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sábado, 23 de octubre del 2021

Reelección: protección penal o “modus vivendi”

Las recientes elecciones primarias de todos los partidos políticos evidenciaron -como siempre- anomalías: -denuncias de fraude, favoritismo, tráfico de influencias, insultos, protestas, reclamo contra inscripciones; en fin, muestras de descontento propio de tales competencias y que, al final, no pasa nada.

Más allá de los procesos y sus incidencias, algo que no sorprende, pero si indigna a la gran mayoría de la población, es ver como entre los reelegidos hay rostros y voces inaceptables, por alguna acciones antipopulares durante el actual ejercicio, aparte de tirar por la borda la demagógica promesa “hoy sí, vamos con renovación del partido” (¿?), con los mismos de ayer, hoy y mañana. ¡Diocuarde!

Más de lo mismo -con las apreciadas por mínimas excepciones- es lo que ha percibido el pueblo. Desfilan en la reelección, algunos diputados a quienes urge garantizar su “modus vivendi”; de lo contrario, perderían sus vidas ostentosas y de privilegios de hoy.

También, la reelección sería nicho protector para los cuestionados penalmente, buscando refugio en el Parlacen, seguros de que no les pasará nada en una entidad Regional, que no debiera ser albergue y estímulo a su impunidad. Y en esto, juegan triste papel los dirigentes de sus partidos políticos, puesto que al postularlos -sabiendo de su cuestionamiento penal- se burlan de la dignidad e inteligencia de los salvadoreños. Caso emblemático por reprochable es el de Norman Quijano.

Pasada la primera etapa de elecciones internas, vendrá la campaña electoral para las generales, que definirán a los futuros diputados y alcaldes 2021-2026, de cada partido. Y se verá a los candidatos recorriendo pueblos y cantones, con valiosos obsequios: llaveros, vasos, escobas, delantales y unas cuantas láminas, como escarnio desde las grandes residencias y casas de playa, hacia la pobreza de la gente más humilde. Y el abrazo hipócrita al noble anciano/a, al obrero/a o al campesino/a, con mal disimulado disgusto por su apariencia humilde, pero con guantes para protegerse de las manos callosas, el sudor y la arrugada piel. Y, hasta dentro de tres años…

¿Y la oportunidad para los jóvenes militantes? Eso todavía no; es un decir para mientras pasan las elecciones. Solamente para que voten, pues la que elige es la cúpula -a los suyos- los demás votan y todo bien. “Nuestras elecciones son las más democráticas y exitosas del país” (¿?) Como ejemplo Arena: designan a 84 candidatos, para que los militantes voten por los 84 cautivos. Pero, no solo ahí. Con  ligeras variantes, ocurre en todos los partidos tradicionales.

Elegidos o reelegidos, siempre serán diputados, con todos sus deberes y sus derechos, no importa si corrieron tras el cargo para protegerse con el fuero de una posible acción penal o por el ansiado “modus vivendi”. Cuestión de conciencia del candidato y reflexión para el pueblo, a futuro.

Además de honestidad y coherencia, el cargo de diputado exige decencia. Cosa poco vista en este período y anteriores; de ahí, el rechazo de un pueblo que ya ha despertado.

 En el próximo período, los debates deberán ser, como siempre, necesarios pero de altura, en el marco del sistema parlamentario. Eso es parlamentarismo. Sería penoso que volvieran: la verborrea prepotente y los discursos estridentes -más de bulla que de contenido y a veces hasta con frases ridículas- de los “únicos” voceros partidarios autorizados; o el acoso y mal trato de diputados contra mujeres diputadas, como en los casos de Milena Mayorga, Felicia Cristales y otras…

También, sería de mal gusto propuestas incoherentes -y a todas luces antojadizas y revanchistas- como la interpelación al Ministro de la Defensa Nacional, Merino Monroy, planteada por el diputado Rodolfo Parker del PDC, cuando este es señalado de manipular información en el juicio por el crimen de lesa humanidad contra los jesuitas -realizándose en España-, aparte de su desprecio al pueblo al criticar acremente las medidas contra la pandemia.

Pesaría mucho también la reiterada incoherencia de los diputados de oposición, cuando hasta con lenguaje violento exigen del Gobierno: -rendición de cuentas -transparencia, -honradez, -trabajo real y –falta de cercanía con el pueblo… categorías estas, que ellos han sido y son incapaces de realizar…  

El pueblo demanda decencia, coherencia y eficiencia a los diputados, por el bien común, la paz y la justicia.

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