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lunes, 18 de octubre del 2021

Libertad de expresión y acuerdos de paz

Entre el 23 de enero y el 19 de noviembre de 1980 hubo 14 atentados contra medios de comunicación, según registros de organizaciones de derechos humanos

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Cada 16 de enero suelen hacerse reflexiones sobre la firma de los acuerdos que sellaron el fin del conflicto armado en El Salvador. Algunas voces hablan de que no fueron cumplidos, otros que se cumplieron a medias, en algún aniversario se dijo mucho sobre dar paso a una nueva generación de acuerdos y que se retomaran puntos como el Foro de Concertación Económica y Social.

En cuanto a libertad de expresión, hay quienes opinan que es romanticismo pensar que es un logro del pacto de paz. Hay derecho a pensar como quiera, siempre y cuando no afecte a los demás en el ejercicio de los suyos. Conscientes de ello, sin embargo, no es válido restar importancia al sacrificio de muchos en el pasado reciente.

Jaime Suárez Quemain y Cesar Najarro simbolizan la crudeza de lo que ocurría en el país en 1980. Jaime era el jefe de redacción, Najarro era  fotógrafo en la Crónica del Pueblo. Fue el último periódico de oposición, luego de la bomba que destruyó al diario El Independiente, dirigido por Jorge Pinto.

Desconocidos raptaron a los periodistas del Bar Lutecia en el centro de San Salvador. Sus cuerpos aparecieron horas después  horriblemente torturados. Era el 11 de julio de 1980.Un año de mucha convulsión tras el asesinato del ahora San Oscar Arnulfo Romero y el golpe de estado de octubre de 1979.

Entre el 23 de enero y el 19 de noviembre de 1980 hubo 14 atentados contra medios de comunicación, según registros de organizaciones de derechos humanos. Se  configuró un ambiente antiprensa que se mantuvo  durante el conflicto armado. En la Catedral Metropolitana fue colgada una pancarta con la leyenda “periodista, di la verdad; entrega tu  país, pero no el nuestro”; también en algunos centros de votación de las elecciones constituyentes de 1982.

Ese ambiente hostil alentó la emboscada en la que fueron asesinados cuatro periodistas holandeses; crímenes que aún está en la impunidad, caso incluido en el informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, como parte de los patrones de violencia ocurridos durante el conflicto armado.

“Algún día los informadores de El Salvador comunicaremos al mundo que en este país se ha logrado la tan ansiada paz, por el momento, continuaremos informando la verdad”.

Así cerró el periodista César Bayona, una nota sobre el ataque de guerrilleros a un helicóptero militar en el que viajaba el entonces fiscal general, Mauricio Colorado, quien había ordenado la exhumación de los cadáveres de campesinos muertos en un fuego cruzado entre soldados y guerrilleros, el 10 de febrero de 1990.

En el ataque murió un artillero, fueron heridos dos agentes fiscales, el camarógrafo, asistente de sonido, y el reportero que cubrían la diligencia.

No es romanticismo no olvidar el aporte de los periodistas y generadores de opinión muertos y heridos durante el conflicto, para valorar que el momento actual- aun con distorsiones como sitios con apariencia pero nada de periodísticos, el  uso de redes sociales para desinformar y efectuar linchamientos mediáticos a las críticas, aunque sean fundamentadas- es mejor que aquellos años difíciles.

Es un contexto diferente que refleja la permanencia de las viejas prácticas, ejecutadas por nuevos actores.

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Carlos Domínguez
Periodista salvadoreño; defensor de los derechos humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto
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