Por Redacción ContraPunto
Las remesas familiares, uno de los principales motores de la economía salvadoreña y una fuente fundamental de ingresos para cientos de miles de hogares, comienzan a mostrar señales de desaceleración después del fuerte crecimiento registrado durante los últimos años.
Un informe de septiembre de 2026 del Diálogo Interamericano proyecta que las remesas enviadas a El Salvador crecerán apenas 4.8 % este año y podrían registrar un crecimiento de 0 % en 2027, un escenario que marcaría un cambio significativo para una economía altamente dependiente del dinero enviado por los salvadoreños residentes en el exterior.
Según las estimaciones citadas en el estudio, El Salvador recibiría aproximadamente $10,458 millones en remesas durante 2026, frente a los $9,979 millones recibidos en 2025. Aunque el flujo continúa aumentando, el ritmo es considerablemente menor al observado un año antes.
En 2025 las remesas crecieron 17.7 %, al pasar de $8,480 millones en 2024 a $9,979 millones. La diferencia entre ambos períodos evidencia una pérdida importante de dinamismo.
Una economía altamente dependiente

La desaceleración adquiere mayor relevancia debido al peso que tienen las remesas dentro de la economía nacional.
El informe estima que alrededor del 70 % de los hogares salvadoreños reciben remesas, mientras estos recursos representan aproximadamente un tercio del consumo privado y equivalen a cerca del 28 % del Producto Interno Bruto (PIB).
Esto significa que cualquier reducción o estancamiento prolongado no se limita al ingreso de las familias receptoras. También puede repercutir sobre el consumo, el comercio, los servicios, la vivienda y otras actividades económicas que dependen indirectamente del dinero enviado desde el extranjero.
El propio análisis del Diálogo Interamericano señala una relación entre el comportamiento de las remesas y la actividad económica centroamericana. A partir de datos correspondientes al período comprendido entre el primer trimestre de 2013 y el primero de 2026, el estudio estima que un aumento de 5.5 % en las remesas está asociado con un crecimiento de aproximadamente 1 % del PIB.
La relación no significa que las remesas sean la única causa del crecimiento económico, pero sí muestra la importancia que tienen dentro del funcionamiento de las economías de la región.
Menos migración y más deportaciones
Entre los factores que explican la desaceleración aparece el comportamiento de la migración hacia Estados Unidos.
El estudio relaciona la reducción de los remitentes con una menor migración y un incremento de las deportaciones. Para El Salvador calcula unas 11,000 deportaciones hasta agosto de 2026 y proyecta que el año podría cerrar con aproximadamente 17,050, por encima de las 15,568 registradas durante 2025.
El efecto potencial sobre las remesas se produce por varias vías. Una menor llegada de trabajadores migrantes significa menos personas incorporándose al mercado laboral estadounidense y, por tanto, menos potenciales remitentes en el futuro. A esto se suma que las deportaciones pueden reducir el número de trabajadores que permanecen en Estados Unidos enviando dinero periódicamente a sus familias.
El fenómeno también plantea una dimensión social. Para muchos hogares salvadoreños, las remesas no representan un ingreso adicional destinado exclusivamente al consumo, sino recursos utilizados para cubrir alimentación, vivienda, educación, salud y otros gastos cotidianos.
El límite de los ingresos de los migrantes
Otro elemento señalado por el informe es el comportamiento de los ingresos de los trabajadores migrantes.
El análisis apunta particularmente a trabajadores centroamericanos empleados en sectores como la construcción y la hotelería, cuyos ingresos no estarían aumentando al mismo ritmo que las remesas durante los años anteriores.
Algunos migrantes habrían utilizado parte de sus ahorros para mantener el nivel de dinero enviado a sus familias. Sin embargo, esa estrategia tiene un límite: los ahorros pueden compensar temporalmente una reducción del ingreso, pero no pueden sostener indefinidamente un flujo creciente de remesas.
Esto ayuda a explicar por qué el crecimiento podría pasar de tasas de dos dígitos a un escenario de prácticamente cero crecimiento en 2027.
El problema trasciende a El Salvador
La desaceleración no es exclusiva de la economía salvadoreña.
De acuerdo con el informe, las remesas hacia Centroamérica crecieron 19.3 % durante 2025, pero el ritmo disminuiría a 7.3 % en 2026 y podría situarse por debajo del 3 % en 2027.
La diferencia entre países, sin embargo, es importante. Las economías con una mayor dependencia de las remesas y con menos fuentes alternativas de generación de ingresos pueden enfrentar mayores dificultades ante un prolongado período de estancamiento.
En el caso salvadoreño, el peso de estos recursos hace que el comportamiento de la diáspora tenga una incidencia directa sobre la economía doméstica.
También cambia la manera de enviar dinero
Mientras disminuye el ritmo de crecimiento, también está cambiando la infraestructura utilizada para transferir los recursos.
Más del 61 % de las transferencias analizadas durante 2026 se realizaron mediante medios digitales, frente al 55 % registrado en 2025.
El cambio refleja una transformación en la manera en que los migrantes envían dinero a sus familias. Las plataformas digitales, las cuentas bancarias y otros servicios financieros están adquiriendo mayor importancia frente a los mecanismos tradicionales de transferencia.
Para el Diálogo Interamericano, esta transformación puede convertirse también en una oportunidad para ampliar la inclusión financiera.
El desafío para 2027
El posible estancamiento de las remesas en 2027 plantea una pregunta más amplia para El Salvador: qué ocurrirá si una economía acostumbrada durante años a recibir mayores cantidades de dinero desde el exterior deja de contar con ese impulso.
El informe plantea alternativas como ampliar el acceso a productos financieros, promover el ahorro, fortalecer las cuentas digitales, desarrollar mecanismos de pensiones y facilitar una mayor disponibilidad de visas laborales.
El desafío, en última instancia, va más allá de mantener el flujo de remesas. Se trata de reducir la vulnerabilidad que implica depender de un ingreso generado fuera de las fronteras nacionales.
Durante años, las remesas han permitido a millones de salvadoreños sostener su consumo y mejorar las condiciones económicas de sus familias. Pero las proyecciones para 2027 muestran que ese motor podría dejar de crecer.
Si el escenario previsto se confirma, El Salvador entraría en una nueva etapa: una economía en la que las remesas continuarían siendo indispensables, pero ya no podrían ser consideradas una fuente de crecimiento automático.
La desaceleración obligaría a mirar nuevamente hacia la generación de empleo, la productividad, la inversión y las oportunidades económicas dentro del país. En otras palabras, el reto no sería únicamente recibir menos remesas, sino construir una economía menos vulnerable a los cambios económicos y migratorios que ocurren fuera de sus fronteras.


