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martes, 26 de octubre del 2021

Roque Dalton en la Biblioteca Ayacucho

Al incluir a Roque en esta colección, se le da el reconocimiento de su condición de autor clásico de la literatura latinoamericana.

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El pasado 5 de noviembre se bautizó, literalmente, en Caracas, el libro Poesí­a escogida. Antologí­a personal, de Roque Dalton, incluido en la importante colección Biblioteca Ayacucho. Roque es el segundo autor salvadoreño en formar parte de la colección de clásicos latinoamericanos que fue fundada por el gobierno venezolano en 1974, para conmemorar los 150 años de la Batalla de Ayacucho. El primer salvadoreño en formar parte de esta colección, que dirigió inicialmente el crí­tico uruguayo Ángel Rama, fue Salarrué, con una antologí­a de sus cuentos prologada por Sergio Ramí­rez. Fui llamado a escribir el prólogo y la cronologí­a de este libro que armó Roque en La Habana antes de volver a El Salvador y que dedicó con amor a Cuba, razón por la cual asistí­ a su bautizo venezolano.

Al incluir a Roque en esta colección, se le da el reconocimiento de su condición de autor clásico de la literatura latinoamericana. Esto permite ver la noción de lo “clásico” en una dimensión amplia. Clásico no serí­a tanto aquella obra artí­stica que es objeto de una veneración distante, sino aquella obra que, a pesar del transcurso del tiempo sigue tocando directamente a sus lectores, ya sea por la ví­a del asombro o por la ví­a del cuestionamiento, o por la ví­a del goce, o por todas ellas, que no están reñidas entre sí­. Nada que ver, pues, con los í­dolos de barro de la cultura oligárquica contra los que arremetió con vigor y risa al mismo tiempo. No es un “Viejuemierda” II o III o LXI, aunque se hayan dado y se sigan dando intentos por reducirlo, ya sea mediante la poda “apolí­tica” de su obra, mediante la colección de chismes e historias apócrifas, o mediante el desdén hacia la relevancia de su trabajo.

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La inclusión de Roque Dalton en la Biblioteca Ayacucho fue un sueño del comandante Hugo Chávez, quien estaba consciente de la importancia de la obra literaria y polí­tica del autor de Taberna y otros lugares. Chávez, quien fue un insaciable lector desde niño, citó versos de Roque en más de alguno de sus discursos, como para apuntalar un argumento o para poner a sus oyentes a reflexionar. Este libro es la realización de ese sueño, y es un reconocimiento de la actualidad y universalidad de la obra del poeta salvadoreño. Este libro apareció a pesar de la guerra económica, de la escasez, de las sequí­as y de los diluvios. Su existencia dice mucho de un paí­s que, pese a las dificultades materiales, no para de hacer libros, ni de hacer festivales de diferentes artes. 

Poesí­a escogida. Antologí­a personal se publica por primera vez tal cual Roque lo dispuso originalmente. En él se abarca desde El turno del ofendido hasta Los hongos, dejando fuera Historias prohibidas del Pulgarcito y Un libro rojo para Lenin, pues ambos no son poemarios en el sentido convencional -aunque tenga poemas del autor-, sino “libros-collage”, donde los textos propios y ajenos arman conjuntos poético-polí­ticos para problematizar sobre determinadas situaciones, y de los cuales no cabrí­a extraer un fragmento, bajo el riesgo de leerlo en un contexto distinto al del conjunto poético del que forma parte. Al ser el criterio unificador de la antologí­a el hecho de reunir poemas escritos en Cuba, no entró en el volumen La ventana en el rostro, que fue escrita entre El Salvador de sus primeras cárceles, la Unión Soviética que visitó a los veintidós años y el México que lo acogió solidario en 1961.

Las ediciones de este libro de EDUCA y de Casa de las Américas incluyen también versos de Historias y poemas de una lucha de clases, el último poemario, escrito por cinco heterónimos de Roque, cuando este se encontraba en la etapa final de su vida, en el contexto de la lucha clandestina. Esta edición recoge estrictamente el material que Roque dispuso publicar. En su portada tiene una reproducción del cuadro Perros, de Carlos Cañas.

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Cuando decimos que ese libro fue bautizado en Caracas, estamos diciendo que se dio un gesto hermoso para lanzar un libro a la circulación. El libro fue cubierto de pétalos de rosa, de las manos de de las manos de Édgar Páez y Humberto Mata, de la Biblioteca Ayacucho, del embajador salvadoreño Domingo Santacruz y quien esto escribe. Literalmente: se le echaron flores para desearle buena andadura. Y seguramente la tendrá entre los lectores latinoamericanos que conocen, o todaví­a no, la obra de este salvadoreño universal. De hecho, la circulación de este libro fue una de las cosas más esperadas entre las personas que asistieron a la feria. En lo personal, en unos cuantos dí­as me encontré con amigos o con gente que iba conociendo, que sabí­an algún verso de Roque, que, sin haberlo conocido personalmente, lo sentí­an como una presencia entrañable. Lo mismo que en muchos otros lugares de América Latina.

Este proyecto se comenzó a gestar en 2012. En su concreción jugaron un papel importante la familia Dalton, así­ como la Biblioteca Ayacucho, en las personas de Humberto Mata, Luis Edgar Páez, Shirley Fernández, Karen Arreaza y Pedro Cabrera. El consejero de la embajada venezolana, el amigo Antonio Núñez, fue importante para hacer viable esta historia entre su paí­s y el nuestro. En fin, este libro es la concreción de una labor de amor para una poesí­a necesaria. O como resumiera el ministro venezolano de cultura, Freddy í‘áñez, esta poesí­a  “tiene más valor en momentos en que está comprometido el destino de la humanidad, porque fue un poeta excelso desde el punto de vista literario y lo fue aún más desde el punto de vista de las luchas por la equidad de los pueblos”.

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Columnista
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