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domingo, 05 de diciembre del 2021

¿Qué hacer con tanto poder?

Los resultados fueron los previstos: NI arrasó en las elecciones legislativas y municipales, de manera tan contundente como nunca la historia electoral lo había registrado.

¿Qué hará ahora? ¿Algo trascendental o –al igual que gobiernos precedentes- no habrá un cambio fundamental? ¿Solo impulsará obras individuales, o hará una transformación de fondo?

Para beneficio del país, esperemos que propicie un giro que lo cambie desde sus cimientos. El electorado le ha dado un respaldo que se lo permite. Veremos cómo decide pasar a la historia.

Nuestra población ha sufrido desde sus orígenes, y merece un cambio de timón. Algunos creen que en su época independiente ese sufrimiento inició con la matanza de 1932, pero las causas de ésta datan desde 1881 y 1882, cuando para implantar el café en tierras apropiadas al cultivo la elite eliminó las tierras ejidales y de las comunidades indígenas, que desde entonces se alzaron hasta llegar a su clímax en 1932, respondiéndoles el gobierno de la época con la masacre que ARENA ensalza al iniciar sus campañas electorales en Izalco, foco de esos hechos. Los gobiernos areneros estuvieron marcados por múltiples actos de corrupción y por el desmantelamiento de los bienes públicos, incluyendo los servicios de salud y educación.

El FMLN dirigió al ejecutivo dos veces con el voto popular, que esperaba se  diferenciaría de los regímenes previos. La cúpula partidaria apartó a corrientes que lo conformaron durante la guerra, así como a quienes contribuyeron desde el FDR. En vez de transformar al país, sus gobiernos no concretaron una mejora significativa en las condiciones de vida de la población, ni tampoco sus equipos gobernantes se diferenciaron éticamente de sus predecesores.

Todos sabemos que el Estado trasciende al gobierno. Ni el actual partido triunfador ni los derrotados pueden abstraerse de ello. Los partidos mayoritarios deben razonar cómo ofrecer desde su respectivo rol hechos concretos y no “espejitos” a la población.

Si bien los Acuerdos de 1992 lograron –entre otros resultados- la separación de poderes, la despolitización del ejército y la alternancia en el poder, ésta última no hizo disminuir significativamente la pobreza, ni las desigualdades ni la falta de oportunidades, mucho menos la injusticia social. Si ésta no se soluciona seguirá el inconformismo y la emigración monumental, que con sus remesas mantiene girando a la economía nacional.

Si no hay entendimientos el país seguirá dando traspiés. Para lograr el giro histórico que lo transforme desde sus cimientos se requiere establecer consensos, donde participen todos los verdaderos actores para buscar una agenda para el desarrollo.

En 2007 se trajo a David Lovegrove, uno de los estrategas que –gracias a consensos- transformaron a Irlanda, un país donde literalmente la disensión se discutía con bombas, con una economía basada en la agricultura y destruida por la crisis, desempleo masivo e inflación estratosférica, con emigración de población y capitales. Por medio de consensos lograron convertirlo en un país próspero, de inmigración, con desarrollo socioeconómico e innovación tecnológica, que capta inversiones; donde los sectores empresarial y sindical se alternan cada cinco años en dirigir al Forfas, el ente que por consensos dirige la planificación del país, por lo que cualquier gobierno electo administra la inmediatez dentro de las metas fijadas entre todos para el mediano y largo plazo.

Transformar el desarrollo de un país no es tarea solo del gobierno. En Irlanda los actores sacrificaron mucho en los acuerdos de 1987, pero al transformar al país todos recibieron beneficios significativos.

Un cambio fundacional requiere de la contribución de todos, y el éxito continuado requiere de incesantes acuerdos y pactos sociales que evolucionen con el tiempo.

El Salvador necesita lograr consensos, utilizando el crecimiento político que ha logrado. Se requiere enfrentar al futuro con un pensamiento que beneficie a toda la población, con la contribución de todos los actores. Solo así el país será de todos.

Pero convocar a todos los actores requiere de un liderazgo reconocido por la generalidad. NI acaba de alcanzarlo en las urnas. Tiene el respaldo popular para emprender una tarea de esa envergadura. Ojalá no sea otra oportunidad fallida en la historia del país.

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