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lunes, 29 de noviembre del 2021

Mientras haya VIDAS…

El 16 de octubre de 2019, Víctimas Demandantes anunció su fundación, en memoria a los fallecidos y desaparecidos de la Guerra Civil de El Salvador.

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Hace dos años, víctimas sobrevivientes y familiares de víctimas nos juntamos en el Hospital La Divina Providencia por ser este ‒entre los existentes a lo largo y ancho de El Salvador‒ uno de los sitios martiriales más emblemáticos. Allí se consumó el magnicidio del ahora san Romero de América. Para ello, sus asesinos intelectuales escogieron el altar de la capilla en ese “hospitalito”; pobrecitos, remedos infelices de “patriotas” anticomunistas, no imaginaban que así comenzaría su ascenso a los altares. Junto al jardín interno y la puerta de entrada a la casa, ahora museo, donde habitó sencillamente hasta su martirio nos reunimos el 16 de octubre del 2019 con amigas y amigos de organizaciones sociales, prensa y cuerpo diplomático. Queríamos que supieran que había nacido una nueva agrupación: Víctimas Demandantes (VIDAS). Esta iniciaba entonces una lucha común y creativa por hacer valer los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de quienes la integramos.

¿Por qué escogimos tal fecha para anunciar con esperanza el esfuerzo que habíamos decidido impulsar? Pues porque había que celebrar, precisamente, la vida. 81 años antes nació Rafael Palacios, quien fuera asesinado el 20 de junio de 1978. Hasta ese día dedicó su sacerdocio a denunciar a quienes producían muerte lenta y violenta entre su pueblo; por eso trascendió, para seguir presente entre quienes vemos en él un ejemplo a seguir.

También la elegimos, porque dos días antes habíamos festejado el primer aniversario de la canonización de monseñor Romero; este animó en vida y anima en santidad a su pueblo a “unirse para sobrevivir, para comer, para defender sus derechos”. “La agrupación ‒nos dijo el 20 de agosto de 1978‒ es un derecho cuando los objetivos son justos. Y la Iglesia estará siempre al lado de ese derecho de organización y de esos justos objetivos de las organizaciones”. 

Y finalmente, convocamos para entonces porque cuarenta años atrás ‒el 15 de octubre de 1979‒ se rebeló para bien la llamada “juventud militar” contra el mal Gobierno del general Carlos Humberto Romero, que había profundizado la violación de los derechos humanos de la población y desprestigiado a la Fuerza Armada. Hasta hace poco se conocía este “cuartelazo” como el último golpe de Estado en El Salvador. Pero desde el 9 de febrero del 2020 y el primer día de mayo del año en curso, con lo ocurrido en el Salón Azul de la Asamblea Legislativa en ambas ocasiones, hay quienes aseguran que aquel fue el penúltimo; para mal ‒afirman‒ el último fue el perpetrado en estas fechas por Nayib Bukele, los militares de rodillas ante él y la bancada oficialista a sus pies. Ese es el escenario en el que hoy nos toca bregar y, según parece, seguiremos navegando contra corriente; pero seguiremos.

VIDAS cumplió ya dos años y no es poco lo que ha hecho. Entre casos de víctimas de desaparición forzada y ejecución extrajudicial junto a otras sobrevivientes a su detención ilegal y las torturas sufridas, suman veintitrés el total de denuncias presentadas en sede fiscal. En uno de esos ‒el de tres personas desaparecidas por agentes estatales en 1982‒ la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya emitió su informe de fondo, que aún es confidencial. Además, en solitario o junto a otras organizaciones, promovimos conciertos y foros virtuales; de igual manera, elaboramos y circulamos pronunciamientos dentro y fuera del país. Salvador Armando Durán, nuestro compañero, acaba de conciliar en un tribunal con uno de sus victimarios materiales y vamos por los intelectuales.   

Son dos años durante los cuales hemos batallado por reivindicar nuestra dignidad y la de nuestros familiares, agraviadas antes y durante la guerra; también después de esta, con la impunidad oficial mantenida por todos los presidentes de la república. ¡Incluido el actual! Son dos años de promover la participación de más víctimas exigiendo el respeto de sus derechos y coadyuvar a lograr una verdadera conciliación social; asimismo, se  ha intentado construir ‒sin importar obstáculos ni retrocesos institucionales‒ un Estado democrático de derecho, respetuoso de la dignidad humana individual y colectiva mediante la exigencia efectiva y diligente de la justicia debida, la verdad esclarecida, la reparación integral para las víctimas y las garantías de no repetición de las atrocidades ocurridas en esta tierra todavía ensangrentada y doliente.

Y en este nuestro segundo cumpleaños, reiteramos esos compromisos fundamentales e inclaudicables que nos agrupan y nos animan a avanzar. Porque si derrotamos la impunidad infame, ¡lograremos que el país sane! Y es que, mientras haya VIDAS… ¡habrá esperanzas!

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Benjamín Cuéllar
Salvadoreño, Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto
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