spot_img
spot_img
lunes, 20 de septiembre del 2021

Mandela, Mujica y Bukele

spot_img

Por Marvin Aguilar Umaña

De pequeño mi padre me llevó al cementerio a ver la tumba familiar que había comprado a perpetuidad. Me señaló la lapida de su esposa que yacía solitaria en nuestra parcela. Me dijo: ¿ves lo que dice allí? Asentí que sí. Pues es lo único que te queda de la vida. No entendí. Tenía 10 años. Ahora sé que se refería al nombre, eso es lo único que nos queda para la posteridad, el nombre. El buen o mal nombre.

I

La justicia sobre la fuerza. 27 años pasó Nelson Mandela en la cárcel debido al apartheid. Comenzó a estudiar abogacía en la única universidad de Sudáfrica que admitía negros pero terminó siendo expulsado. En Johannesburgo vive en una enorme zona marginal: Alexandra, conviviendo en extrema pobreza y ayuda mutua. Esto lo llevaría a dejar fuera de sus ideas políticas al comunismo o ideologías blancas y empecinarse en la búsqueda de una local, africana, negra. Hubo que construir una narrativa y discurso político propio. Se escribe fácil, pero no lo sería. Tuvo forzosamente que terminar la abogacía para comenzar a defender sus ideas y su gente.

La represión contra los negros (80% de la población) se incrementa desde 1958 con la llegada al poder de Hendrik Verwoerd, un supremacista blanco que durante su juventud había sido partidario del nazismo. Su partido representaba al 20% de la población. El partido de los negros, CNA, es prohibido. La política se polariza en Sudáfrica comenzando así un movimiento guerrillero. Mandela termina siendo encarcelado y comienza el mito. Para 1976 la represión del apartheid se vuelve más violenta contra los negros, sin partido ni líder, los negros se lanzan a sangre y fuego contra el sistema. Comienza una campaña para exigir la liberación de Nelson Mandela. En 1978 asume Pieter Willen Botha apodado el «gran cocodrilo». Animado por la ultraderecha crea la facción «perros de la guerra» incrementando la represión a niveles que obligan a la comunidad internacional aplicar sanciones económicas y aislar a Sudáfrica.

(En ese contexto en 1979 en San Salvador es secuestrado por las FPL el embajador sudafricano Archibald Garner Dunn y once meses después asesinado. La comunidad internacional muy poco podía hacer por exigir a los guerrilleros salvadoreños la liberación de un diplomático cuyo gobierno tenía las cárceles llenas de presos políticos y una larga historia de violación a los Derechos Humanos de la población negra. Las guerras son injustas y el embajador quedó atrapado en esas marañas de la política internacional mientras que a la guerrilla marxista-leninista salvadoreña tal hazaña le dio muchos simpatizantes en el exterior) 

En 1994 el débil le gana al poderoso. Mandela de 74 años es electo presidente de Sudáfrica. El reto era unificar una sociedad con mucho odio a los mismos de siempre. Sorprendió al mundo, nombró en su gabinete no solo a miembros de su partido sino además a los políticos que lo habían enviado a prisión y proscrito su movimiento. Usó incluso para unir al país al rugby, tradicionalmente blanco Mandela se lo apropiaba como nacional al vestirse con la camisola de la selección nacional en la final de 1995 entre Nueva Zelanda y Sudáfrica. Impuso un estilo político: «hacer lo que nadie se esperaba que hiciera». Creó la Comisión de Verdad y Reconciliación. Por televisión se oyeron y vieron torturas, crímenes que blancos cometieron contra negros. Pero también juzgó y evidenció a los miembros de su partido que cometieron crímenes contra blancos. Evadir la cárcel para los culpables era sencillo: declarar en público su crimen, reconocerlo y pedir perdón a las víctimas. Nelson Mandela le dio al pueblo una nueva Constitución acorde con el espíritu de los tiempos. Esta Carta Magna le permitía reelegirse para un segundo mandato pero él mejor decide retirarse de la vida política en 1999. Fiel a su estilo hizo lo que nadie esperaba. Por eso nunca se le pudo etiquetar de derecha o izquierda.

II

La política necesita gente con corazón grande y bolsillo pequeño. José Mujica en 1962 junto a otros fundan en Uruguay UP, Unidad Popular, de ideología marxista, socialista y anti imperialista. Como era la táctica de las izquierdas en esa época al mismo tiempo pertenecía a los tupamaros, grupo extremista armado que buscaba la revolución comunista. Uruguay es un ejemplo de cómo una izquierda reducida frente a grupos fascistas en complicidad con estructuras del Estado y Estados Unidos tiende a organizarse en grupos de autodefensa que pueden poner en jaque un gobierno. Igualmente nos permite estudiar a lo que puede llevar la incongruencia de instaurar lo político por encima de lo jurídico.

