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lunes, 26 de julio del 2021

Ni extremistas ni moderados

Hacia un instrumento polí­tico unido en el interés nacional-popular.

La negociación para solucionar la pugna intraoligárquica por una tajada de la construcción de la infraestructura y otros lucros del Plan para la Prosperidad continúa, ahora con el antejuicio a Arzú y con la no menos sorpresiva enmienda de renuncia de los tres ministros rebeldes de Jimmy. Lo primero es un golpe a la facción criolla, terrateniente y fascista de la oligarquí­a por parte del ala modernizadora, corporativa y diversificada, que es la que pagó impuestos evadidos a fin de aliarse a la CICIG y al plan geopolí­tico de restauración oligárquica, para cuya administración estatal ha sido ungida la oportunista coalición de la izquierda rosada (progre y biempensante) y la derecha lila (biempensante y progre). Y lo otro es un gesto conciliador de la geopolí­tica a la derecha ultramontana para que se ponga al dí­a.

Ante las posturas radicales (radical = ir a la raí­z de los problemas) de ciertas organizaciones populares, la coalición rosa-lila asumió la bandera de la “moderación” y el “diálogo” ―inventando “extremismos” de derecha e izquierda― a fin de impulsar la agenda geopolí­tica de cambios leves para que todo siga igual, y que el Triángulo Norte se blinde contra los BRICS y su propuesta de globalización con desarrollo equitativo.

La facción fascista de la oligarquí­a quedó fuera del Plan para la Prosperidad porque no ha sabido diversificarse, modernizarse ni corporativizarse globalmente en sus rubros de acumulación, y se estancó en el capitalismo agrario del siglo XX. Empero, quiere participar de los nuevos negocios oligárquicos. A este grupo pertenece Arzú. Y al otro, Dionisio. Por eso, la selectiva “lucha contra la corrupción” es una retórica asumida por Multinversiones-Fundesa-CICIG y la coalición rosa-lila (socialdemócratas, ex-izquierdistas y neoliberales), tan progre, oenegera y biempensante como oportunista en su sueño de ocupar puestos públicos asignados desde afuera bajo la dudosa enseña centrista de la “izquierda moderada”. ¿La plaza? Bien, gracias. Chiflando en la loma cuando la convocan los netcenters mientras los oligarcas pactan y simulan jugar brusco.

No se trata de revivir la “extrema izquierda”, como dicen los rosa-lilas, sino de asumir una postura autónoma frente a los inevitables planes geopolí­ticos, haciendo valer el interés nacional-popular (no el nacionalismo oligárquico) ante el capital corporativo, renegociando el Plan para la Prosperidad en cuanto a ―por ejemplo― minerí­a, hidroeléctricas, palma y carreteras, gravando estas actividades con porcentajes mayores para el Estado, obligando a consultas comunitarias antes de echar a andar los proyectos y haciendo estudios del impacto ambiental de los mismos. También, ejerciendo la soberaní­a para relacionarnos con EEUU, China y Rusia en un mundo que, por multipolar, nos obliga a diversificar nuestras relaciones internacionales. De esto se trata, no de doblar la cerviz ante el designio geopolí­tico de una restauración oligárquica con fachada progre, en una actitud que ―mutatis mutandis y por su “entreguismo vendepatrias”, como se decí­a en 1954― hace de los rosa-lilas la versión posmoderna del MLN.

Necesitamos crear ya el instrumento polí­tico amplio, convergente, intercultural e interclasista que democratice la economí­a, el Estado y el ejercicio de las culturas, y se constituya en el gran interlocutor plural, unido y alternativo a la oligarquí­a frente a EEUU, Rusia y China. ¡Así­, sí­ vamos a diálogos!

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