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lunes, 26 de julio del 2021

Otra polí­tica es posible: desde abajo y desde adentro

Asistimos a la larga noche de la historia, a una guerra contra la vida. Las posibilidades de seguir reproduciendo la vida material se agotan, pero también el imperio de muerte se está encargando de matar nuestra vitalidad espiritual, es decir, nuestra capacidad creadora para creer que se pueden construir otros mundos, maneras y modos de relacionarnos y de vivir.

En la pelí­cula Matrix hay un diálogo al inicio en el cual Neo, el protagonista, debe elegir entre dos pastillas, es decir, entre seguir engañado o buscar la verdad de lo real, ¿qué es lo real? quizás lo más real es el dolor, nuestra historia arrastra un dolor estructural que urge ser sanado y reparado. Por lo que habrí­a que preguntarnos si las instituciones sociales o sirven a la vida o deberí­an desaparecer, crearse otras. Ya sean formas de organización social económica, polí­tica, cultural… que dejen de fundarse en la violencia hacia el otro y pongan en el centro el cuidado de la vida.

El poder ha configurado una sociedad normalizada, se ha instalado en nuestras cabezas que la realidad no puede ser de otra manera. Nos han convencido que ya no hay nada que hacer. Pero donde hay poder siempre habrá resistencias,  ahí­ donde se pone todo en cuestión, en interrogante, donde se politiza la realidad de la vida cotidiana, cuando asumimos que “lo personal es polí­tico”. Las búsquedas de sentido y de alternativas no son fáciles, ni únicas,  ni tienen un sólo camino. Pero necesariamente tienen que partir de un suelo firme, es decir, desde la base misma de la sociedad, es ahí­ donde verdaderamente se tejen otras realidades, donde caminan resistencias, desde abajo y desde adentro. 

El capitalismo se sostiene por una totalidad estructural, por un sistema de relaciones de poder (formas de organización económicas, jurí­dicas y culturales) que lo hacen posible y reproducen, que superan lo meramente polí­tico, y mucho más lo electoral. Para cambiar la realidad hay que cambiar esa totalidad estructural de relaciones de poder, pero esas contrahegemoní­as deben cocerse desde las micropolí­ticas de lo cotidiano, de lo personal, cambiando el miedo que paraliza por la inventiva colectiva y organizada para autogobernarse, generando poder que crea y no que niega, siendo concientes que para ser libres ninguna otra voluntad “de arriba” debe decidir sobre nuestras vidas.  Por lo que, hay que generar una disputa de la hegemoní­a económica, polí­tica y cultural (la macropolí­tica), pero también desde nuestras relaciones cotidianas ( la micropolí­tica).

Crisis civilizatoria/ crisis de ecodependencia e interdependencia

La racionalidad de la modernidad capitalista nos ha conducido a la actual crisis civilizatoria, es decir, una crisis de las relaciones de ecodependencia e interdependencia. La primera generada por una organización social dependiente de la energí­a fósil (“la sangre del capitalismo”) y de energí­as no renovables, esta forma de organización nos están llevando a los lí­mites y extinción del planeta.  La disputa por el control de los recursos naturales por parte de los poderosos,  está provocando fuertes conflictos ambientales, desplazamientos de comunidades, migración, y muertes.

Deberí­amos estar preocupadas/os por generar alternativas a la energí­a fósil, debatiendo como deberí­amos de organizarnos socialmente para vivir con menos uso de energí­as. Eso requiere apuestas y discusiones por ejemplo, cómo planificar un urbanismo menos dependiente de la energí­a fósil, apostarle a una agricultura ecológica y potenciar la soberaní­a alimentaria de los pueblos, el comercio local y solidario, la apuesta por un transporte colectivo alternativo, el uso de la bicicleta, etc.

La ecofeminista Yayo Herrero [1] señala que la acumulación por desposesión no solo se está manifestando en la crisis ecológica, sino también en una deuda de cuidados. Es decir, en la actual configuración laboral capitalista, exige menos disponibilidad de tiempo para cuidar. Únicamente quienes tienen privilegios pueden asegurar pagar más cuidados, además desde la división internacional del trabajo se transfiere trabajos de cuidados de las mujeres pobres del sur global al  norte global. El modelo de vida urbana, las relaciones patriarcales entre hombres y mujeres, está dificultando la satisfacción de las necesidades de cuidados, creando un ‘lumpenproletariado´ femenino.

