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miércoles, 3 junio 2026

Top Secret-CIA: Gobierno de coronel Arturo Armando Molina negoció con el Partido Comunista de El Salvador

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El pacto secreto: cuando el gobierno de Molina negoció con el Partido Comunista.

Por Carlos Santos

A inicios de la década de 1970, El Salvador era un país al borde del estallido. La creciente desigualdad social, la resistencia de una oligarquía cerrada a los cambios y el surgimiento de movimientos revolucionarios armados marcaban un escenario político explosivo. Sin embargo, entre tanta tensión, se tejió un acuerdo secreto que, por décadas, permaneció en la penumbra: un pacto entre el gobierno militar del coronel Arturo Armando Molina y el Partido Comunista de El Salvador (PCS), liderado entonces por Jorge Schafik Handal.

La existencia de este entendimiento salió a la luz gracias a documentos de inteligencia estadounidenses desclasificados en 2017, los cuales detallan reuniones sostenidas entre 1973 y 1974. El contenido revela una insólita alianza entre dos actores que públicamente se encontraban en orillas opuestas.

El origen del acuerdo

En agosto de 1973, según los archivos, el gobierno y el PCS sellaron un compromiso:

El Partido Comunista se abstendría de promover actos hostiles o violentos contra el Estado. A cambio, el gobierno de Molina garantizaba la seguridad y la libertad de movimiento de los dirigentes comunistas, en un contexto donde la represión era la norma.

Este pacto fue renovado en sucesivos encuentros entre representantes presidenciales y el secretario general del PCS Jorge Schafik Handal, quien emergía como una figura clave de la izquierda salvadoreña.

Contener a la ultraizquierda

Uno de los puntos más delicados del acuerdo fue la promesa del PCS de contener a los sectores radicales que, fuera de la estructura comunista, impulsaban la vía armada. Los informes sugieren incluso que Handal se comprometió a bloquear o denunciar actos considerados “terroristas” contra el gobierno.

El compromiso convertía al PCS en una especie de interlocutor moderado en medio de un tablero político dominado por la radicalización.

Reformas truncadas

En las conversaciones, Jorge Schafik Handal puso sobre la mesa la urgencia de reformas socioeconómicas: redistribución de tierras, mejoras en la educación y apertura democrática. Molina habría mostrado cierta disposición, pero la presión de la oligarquía salvadoreña, férrea opositora a cualquier cambio estructural, frenó toda posibilidad de avance.

El pacto quedó reducido a un entendimiento pragmático: el gobierno ganaba estabilidad, mientras el PCS aseguraba su supervivencia política en condiciones adversas.

Beneficios y contradicciones

El documento destaca que el acuerdo fue mutuamente beneficioso.

Para el gobierno, representó un alivio frente a la creciente agitación social y la violencia insurgente.

Para el PCS, significó un respiro: operar con menos persecución y preservar su liderazgo político.

Pero el precio fue alto: el comunismo salvadoreño se vio obligado a mantener una línea moderada y a tomar distancia de los movimientos revolucionarios que, pocos años después, serían el germen de la guerra civil.

El eco en la historia

Este episodio explica parte de las contradicciones de la izquierda salvadoreña en los años setenta. Mientras unos sectores buscaban espacios de negociación con el poder militar, otros apostaban por la insurrección armada.

La guerra civil que estalló en El Salvador entre 1980 y 1992 evidenció que los intentos de entendimiento previos resultaron insuficientes. No obstante, el pacto entre Molina y Handal demuestra que, incluso en los años más turbulentos, la política salvadoreña se movía entre alianzas invisibles, negociaciones discretas y frágiles equilibrios de poder. Conviene recordar que el Partido Comunista de El Salvador (PCS), durante gran parte de los setenta, se opuso a la vía armada. Fue únicamente hacia mediados de 1979 cuando comenzó a estructurar su brazo militar, las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), en alianza con otras organizaciones guerrilleras a las que, en el pasado, había acusado de aventureras y ultraizquierdistas. Hoy, a la luz de estos documentos desclasificados, se abre una ventana a aquellos años en que los comunistas salvadoreños y la dictadura militar coincidieron en un mismo terreno: para unos fue una estrategia de supervivencia; para otros, un cálculo de oportunismo político.

Vea y descargue documento de la CIA

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Carlos Santos
Carlos Santos
Investigador y académico en temas de Derechos Humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto

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