Pepe Mujica estuvo preso por 15 años. Durante sus capturas recibió 9 balazos. Perdió el bazo, se quedó con un pulmón fibroso y una infección crónica en el páncreas. Por los castigos en la cárcel que incluían no darle agua tuvo que aprender a beber sus orines. Después de todo eso llegó a ser presidente del Uruguay y siendo republicano renunció al oropel que de las monarquías heredó la presidencia de la república: la alfombra roja, las escoltas de honor y las caravanas presidenciales. Porque la república es democrática y en estas eligen las mayorías entonces sus representantes deben vivir como sus representados y no como el 3%. Nunca usó corbata.

Desde el anti imperialismo decide cambiar el enfoque de la lucha antidroga impulsada por EE.UU. hacia ya 50 años. Las drogas no es un problema penal sino de salud pública. Entiende que para legalizar la mariguana en su país tenía que reunirse con uno de los grupos hegemónicos del mundo que a su vez controlaban la big pharma: Rothschild-Soros y Rockefeller. Porque eran los que podían instalar en Uruguay la tecnología e industria para que no se confundiera la legalización de cánnabis como la apertura de un balneario de drogadicción mundial. Igual no se ruborizó en reconocer en la Casa Blanca junto a Obama que los latinos tenemos que aprender hablar inglés si o si y los estadounidense español si o si porque estamos obligados a entendernos. Su paso por la cárcel lo des-radicalizó y los sentimientos de venganza desaparecieron y ese fue su estilo político. Entregado junto a su mujer a la lucha político-militar nunca tuvieron tiempo para tener hijos y eso lo sensibilizó frente a las aspiraciones de las nuevas generaciones de las cuales se sienten abuelos. El abuelo alcahuete que les legaliza el aborto y el matrimonio igualitario como una apuesta al cambio cultural como la manera de desmontar el aparato ideológico conservador y vetusto, que es solo para quien sus ojos ideológicos no los dejan verlo, una rémora histórica en nuestros países. Y no se trata que dejó sus viejas ideas marxistas sino que se tuvo que dar cuenta que el socialismo no estaba a la vuelta de la esquina y que aunque lo siga pareciendo el capitalismo no es la salida para resolver los problemas de la humanidad, pero eso si tenemos que aprender (mientras encontramos nuestro camino) a administrarnos en el capitalismo lo que incluye a EE.UU., FMI, BM y BID guste o no. Por eso más que cambios materiales un verdadero político revolucionario buscará con todas sus fuerzas un cambio cultural porque allí estará la verdadera liberación de la persona cuando reconozca en la sociedad, lo colectivo como la salvación. Se retiró de la política para instalarse en el cómodo rol de referente moral del progresismo de la America Latina.

Corolario:

Este texto no pretende colacionar figuras. Pero si entiendo que Nayib Bukele está llamado a ser el mejor presidente de El Salvador en 200 años. Así de grande es el reto que tiene frente a la historia porque de ese tamaño es la esperanza que el pueblo tiene puesta en él. No hay medias tintas ni lugar para estarse equivocando como no la tuvieron Mandela o Mujica. Obligado esta a estar a la altura del momento histórico al que el pueblo salvadoreño lo ha llevado. La política en El Salvador siempre fue vengativa. Y seguir por esa deriva es insistir en tenernos en el país que construyó Maximiliano Hernández Martínez hace 91 años. Si, desde entonces nuestros políticos han renunciado al legado porque no supieron ser estadistas. Más dedicados a odiar al otro, mantenerse en el poder o enriquecerse nunca tienen tiempo para gobernar. Hemos sido debido a ese odio verbigracia la pluralidad de nuestros presidentes el país de la nada para la mayoría, una que no solo es pobre materialmente sino además pobre espiritualmente y a la que tanto izquierda y derecha decepcionaron.

Aunque exista IA y algunas veces como en 2019 nos acerquemos a la primavera y pesar que ahora seamos dirigidos por un millennial El Salvador en 200 años no ha tenido la suerte de que nazca nuestro Nelson Mandela o nuestro Pepe Mujica.

Dos veces vence quien en la victoria se vence a sí mismo.                    

spot_img

También te puede interesar

Marvin Aguilar
Analista político, historiador, colaborador y columnista de ContraPunto
spot_img

Últimas noticias