Además,  la creciente precarización de la vida generada por la globalización neoliberal está generando masivos procesos migratorios globales. La influencia que los fundamentalismos religiosos están ganando en los Estados está dando auge a una nueva ola de extremas derechas y de odio al diferente, al otro. Sobre todo odio al migrante, a la comunidad LGBTI, al cuerpo de las mujeres.

En ese sentido señala Segales que este escenario ” reconfigura también la dicotomí­a izquierda-derecha, situando a la polí­tica en la necesaria tematización de proyectos nacionales post-occidentales.” [2] Es decir, la pregunta es cómo generar proyectos de vida colectiva para el 99% sobrante del poder financiero global, proyectos que frenen la lógica suicida del capitalismo.

¿Son posibles  los encuentros entre la macropolí­tica estatal y las micropolí­ticas emancipadoras?

Como ya lo he manifestado en varias ocasiones, creo que los pilares que sostienen un cambio verdadero de la realidad por una diferente es la que se construye en el seno de la sociedad,  que se construyen desde el margen, desde las orillas, desde el corazón sufriente y rebelde de los más pobres y desfavorecidos, desde la organización del dolor y la rabia, desde la construcción de relaciones populares de poder, desde la organización barrial, asamblearia, colectiva, desde abajo y desde  adentro.  

En un segundo lugar queda para mí­ la lucha desde arriba “por hacerse del Estado”, si bien puede ser útil y hasta emancipatorio si obedece al poder popular, al mandar obedeciendo, sólo contribuye a mitigar el avance del imperio de muerte, muy importante si, pero no crea nuevas maneras de relaciones sociales y humanas, económicas, polí­ticas, culturales. Si no hay lo primero lo segundo se cae, así­ ha sido. La pregunta es cómo las luchas desde arriba, por hacerse del Estado, confluyen con la lucha por la construcción de poder desde abajo, para fortalecerlo y no para debilitarlo. Es necesario generar poder popular desde lo local a lo global, como lo hace la Ví­a Campesina, o el movimiento feminista internacional Ni Una Menos, o el movimiento por el comercio justo, por mencionar unos ejemplos.

Frente al desencanto, la alegre rebeldí­a organizada

Existen alternativas. Por ejemplo desde lo económico pasa por como sociedad debatamos sobre qué producciones necesitamos, qué trabajos necesitamos, y eso pasa por definir cuáles son nuestras necesidades principales, y no confundirlas con satisfactores o deseos ilimitados. Necesitamos una reorganización del trabajo que ponga en el centro el cuidado de la vida.

Necesitamos de procesos de pedagogí­as populares en las comunidades, en las calles, en las plazas. Necesitamos de los conocimientos campesinos para enfrentar la crisis ecológica, una reorganización del trabajo de cuidados, que los hombres cuiden más. Necesitamos generar procesos de sanación colectiva, de fortalecimiento de ví­nculos, de cuidado de lo común, de dedicar tiempo al goce y al juego, como principio ético y polí­tico.  Así­ enfrentamos la guerra contra la vida.

Frente al miedo la alegre rebeldí­a, la organización. Yo creo que la palanca del capitalismo puede ser detenida, pero requerirá de los lazos de solidaridad colectiva, de fortalecer la organización popular, de las luchas de la vida cotidiana, politizando lo personal, de nuestra inventiva creativa, y nuestras mejores energí­as humanas que sepamos generar.

Los poderosos nos quieren tristes, enojados, desmovilizados, sin esperanza, peleándonos pobres contra pobres, en guerra, ante esto debemos responder con la alegre rebeldí­a, con la afirmación de la vida. Otra realidad es posible, pero las esperanzas hay que buscarlas en otra parte, no desde arriba, sino desde la polí­tica que se construye desde abajo y desde adentro de la sociedad y desde el corazón humano mismo.

“Vengo de una tierra a la que le sobra corazón y voluntad” [3]

Notas:

[1] Herrero, Yayo. “El reto de reorganizar la vida en común”, 2 de octubre de 2018. En: https://temas.publico.es/precarios-del-mundo/2018/10/02/el-reto-de-reorganizar-la-vida-en-comun/?doing_wp_cron=1548981348.1290500164031982421875

[2] Bautista Segales, Rafael. “¿Golpe en venezuela o definición del cisma geopolí­tico global?”, 26 de enero de 2019. En: https://publicar.argentina.indymedia.org/?p=1433&fbclid=IwAR3JdIrzle15Vmr0XxSE_pRYu93A6BbucTOacmPNppBbavaUzX8spOnnX9s

[3] Marta Goméz, Canción: Confesión. En: https://www.youtube.com/watch?v=aavxgUxDD4Y

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