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lunes, 02 de agosto del 2021

Sin perdón, no hay futuro

"Sin perdón no hay futuro" es una afirmación compleja y controversial pronunciada, en su momento,  por el referente de la lucha contra la segregación racial en ífrica del Sur, Nelson Mandela. 

Esta esclarecida frase de Madiba que tiene un alto sentido de luz y de significado, nos llama a hacer un alto en el camino.  Y es que hablar del perdón no es fácil, nunca lo ha sido, y más aún, en el actual contexto social de nuestro paí­s en el que las heridas del pasado y, sobre todo, las que se derivan del conflicto armado interno de  los ochentas están aún intactas.

En esta lí­nea, algunos dicen que no hay que tocar ciertos temas trascendentes para la vida social de El Salvador como son la impunidad, amnistí­a, el reencuentro social, la reparación a las ví­ctimas y otros, porque las heridas del colectivo social podrí­an reabrirse, como si las únicas heridas que pueden reabrirse son, precisamente, aquellas que están mal cerradas. Más bien infectadas.

La dinámica de la violencia irracional de la posguerra debe ser sustituida por una pedagogí­a del perdón tal como lo plantea la doctrina de la iglesia, porque la violencia –al margen de sus múltiples fuentes y mil expresiones- se ha vuelto un lugar común y,  se ha tornado en una parte normal de nuestras vidas.

Pero, ¿Hacia dónde nos llevará como sociedad la continua confrontación? Un elevado número de conflictos personales e institucionales se han producido desde el resentimiento y por los deseos de venganza. Por ello, el perdón es un recurso vital. Empero, no las meras disculpas o aquellas falsificaciones del mismo que circulan usualmente; sino, el perdón autentico es decir, aquel que conlleva, por un lado, al propósito de enmienda y, por otro, el afán de arrepentimiento. Aquel que surge de un corazón es condición de contrición.

Perdonar es esencial para el proceso de reconstrucción social y moral en que debemos empeñarnos todos y cada uno; más, debe ser otorgado al que lo pide. Un perdón en abstracto –a todos y a nadie- carece de un verdadero efecto liberador.

El Salvador arriba este próximo año al 25 aniversario de la firma de los  acuerdos de paz (1992)  y al primer centenario del nacimiento de nuestro profeta social y pastor mártir el Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero  (1917-1980), ambos hechos marcantes y parteaguas  deberán ser una ocasión para meditar sobre el valor y el significado del perdón; una decisión que además de volver funcional y humanizar al ordenamiento social, permitirá, sin duda alguna,  tal como lo advierte Mandela: ver al futuro…

Si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará (Mateo 6:14)

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