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martes, 19 de octubre del 2021

¿Quién revoluciona a los revolucionarios?

No es ninguna novedad decir que el FMLN ha perdido toda conexión con la realidad salvadoreña. El estupor de las dos victorias electorales que los mantuvieron en el poder desde 2009 les nubló la mente. Empezaron a exigir aplausos por cada firma estampada y a demandar confianza por cada frase dicha. Y ahora que es momento para que sus lí­deres reaccionen, parece que no se han dado cuenta que hace tiempo les desconectaron el micrófono, mientras seguí­an cantando la misma canción.

La reconstrucción de su identidad como partido polí­tico (así­ dicho) de izquierda deberí­a ser un proceso encabezado por una comitiva de “abogados del Diablo” que con ojo crí­tico identifiquen los errores de los actuales lí­deres y encaminen acciones para enmendarlos y prevenirlos a la siguiente directiva.

Sin embargo, la reacción tras la derrota electoral parece ser la opuesta: enfrascarse en la ortodoxia de un discurso opositor estéril y desconectado del sentir de la población.

¿Con qué solvencia exigen “fidelidad” a sus bases si ellos mismos han sido incapaces de sostener en acciones su propio discurso?

Las voces heterodoxas deben ser escuchadas y fomentadas. ¿Cómo pretenden ser estandartes del cambio y el progresismo si ellos mismos han sido incapaces de fomentar esos principios al interior del partido?

La crí­tica interna, la asunción de los errores y el relevo generacional y de principios ha sido siempre el camino que no quisieron ver. Y en este caso, la ideologí­a no fue el problema, sino ignorar deliberadamente las señales que en su momento debieron encender las alarmas de la cúpula, asumiendo que todos los que no estén de acuerdo con ellos buscan desacreditarlos y atacarlos.

Deben aceptar que los grandes hitos de la lucha ideológica perdieron su significado para esta nueva generación de salvadoreños. Las etiquetas de “derechista” o “izquierdista” carecen de valor, quizá porque tras verlos gobernar, no hubo muchas diferencias.

La limpieza de nombres en el FMLN no debí­a hacerse en su padrón de militantes, donde más de 1,700 miembros fueron purgados por “traicionar” al partido dando su firma para la inscripción de Nuevas Ideas.

La cacerí­a de nombres debí­a hacerse en la cúpula y todos sus grupos de poder, en las listas de diputados que buscan reelección, en los ministerios que contratan a familiares de funcionarios deliberadamente, en las listas de lí­deres y representantes involucrados en casos de corrupción. Allí­ están los culpables de su debacle. Ahí­ están los que se deben ir.

Aun así­, el FMLN sigue tratando de pescar en rí­o y con machete… y con cada machetazo termina por cortarse más los pies.

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