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domingo, 25 de julio del 2021

No hay otra

Y perdón por lo esquemático

Van a perdonar lo esquemático, pero con la rebaja a 2,800 caracteres (con espacios) que este diario nos aplicó a algunos columnistas, es difí­cil desarrollar ideas. Así­ las cosas, en el mundo occidental, dos oligarquí­as globales pugnan por imponer su modalidad de capitalismo. Los neoliberales globalistas-financieristas con Soros en la vanguardia de las “progresí­as”, pelean contra los neoliberales nacionalistas-productivistas con (el también innombrable) Trump a la cabeza del “antiprogresismo”. El progresismo neoliberal les monta a los productivistas —así­ llamados porque buscan desglobalizar el sistema desmantelando el eje financiero-especulativo que lo rige (y que llevó a la aún vigente crisis del 2008) para sustituirlo con productividades fí­sicas nacionales para el desarrollo “hacia adentro” de cada paí­s— simulacros de “luchas de masas” en forma de “revoluciones de colores” (con sus respectivos golpes de Estado blandos), ideologí­as etnocentristas y “de género”, “caravanas de migrantes” y todo orden de idearios y “movimientos populares” oenegistas, financiados por agencias internacionales de capital especulativo. Todo, para preservar el globalismo neoliberal financierista, en contra del nacionalismo neoliberal productivista. Este último empata con los intereses de producción fí­sica en que se basa la expansión de China y Rusia, quienes proponen a EEUU asociarse con ellos en la Franja y la Ruta de la Seda, un proyecto de globalización no basado en el capitalismo especulativo, sino en la productividad material y en su apropiación y distribución nacionales. Dependerá del orden polí­tico de cada paí­s decidir si ingresa y cómo en este proyecto planetario, o si no lo hace y se alinea con el capital especulativo. El sebo contra la manteca.

Esta pugna global se expresa de distintas maneras en cada paí­s. En Guatemala adoptó la forma de la pugna entre dos facciones de la misma oligarquí­a: los dionisistas y los arzuistas (ya definidos por mí­ antes). Los primeros están con la polí­tica de Soros y los segundos con la de Trump. De modo que para las elecciones del 2019, los partidos “de izquierda” son cartas del dionisismo y los de derecha lo son del arzuismo. Es la derecha contra la derecha. Como en el plano global. El dionisismo es progresí­a neoliberal y el arzuismo es conservadurismo neoliberal. Cáncer contra sida. Así­ se explican puestas en escena como la “lucha contra la corrupción”, “la plaza” y la “nueva polí­tica”, por un lado, y el despeñamiento de la tripleta Cicig-Iván-Thelma y el triunfalismo de Jimmy, por el otro.

En este absurdo cuadro, la única nueva polí­tica local la representa CODECA-MLP con su propuesta plurinacional-popular-interclasista del Buen Vivir (posneoliberal) por y para todos. No hay otra. Y perdón por lo esquemático.

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www.mariorobertomorales.info
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