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viernes, 22 de octubre del 2021

La triste historia de la Cultura y el Poder desalmado

La cultura es una señora que en otras familias es tratada con mucho respeto. En los orí­genes de la salvadoreñidad estuvo casada con un hidalgo muy severo y violento, conocido popularmente como el señor Poder Real. En la actualidad todaví­a se le reconoce como la compañera silenciosa de la ideologí­a dominante, que expone su personalidad en edificaciones arquitectónicas, se embellece cada cumpleaños de fiestas patrias y la maquillan según sea la necesidad de don Poder cuando tiene visitas.

Por el año 1821 la niña Cultura Salvadoreña mientras viví­a su primera adolescencia y matrimonio con ese viejo zamarro con olor a bronce, católico, machista y violento que la maltrataba, apareció en el vecindario un lozano caballero, perfumado, con sensibilidad artí­stica, buen gusto e ideas de libertad; el cual la encandiló y entre amores furtivos propició el divorcio y su independencia. En adelante la inexperta Cultura vivió un prolongado segundo matrimonio y fue tratada como una dama imponente.

En este segundo casamiento don Poder le construyó palacetes con jardines interiores, ornamentados con detalles lujosos, guirnaldas, medallones y escudos. Le fundó una universidad para que se instruyera, le puso uniforme verde olivo al hermano mayor para que cuidara del orden, conversó con el viejo decrépito del primer matrimonio para que le garantizara la producción agrí­cola, convenció algunos amigos de las Europas para que trajeran ferrocarriles e instalaran motores en sus fincas; también escribió las reglas del juego en un libro que le llaman Constitución de la Señora República.

El joven marido fue muy hábil en asuntos de amores, pues tení­a placer con la Cultura Salvadoreña y comenzó otra relación con la República, señora de hierro, que nadie conoce, pero todos le rinden pleitesí­a. Así­ la Cultura fue entrando en su madurés y pagó caro los goces que compartió con don Poder, porque la llevó a parir varias criaturas conocidas como Arte Nacional, Cultura de Élite, Cultura de Masas y Cultura Popular. Con quienes la señora no sabe qué hacer, viven a la deriva. Ya cansada por su edad, la mamá Cultura se hizo querendona, tuvo relaciones con un dictador, con poetas, escritores, militares, comanches  e intelectuales.

Ayer escuché que alguien se referí­a a ella en una grandilocuente intervención sobre asuntos de la Patria. Dijeron que habita una “ex residencia” y que ahora está abierta para que la visiten de vez en cuando los ciudadanos; también dijeron que están transformando un montón de casas chiquitas para que la gente conviva, se eduque en asuntos de civilidad y se haga pací­fica. La idea es que con estos programas van a allegar a todo el paí­s. Se espera que haya batucada, confeti, mimos y directores.

En estos dí­as la niña Cultura Salvadoreña tiene una “ex casa”, don Poder le ha dicho que le dará pisto cuando haya. Por ahora sus muchachitos sufren, el Arte Nacional es vulnerable a la mundialización cultural;  la Cultura de Élite ha creado fundaciones para que la mantengan; la Cultura de Masas se reproduce de forma incontrolable y la Cultura Popular languidece en la nostalgia. Mañana es domingo, madre e hijos tienen hambre, frí­o y lloran en silencio por las noches.

 

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