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domingo, 24 de octubre del 2021

¿Qué hacer?

Ante la restauración oligárquica fascista

La restauración oligárquica se abrió camino. No pudo hacerlo mediante un simulacro de “moderación” izquierdoderechista porque los republicanos pudieron más que los demócratas en la lucha por el control del Triángulo Norte de Centroamérica, así­ que las facciones oligárquicas en pugna (dionisistas y arzuistas) se unieron y eligieron el camino polí­tico del fascismo (al estilo de Bolsonaro) para que el Plan para la Prosperidad ―es decir, más mineras, más hidroeléctricas, más palma africana y más militarización de fronteras para atajar migrantes― se entronice aquí­ como forma de “desarrollo económico”. En otras palabras, el mismo sistema oligárquico fracasado (porque expulsa a su fuerza de trabajo hacia Estados Unidos) se impone, no con rostro “democrático” ni “moderado”, como era el plan inicial, sino con el de un “Duce” tropical con un garrote militar en la mano, el cual blande como “método” de ejercer la “democracia”, la “justicia” y el “bien” en nombre de la trí­ada sagrada: “Dios, patria y libertad”. El paí­s vuelve a ser finca con todas las de la ley.

Aquí­ no vale lamentarse porque no quedó de dos males el mejor sino el peor. Aquí­ lo que vale es ya dejar de lado todo tipo de hipócrita “moderación” (de izquierda o de derecha), toda forma de “lucha popular” financiada por el capital especulativo y armamentista de Soros y otras agencias al servicio del neoliberalismo, y todo simulacro de “progresismo” esgrimido en nombre de que “los tiempos han cambiado” y de que “no hay que quedarse en el pasado”. Sobre todo, porque el regreso al pasado lo instaura la derecha oligárquica con su restauración sistémica y con su evidente hegemoní­a ideológica medieval de amos y siervos, buenos y malos, fuertes y débiles, salvos y condenados.

Aquí­ lo que necesitamos hacer es reeducar al pueblo ignaro que vota por sus verdugos, pero no con el estúpido sistema educativo vigente, sino con la educación popular en formación polí­tica de clase, creando un estamento amplio de cuadros formados en economí­a polí­tica, en teorí­a del poder, en cómo funciona la lucha de clases y en la necesidad del sacrificio para que la gesta popular tenga un sentido popular. Lo cual quiere decir dejar atrás la mentalidad de necesitar financiamientos externos para reivindicar intereses del pueblo como tierra, territorio, trabajo, salarios, prestaciones, igualdad de oportunidades, justicia social y Estado plurinacional.

Para ello hay que botar la máscara de la “moderación” y el oenegismo progre, porque son cómplices de la restauración oligárquica, y organizarse con el instrumento polí­tico del pueblo sin pretender decirle lo que tiene que hacer. Sólo así­ podremos remontar la restauración oligárquica que, en modalidad fascista (y ya no “moderada”), pesará sobre nosotros desde el 2020.

www.mariorobertomorales.info

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