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viernes, 03 de diciembre del 2021

Los diputados son empleados no mandantes

La sesión plenaria de la Asamblea Legislativa, del jueves 23 de julio -para recibir el informe anual de labores ministeriales- dejó un histórico mal sabor socio, político, cultural.

Cumplidos todos los formalismos del “mandato constitucional”: convocatoria, asistencia de los Ministros y el inicio programado de sus lecturas, se dieron varios desaguisados cuestionables, como para evidenciar que en la Asamblea Legislativa -parafraseando a Hamlet-  “algo huele a podrido en Dinamarca”…

Por respeto a la población honesta y laboriosa, imposible callar  actitudes impropias del diputado Presidente, Mario Ponce, quien, aparte de evidenciar prepotencia, desconocimiento del sistema parlamentario y nula autoridad en el mantenimiento del orden, en otro de sus acostumbrados arrebatos de intolerancia e irrespeto hacia la mujer, con tono elevado y colérico, llamó la atención a la periodista Sofía Medina, funcionaria visitante y Directora de Comunicaciones de la Presidencia de la República, quien al parecer ofendió a Ponce al solicitarle, sorpresivamente, que ordenara a los diputados mayor atención a las lecturas ministeriales.

“Usted es una empleada y no le falte el respeto a esta Asamblea…”, le gritó Ponce a Medina. Falta de tacto y realidad: Igual que Medina, Ponce también es empleado, acaso sí mejor pagado y con cargo diferente. Pero, al fin, empleado, pagado por el pueblo; por tanto, estando en la “casa del pueblo” y ser empleado del mismo pueblo, su cargo le exige tolerancia.

Ponce, como el resto de diputados, es mandatario (empleado) y no mandante. Mandante es el pueblo, su jefe. Estas son normas que no deben ignorar los funcionarios, especialmente los de elección popular; y en el caso de hoy, los diputados…

Pero, hubo más cositas en la histórica plenaria. Los MCS evidenciaron y registraron en archivos la mala educación de los diputados, quienes -con excepciones apreciables- ignoraron a los Ministros que leían sus informes; y, según fotografías que han recorrido el mundo, en vez de escuchar, los diputados daban la espalda y gozaban entretenidos con sus celulares, viendo imágenes de quién sabe qué.

Y algo más, los curules hasta en la directiva, en su mayoría estaban vacíos,. Un irrespeto total al pueblo, de quienes afirman ser sus representantes (¿?). ¿Podrán contarles a sus “representados” lo que informaron los Ministros? El presidente fue incapaz de llamar al orden, siendo como era una responsabilidad constitucional, aparte de la mala educación evidenciada.

Ellos convocaron, ¿es propio de personas educadas, invitar a alguien a “su casa” para luego ignorarlo con olímpico desprecio? Claro que no. Pero, ahí en la “casa del pueblo, es lo frecuente ¿Y son ellos los que demandan transparencia, trabajo y honradez? ¿Por qué las líneas políticas se imponen a la decencia y a la honestidad? Hay rostros y voces ahí -las y los mismos dos que tres- que deben dar paso a que otros diputados hablen al pueblo ¿o es que -entre el resto de los 84- no hay más diputados capaces de hacerlo?

Y más todavía, una humilde mujer patriota y de gran trayectoria humana, la Ministra FISDL María Navarrete -María Chichilco, la apreciada por muchos menos por sus antiguos compañeros que  hasta hacen mofa de ella- dio lecciones de sabiduría popular, humildad y entereza, al reclamar seriamente la reprochable actitud de los diputados. El presidente quiso interrumpirla, como a otros; pero, se contuvo y dejó seguir la exposición.

Es tiempo de que en el sagrado recinto del Congreso, se exija respeto de los diputados a la ciudadanía honrada, especialmente a las mujeres de la condición que sean, Ya son varios los casos de violencia contra mujeres diputadas, mientras la Asociación de Mujeres Parlamentarias, enmudece cuando le conviene. Milena Mayorga y Felicia Cristales, son marginadas de su partido y acosadas de distintas manera; pero, el resto de mujeres diputadas, sin coherencia ni solidaridad femeninas, en vez de acompañarlas, las ignoran o se unen para atacarlas. ¿Y la PDDH? Mientras tanto, los diputados insultantes y acosadores, solidarios entre sí, ríen…

Pero, el pueblo que hoy todo lo ve, se indigna. Y reclama respeto a su dignidad e inteligencia. Y esta es su verdad, “yo no la callo aunque me cueste el alma”, como sentenciara el poeta tutelar de sus derechos, Oswaldo Escobar Velado.

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