spot_img
spot_img
lunes, 18 de octubre del 2021

Transformismo y revolución pasiva

Otra manera de ver el izquierdoderechismo de los Pink Panthers.

Dice Gramsci que en perí­odos de crisis y reflujo de los movimientos populares, la clase dominante absorbe a los intelectuales revolucionarios, sobre todo porque, ante la desmoralización por sus derrotas, éstos vuelven a su redil original de clase; ya que, usualmente, se trata de dirigentes (pequeño) burgueses a los que su clase social “no logra educar” y por eso, en un férvido momento de sus vidas, ven en el pueblo una inusitada fuente de inspiración cultural (no de clase). 

A este proceso le llama “transformismo” y lo define como la absorción gradual, pero continua, y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados e incluso de aquellos adversarios que parecí­an enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección polí­tica ha devenido un aspecto de la función de dominio, en cuanto que la asimilación de las elites de los grupos enemigos los decapita y aniquila por un perí­odo frecuentemente muy largo”. Mediante este operativo, la clase dominante amplí­a y consolida su hegemoní­a sobre toda la sociedad, también por perí­odos muy largos.

Esto explica, en el plano emocional, psicológico y cultural por qué los más estridentes izquierdistas se pasan a la derecha, algunos de manera espectacular y ruidosa, al estilo de Carlos Manuel Pellecer, y otros (que aún circulan por estas calles) de manera solapada, persistiendo en el discurso de izquierda pero accionando como operadores polí­ticos e ideológicos de la derecha, y adoptando un alegre cinismo disfrazado de realismo polí­tico y pragmatismo táctico dizque en favor de las mayorí­as oprimidas, explotadas bla bla bla. Se trata del izquierdoderechismo de la pink left (así­ llamada por haber dejado de ser roja ­y adoptado el tono light del conservadurismo posmo, y no por razones homofóbicas, oh cancerberos de la diversidad).­

Al éxito de un operativo así­, el cual diera como resultado un partido polí­tico de derecha pero con fachada pluralista y con aparente tendencia de izquierda, el cual tomara el poder (en un lejano paí­s con el extraño nombre de Guatemala), quizá Gramsci le habrí­a aplicado su concepto de “hegemoní­a transformista” o “revolución pasiva” (el cual aplicó a ciertas etapas de la intrincada formación del Estado moderno italiano), para caracterizar un proceso de restauración renovada del poder reaccionario.

 Esto, a pesar de que, en este caso, esa restauración se haga sobre bases aparentemente distintas, remitidas al mito (asumido como realpolitk) de la posibilidad de alcanzar la incorruptibilidad del Estado por medio de barrer con los corruptos más visibles, mediante el “buen funcionamiento” del aparato público de justicia y sin tocar el sistema económico que da vida y define al sistema polí­tico.

Por todo, las alianzas que la izquierda pueda y deba hacer con organizaciones de derecha, necesitan basarse en convergencias puntuales que no comprometan el objetivo estratégico de la izquierda. Si lo compromete, la izquierda deviene en derecha mediante la absorción o transformismo de sus intelectuales orgánicos y de quienes los siguen. No hay duda de que el desencanto por las derrotas populares y la atracción de sirena que ejerce la hegemoní­a de la clase dominante, convence de veras a los intelectuales transformistas de que en realidad es posible que el neoliberalismo fascista contribuya a forjar aquí­ una genuina democracia nacional-popular with a little help from a friend.

www.mariorobertomorales.net

spot_img

Últimas entradas