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domingo, 17 de octubre del 2021

Ni Ni: ni primer Órgano, ni padres de la Patria

Con mucha frecuencia se escucha decir a funcionarios, diputados y periodistas, que la Asamblea Legislativa es el “primer órgano del Estado”; y, de igual manera, legitiman el calificativo de “padres de la Patria” a los diputados. Ninguna cosa ni la otra; y hacer tales aseveraciones siempre será un error, aunque -por ignorancia o malicia o ambas juntas- se insista en repetirlas.

 El calificativo Primer Poder (Órgano) del Estado, que se adjudica a la Asamblea Legislativa de El Salvador, es erróneo e impropio. Cuando el filósofo francés Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, en su obra “El espíritu de la leyes” (De l’esprit des loix1748), planteó la división de poderes y promovió el Sistema Democrático, no dio prioridad a ninguno de los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial; los definió como poderes constitutivos del Estado, con interdependencia total.

La denominación “primer poder del Estado” a la Asamblea Legislativa, casi convertida en carta de ciudadanía, fue una ligereza verbal de un periodista, cuyo nombre no viene al caso. Por eso, cuando algunos diputados, más por malicia que por ignorancia, se ufanan de ser el primer poder del Estado, incurren en otro de los tantos errores en la expresión, de los que a diario cometen.

De igual manera, otro calificativo erróneo y mucho más que impropio, es llamar “padres de la Patria” a los diputados. Otra ligereza en la expresión de un periodista que, desgraciadamente, ha sido acuñada y se repite a diario, siendo como es: un error y, además, una afrenta a la amada Patria y a la dignidad e inteligencia del pueblo salvadoreño, merecedor de un mejor trato de quienes dicen ser sus representantes. 

En cuanto a los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, como órganos constitutivos del Estado, no deben concentrarse en las mismas manos. Es la teoría de contrapesos, donde cada poder u órgano contrarresta y equilibra a los otros. Según Montesquieu, esos poderes intermedios se equilibran entre sí. Se trata de una idea de equilibrio, donde los organismos se atraen sin perder su identidad.

Ahora, borrar esos calificativos de “Primer poder del Estado” y de “Padres de la Patria” a los integrantes de la Asamblea Legislativa, será difícil; sobre todo, cuando son expresados -más por malicia que por ignorancia- por los mismos diputados, creyendo impresionar al pueblo con tales afirmaciones,  aun cuando no ignoran la antipatía y hasta rechazo que -por su mal desempeño- recibe la Asamblea Legislativa como un todo, convirtiéndola, además, en el organismo oficial con menos credibilidad y confianza.

Esta es la aseveración colectiva de un pueblo indignado por la demagogia, la mentira y, sobre todo, por las evidentes componendas entre todos los partidos, que -en gran medida- han contribuido a impulsar la corrupción, los abusos de poder, el nepotismo y el despilfarro de grandes cantidades de dinero en plazas de “asesores”  que no debieron ser sino para satisfacer caprichos personales, de familia y de partido. Aunque hay algunos diputados honestos -muy pocos- que intentan desempeñar bien su papel, los negros calificativos contra la Asamblea Legislativa, son para ella como un todo.

Independientemente de si “Primer poder del Estado” y “Padres de la Patria”, la gran tarea que, hoy por hoy, tienen los diputados es intentar su reivindicación, mediante aportes constructivos, que sean capaces de borrar un lamentable pasado reciente y un presente descalificador de sus actuaciones:  – arreglos bajo la mesa, engavetar proyectos de ley de beneficio total para el país (la del Agua, la de Reconciliación…), oponerse a todo por el prurito de “oponerse por oponerse” perjudicando al pueblo, despilfarro en contrataciones inoperantes, abuso en viáticos y donaciones, enriquecimiento ilícito supuestamente encarnado en ex presidentes, directivos y otros… y tantas otras acciones, que les han hecho perder la credibilidad y confianza del pueblo salvadoreño, especialmente de sus tantos seguidores, los que una vez creyeron ciegamente en sus falsas promesas de honestidad y trabajo en beneficio de la población.

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