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jueves, 4 junio 2026
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Que bonita vecindad

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"A Chespirito hoy se le atribuyan todos los males, como fomentar el buleo, romantizar la pobreza, las relaciones prohibidas": Gabriel Otero.

Con Chespirito me brotan sentimientos contradictorios. Recuerdo mi niñez espléndida de cuando vi a “Los supergenios de la mesa cuadrada” en la primera televisión a colores que tuvimos y que ocupaba el lugar privilegiado en la sala de estar de la casa familiar: una Sony Trinitron de 24 pulgadas, todo un armatoste maravilloso que invitaba a internarse a otros mundos, y que hoy es pieza respetable de museo.

Algún encanto debía tener la “caja idiota” para mantener entretenidos a millones de ingenuos y que México fuese una potencia televisiva, cuya influencia se esparció por América Latina, luego Europa y después el resto del mundo, porque solo así puede explicarse la enorme popularidad del Chapulín Colorado, el doctor Chapatín, el Chavo del 8, el señor Barriga, Quico, la Chilindrina, don Ramón, doña Florinda, el profesor Girafales, doña Clotilde y Ñoño. Después se incorporaron a la bonita vecindad otros personajes que no fueron tan trascendentes como la Popis, Jaimito El Cartero, y Godínez.

Los chistes de los personajes de la vecindad, además de pueriles, tenían una gracia dudosa, las risas ahora son muecas, las sonrisas de hace cincuenta años hoy se transformaron en un rictus amargo a causa de un mal envejecimiento, producto de un humor en extremo elemental salpicados de Capulina, de hecho, Roberto Gómez Bolaños fue el guionista de este personaje de Gaspar Henaine. Aunque sería inútil negar que de niño me divertían.

El estreñimiento mental y un revisionismo chabacano, tan de moda en la actualidad, hacen que a Chespirito hoy se le atribuyan todos los males, como fomentar el buleo, romantizar la pobreza, las relaciones prohibidas y el adoctrinamiento y la falta de sensibilidad política “como soldados del PRI”(1) y del sistema, desde que Gustavo Díaz Ordaz fue presidente, pasando por Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado hasta llegar a Carlos Salinas de Gortari, toda una galería institucionalizada de la gandallez y el autoritarismo que es añorada por algunos, viejos y llorones, invadidos por la nostalgia.

Las reacciones son ocasionadas por el estreno de la serie “Sin querer queriendo” en la que se relata la vida de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” y que se está transmitiendo vía streaming en la plataforma HBO MAX con un capítulo nuevo cada semana para mantener un suspenso de telenovela.  La serie fue creada por Roberto Gómez Fernández, hijo de Roberto Gómez Bolaños.  

Y en estas épocas del poliamor, de la libertad de compromisos, y del democrático reparto del papiloma y a medida que avanza la serie, la que más ha resultado dañada es Florinda Meza (doña Florinda) que fue pareja sentimental de Roberto Gómez Bolaños, cuyo personaje destaca por arrogante, caprichosa, impertinente y roba maridos.

Ver el programa fue un estímulo para la memoria personal, no tanto por la mediana calidad de lo visto, sino por lo vivido: en las giras internacionales de Chespirito y su troupe visitaron dos veces El Salvador, en una se presentaron en el antiguo Poliedro, un centro de espectáculos cerca de Lourdes, a unos kilómetros de San Salvador; y en la otra, en el Gimnasio Nacional José Adolfo Pineda. Con un par de años de diferencia, asistí a las dos funciones y me reí como enano de los gags y persecuciones del Chapulín Colorado después de haber ingerido chiquitolina. Además, llené el álbum de los personajes de Chespirito y me compraron el chipote chillón y las antenitas de vinil. Por eso, dicen que la niñez es diáfana.

La última vivencia fue el haberme encontrado a Edgar Vivar (el señor Barriga y Ñoño) y a Rubén Aguirre (el profesor Girafales) desayunando chilaquiles en el aeropuerto de Tapachula, en esos años yo era un joven universitario que no veía televisión y que había olvidado los malos chistes de Chespirito.

Lo que si busqué después con ahínco fueron vecindades, esos lugares de convivencia y hacinamiento popular que recuerdan al México que se fue y que ya no volverá.

Y sería un error negar que Roberto Gómez Bolaños caricaturizó a sus personajes tomando como base el retrato antropológico de una típica vecindad, ese que en la actualidad cualquier chilango contemporáneo reniega identificarse.

Tienen razón.

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(1) Infobae. (2021, 29 julio). El día que El Tigre Azcárraga se destapó como “soldado del PRI”. Infobae. https://www.infobae.com/america/entretenimiento/2021/07/29/el-dia-que-el-tigre-azcarraga-se-destapo-como-soldado-del-pri/

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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