Por Alonso Rosales
Las remesas familiares continúan desempeñando un papel fundamental en la economía salvadoreña, no solo como fuente de divisas para el país, sino también como un mecanismo de sostenimiento para miles de hogares que dependen del dinero enviado por sus familiares desde el exterior.
Una investigación del Banco Central de Reserva (BCR), basada en información del Censo de Población 2024 y de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, establece que las remesas representan, en promedio, el 10.6 % del ingreso total de los hogares salvadoreños. Sin embargo, el estudio revela diferencias importantes según el género, la edad y la condición económica de las familias receptoras.
Uno de los hallazgos más relevantes es la mayor dependencia de las remesas en los hogares encabezados por mujeres. En estas familias, los recursos enviados desde el extranjero representan el 14.89 % de sus ingresos, frente al 7.41 % registrado en los hogares cuya jefatura corresponde a hombres.
La diferencia también es significativa cuando se analiza la edad de quienes dirigen las familias. Los hogares encabezados por adultos mayores de 60 años dependen en un 17.6 % de las remesas, mientras que en aquellos liderados por personas de entre 15 y 34 años la proporción es del 7.6 %. En las familias cuya jefatura tiene entre 35 y 59 años, el indicador alcanza el 7.5 %.
Los hogares más pobres son los más dependientes
La investigación del BCR identifica una relación inversa entre los ingresos laborales y la importancia de las remesas en la economía familiar: cuanto menores son los ingresos obtenidos mediante el trabajo, mayor es la dependencia del dinero enviado desde el exterior.
Esta realidad queda reflejada en los deciles de ingresos. En el decil 1, correspondiente a los hogares con menores ingresos laborales, las remesas representan el 37.2 % del ingreso total. En contraste, en el decil 10, integrado por las familias con mayores ingresos, su participación se reduce al 1 %.
Los datos evidencian que las remesas cumplen una función que va más allá del consumo. Para los sectores económicamente vulnerables representan un respaldo directo para cubrir necesidades básicas, enfrentar dificultades económicas y mantener cierta estabilidad en el presupuesto familiar.
La migración determina el volumen de las remesas
Otro elemento destacado por el estudio es la relación entre la presencia de familiares migrantes y el monto de dinero recibido.
Durante 2024, el promedio mensual de remesas por hogar receptor fue de 191 dólares. No obstante, las familias que reportaban integrantes migrantes recibían un promedio de 235.69 dólares mensuales, mientras que aquellas sin migrantes registraban 153.47 dólares.
La diferencia confirma que los vínculos familiares en el exterior continúan siendo determinantes para el flujo de recursos hacia El Salvador.
El comportamiento también se observa en los distintos niveles de ingresos. En el decil 1, los hogares sin familiares migrantes recibían un promedio de 16.67 dólares mensuales, mientras que aquellos con migrantes alcanzaban los 50 dólares.
En el decil 9, la diferencia era todavía más considerable: 335 dólares para los hogares sin migrantes y 450 dólares para los que reportaban familiares en el exterior.
El informe explica que, generalmente, quienes emigran comienzan a enviar ayuda económica a sus familiares una vez que consiguen estabilidad en el país de destino. Sin embargo, cuando los vínculos migratorios se transforman o los familiares que permanecen en El Salvador se trasladan al extranjero, los envíos pueden disminuir.
Un pilar económico con desafíos estructurales
Las remesas se han consolidado como uno de los principales componentes de la economía salvadoreña. En las últimas décadas, el volumen de estos recursos experimentó un crecimiento considerable, hasta superar los 8,000 millones de dólares anuales en 2024.
Su importancia no se limita al ingreso de divisas. También tiene efectos directos en el comercio, la actividad económica, la alimentación, la educación, la vivienda y la capacidad de consumo de miles de familias.
Sin embargo, los resultados de la investigación del BCR también plantean interrogantes sobre la vulnerabilidad económica de los hogares que dependen en mayor medida de estos recursos.
La concentración de la dependencia en familias de menores ingresos, hogares encabezados por mujeres y adultos mayores demuestra que las remesas funcionan como una red de protección económica para sectores que, en muchos casos, tienen menores oportunidades de generar ingresos suficientes dentro del país.
El desafío para El Salvador consiste en aprovechar el aporte de la diáspora y, al mismo tiempo, fortalecer las oportunidades de empleo, mejorar los ingresos laborales y ampliar las condiciones para que las familias puedan desarrollar una economía más independiente.
Las remesas seguirán siendo un soporte importante para el país, pero los datos muestran que detrás de cada dólar enviado desde el extranjero existe también una realidad social: miles de hogares salvadoreños encuentran en sus familiares migrantes una fuente indispensable de estabilidad y subsistencia.


