcial- a ser muestrario desde noticias alarmistas hasta de asuntos triviales, para hacer quedar mal al Gobierno, que hoy -contrario a las pasadas administraciones- logra consolidar la cercanía con el pueblo. Va un ejemplo:

Habiendo tanta “noticia de interés humano”, se publica en primera y  en madera un titular personalista y tendencioso: “Más de $180.000 para la oficina de Alabí” e incluye costo de sillas, escritorio, cafetería… (¿?) (LPG, agosto 8 de 2020). Una noticia magnificada tendenciosamente, aunque publicarla fue su -respetado- derecho empresarial, pero  que yo -por experiencia- estoy seguro que don Pepe Dutriz h, no hubiera ordenado publicarla con tanto despliegue, y en posición tan privilegiada. Al gritarla, perdió el canillita, huye el lector y se aleja el suscriptor…

También -en el marco pandemial- el diputado Portillo Cuadra de ARENA, “preocupado” solicita a la Asamblea Legislativa crear una comisión que investigue la persecución del Gobierno a algunos medios de comunicación; lo cual, estaría bien -excelente- si no fuera porque no incluye investigar los recientes despidos de periodistas de esos mismos medios; pero, sobre todo, por el inocultable fin electorero de la moción.

Esta lucha gremial -contra persecución y despidos injustos- se da en todos los países; fui parte de esa lucha como directivo de la APES, entre 1966 y 1996. No es nada nuevo.

Fuera de contexto, copio del periodista Cristian Villalta una afirmación de su columna dominical: “Se equivocan quienes afirman que este Gobierno desprecia a los periodistas. Todos nuestros gobiernos la han tenido contra los periodistas”, escribe Villalta (LPG 2/8/2020). Así ha sido, así es, así será. La comento, no para justificar la persecución, sino en apoyo  a la eterna lucha gremial.

En una sociedad convulsa, es alentador que ya el pueblo rechaza la desinformación y las decisiones antipopulares del poder político, económico y social; y, sobre todo,. que -sin vacilaciones- exige la verdad, en la búsqueda de su anhelada buena salud, paz y prosperidad.

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