spot_img
viernes, 26 junio 2026
spot_img
spot_img

Un caballero no tiene memoria (ni necesita ser un chismoso)

¡Sigue nuestras redes sociales!

Zarko Pinkas |

Mi bisabuelo solía repetirme una frase que nunca me resultó difícil entender: “Un caballero no tiene memoria.” La comprendí desde muy joven y he procurado vivir conforme a ella. Tal vez por eso tuve espacios algo largos de solteria ; quizá la discreción, la lealtad y el silencio no siempre son virtudes que las personas sepan valorar de inmediato. Pero nunca he creído que los principios deban abandonarse para resultar más atractivo. Con los años confirmé que mi bisabuelo no hablaba de olvidar. Hablaba de recordar tanto, que uno supiera cuándo debía guardar silencio.

Con el tiempo descubrí que no hablaba de olvidar. Al contrario. Hablaba de recordar tanto, que uno aprendía cuándo debía guardar silencio.

Crecí rodeado por cuatro generaciones de hombres. Mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y un tío fueron moldeando una idea de masculinidad que hoy parece antigua, pero que, en algunos aspectos, sigue teniendo vigencia. No era una educación basada en aparentar dureza ni en competir por quién conquistaba más mujeres. Era una educación basada en el respeto.

Uno de esos principios era sencillo: la vida íntima no se comenta.

Si un hombre sale con una mujer, si existe cariño, intimidad o incluso una historia que no prosperó, esa experiencia no se convierte en una anécdota para los amigos ni en una medalla para las redes sociales. Tampoco se transforma en una mentira para alimentar el ego. Lo que ocurrió entre dos personas pertenece a esas dos personas.

Quizá por eso mi bisabuelo decía que un hombre no tiene memoria. Porque un hombre con principios no necesita recordar públicamente aquello que solo sirve para alimentar el chisme, humillar a alguien o aparentar una virilidad que, en realidad, demuestra inseguridad.

Existe otra idea que aprendí con los años: los códigos entre hombres no consisten en proteger privilegios masculinos ni en considerar a una mujer como propiedad de alguien. Consisten en respetar los vínculos ajenos. Si un amigo, un conocido o incluso alguien con quien existe una relación de respeto está construyendo una relación afectiva, lo correcto no es buscar la manera de intervenir aprovechando un conflicto, una pelea o una crisis. La integridad también se demuestra renunciando a oportunidades que nacen del oportunismo.

Ese principio tiene una dimensión todavía más importante: el respeto hacia la mujer. Ningún hombre honorable busca sacar ventaja de una persona vulnerable, intoxicada o emocionalmente quebrantada. Aprovechar esas circunstancias no es una muestra de inteligencia ni de conquista; es una conducta éticamente reprobable y, en muchos casos, constituye un delito.

Vivimos una época en la que algunas personas parecen medir su valor por la cantidad de historias íntimas que son capaces de contar. Hay quienes exageran, inventan o exponen conversaciones privadas para obtener aprobación, provocar celos o dañar la reputación de otra persona después de una ruptura. Esa necesidad de exhibición suele revelar más sobre quien habla que sobre quien es señalado.

La discreción no es cobardía. Es una forma de respeto. Callar cuando uno podría hablar también es una decisión moral.

Tal vez la verdadera masculinidad no consiste en demostrar cuántas conquistas se tuvieron, sino en que ninguna de ellas necesite defenderse de nuestras palabras cuando la relación termina.

Quizá eso era lo que quería decir mi bisabuelo. Que un caballero no pierde la memoria: simplemente decide que existen recuerdos que jamás deben convertirse en armas.


Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

También te puede interesar

Últimas noticias