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martes, 19 de octubre del 2021

Los soberbios tataranietos imperiales

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Por Roberto Herrera

Hace unos días se celebró en la hermosa ciudad española de Sevilla la Convención Nacional del Partido Popular (PP), en la cual participaron a parte de los delegados y lideres del partido, como invitados de honor, el hispano-peruano, Mario Vargas Llosa y el venezolano Leopoldo López; ambos, fieles representantes y apologetas del neoconservadurismo y el neoliberalismo mundial y paladines de la derecha más recalcitrante de América Latina.

Sin embargo, quien se llevó los aplausos y vítores fue el expresidente del Estado Español José María Aznar y actual presidente honorifico del PP. Según informa la prensa, Aznar pretendió mofarse del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a raíz de la petición que hiciera éste al Papa Francisco en octubre 2020, que tanto el Vaticano como la corona española y el Estado mexicano “deben ofrecer una disculpa pública a los pueblos originarios que padecieron de las más oprobiosas atrocidades para saquear sus bienes y tierras y someterlos desde la conquista de 1521 hasta el pasado reciente”.

Por su parte, el mandatario mexicano en el marco de la conmemoración de los 500 años de la conquista española pidió perdón a los pueblos indígenas por las atrocidades que se cometieron durante esos siglos. Este acto de contrición simbólica por parte de AMLO provocó cínica hilaridad en el tristemente célebre, arrogante y soberbio exmandatario español.

De todas las palabras que rimarían con Aznar y que tienen relación con el reino animal, hay tres que me gustan mucho y se trata de rebuznar, graznar y voznar, pero no para conjugarlos en la composición de un poema de amor al estilo de García Lorca, Neruda o utilizarlos con la picardía de Roque Dalton, quien, pensando en sus compatriotas, escribió una bellísima e inmortal oda que él tituló “Poema de Amor”. Tampoco pretendo emular al gran Quevedo, aunque el entuerto que aquí trataré bien ameritaría dedicarle a este hombrecito unos versitos picantes. Más, resistiré a la tentación de transcribir aquí la estrofa de un fantasmagórico verso titulado A un hombrecito de gran nariz y de cerebro liso, pues podría oler a mofa y no es mi intención hacer de esta nota una mofeta literaria.

José María Aznar no es el único sujeto europeo que cree y piensa que la conquista española fue un regalo que le hizo la monarquía española a la América India y a sus vástagos mestizos y criollos. Todavía hay muchos, sobre todo en la clase política-económica dominante española, monárquica y derechista, que piensan que seguimos siendo súbditos de la corona. Estos son los soberbios tataranietos imperiales que, aunque no lleven la “sangre azul real” de Castilla y Aragón en sus venas y arterias, se sienten con el derecho de repetir el deslizado dicto real juancarliano: ¡Por qué no te callas, Andrés Manuel!

Lástima que en la época de la conquista española no hubo ningún clérigo ni pontífice de peso que condenara públicamente las matanzas de indígenas cometidas en el “Nuevo Mundo” y, en consecuencia, las prohibiera. Según las crónicas del Fray Bartolomé de las Casas, los españoles habrían matado 4 millones de indios solo en el Perú en el transcurso de diez años, el país de origen del marqués Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, quien a, capa, espada y escudo, defiende la conquista española. Yo diría que más que marqués es un marquesote, pero sin el sabor y la lisura que da la Flor de la canela de Chabuca Grande.

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Roberto Herrera
Columnista y analista de ContraPunto. Salvadoreño residente en Alemania. Ingeniero graduado en electrotecnia, terapeuta ocupacional independiente con especialidad en pediatría y neurología. Narrador y ensayista.
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