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domingo, 09 de mayo del 2021

¿La era de la izquierda se desvanece en América Latina?

RíO DE JANEIRO “” No fue un dí­a de fiesta para la izquierda de América Latina. El domingo, Colombia rechazó  un acuerdo de paz con la guerrilla y así­ le otorgó una gran victoria Álvaro Uribe Vélez, el expresidente conservador que hizo una apasionada campaña en contra de las negociaciones. Ese mismo dí­a, los votantes de Brasil le propinaron una monumental derrota al Partido de los Trabajadores (PT), movimiento de izquierda que hasta hace poco gobernó ese paí­s, dejándolo por el piso en las elecciones municipales.

Se  trató de una señal más del cambio hacia la derecha en América Latina. En menos de un año, los votantes se opusieron al movimiento de izquierda  en Argentina al elegir a Mauricio Macri; escogieron a Pedro Pablo Kuczynski, un antiguo inversionista bancario, como presidente de Perú, y los legisladores brasileños destituyeron a la lí­der de la izquierda en Brasil.

“Para  decirlo de manera simple, los conservadores están al alza en América Latina”, afirmó Matí­as Spektor, profesor de relaciones internacionales de la Fundaí§í£o Getúlio Vargas.

Muchos  factores alimentan esta tendencia. La aguda caí­da en los precios de los  bienes y recursos naturales ha erosionado el crecimiento económico de América Latina y el gran apoyo que los gobiernos de izquierda tuvieron durante la bonanza económica. El peso de las iglesias cristianas evangélicas se está agrandando, junto con su confrontación a las polí­ticas socialistas liberales y su encauzamiento de la profunda insatisfacción con la situación reinante.

En  un paí­s tras otro, los resultados son los mismos: los lí­deres que adoptan polí­ticas a favor del mercado eclipsan a los izquierdistas que ejercieron el poder en el continente durante toda la década anterior. Los poderosos expresidentes de izquierda como Luiz Inácio “Lula” da Silva de Brasil y Cristina Fernández de Kirchner de Argentina hoy enfrentan investigaciones por corrupción.

Sin  embargo, los analistas polí­ticos advierten que esta tendencia no necesariamente implica un rechazo generalizado a las polí­ticas implementadas por esos gobiernos de izquierda. Por ejemplo, Michel Temer  y Mauricio Macri, los lí­deres de Brasil y Argentina, han expresado su apoyo para mantener los programas populares contra la pobreza.

El  presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, tuvo que pactar con la izquierda para vencer a su rival, Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori, el expresidente peruano que se encuentra encarcelado.

De  manera similar, el voto de Colombia sobre el acuerdo de paz ofreció un ejemplo de cómo la polí­tica se está volviendo impredecible en algunas partes de América Latina. Los lí­deres de la región, provenientes de una gran variedad de extracciones ideológicas, habí­an respaldado el acuerdo entre el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Los  colombianos rechazaron el acuerdo, en gran medida, porque pensaban que era muy indulgente con las Farc y permití­a que la mayorí­a de los combatientes quedaran sin castigo. Sin embargo, el resultado también mostró que los votantes estaban dispuestos a rechazar lo que les ofrecí­a  la institución polí­tica.

“Que los votantes desafí­en el statu quo  no es exclusivo de Colombia”, dijo Michael Shifter, presidente de Inter-American Dialogue, un grupo de análisis polí­tico con sede en Washington. “Concuerda con un patrón que puede verse en Argentina, Brasil, Venezuela, México y otros paí­ses”.

Los  dirigentes latinoamericanos le están poniendo mucha atención al ánimo cambiante de sus paí­ses. En Chile, la presidenta Michelle Bachelet regresó al poder en 2013 por un amplio margen gracias a sus promesas de reducción de la desigualdad.

Sin  embargo, Bachelet cambió el rumbo debido a la recesión económica y a un  escándalo de corrupción en el que está involucrada su familia, y nombró  a un ministro de Finanzas que es muy respetado en el mundo de los negocios. El presupuesto de su gobierno para 2017 da prioridad a la tradición chilena de prudencia fiscal y detiene el paquete de estí­mulos.

En  Brasil, un paí­s de 206 millones de habitantes “”la mitad de la población  de América del Sur”” el cambio hacia la derecha se produjo en medio de una atmósfera de creciente discordia polí­tica.

Los  defensores de la presidenta destituida, Dilma Rousseff, sostienen que su expulsión fue el equivalente a un golpe de Estado, una opinión que ha  pesado sobre la legitimidad de Temer, su anterior vicepresidente, que se rebeló contra ella. Los candidatos del Movimiento Democrático Brasileño, su partido polí­tico, también sufrieron una rotunda derrota en  las elecciones municipales de las principales ciudades de Brasil.

En  cambio, el Partido de la Social Democracia Brasileña, que se originó como oposición a la dictadura militar antes de convertirse en el grupo conservador que ahora sustenta la coalición de Temer, ganó ampliamente en los comicios municipales. Un miembro del partido, Joí£o Doria, antiguo  presentador de un reality show que incluí­a despedir a los participantes al aire, logró la victoria en la alcaldí­a de Sí£o Paulo, la  ciudad más grande de Brasil.

Algunas personas de esta región perciben un paralelo con el voto por el brexit,  mediante el cual el Reino Unido eligió separarse de la Unión Europea, o  con la posibilidad de que Donald Trump, quien también era la estrella de un reality show en el que despedí­a a los concursantes, gane la elección presidencial de Estados Unidos.

El voto en Colombia reflejó un cambio “del realismo mágico al realismo trágico”, publicó el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en Twitter, haciendo alusión a los mitos narrativos de autores latinoamericanos como Gabriel Garcí­a Márquez. “Solo falta que gane Trump”.

Colombia,  por su parte, desde hace tiempo no permite explicaciones simples sobre su polí­tica. Siendo un aliado importante de Washington en América Latina, ese paí­s ha sido tradicionalmente más conservador que algunos de  sus vecinos, aunque las guerrillas de izquierda permanecieron durante décadas en las selvas.

Pese  a esto, el viraje hacia la derecha ha perdido velocidad en algunas zonas de la región. Aunque la oposición ganó el control de la Asamblea Nacional de Venezuela este mismo año, el presidente Nicolás Maduro, ha conseguido aplazar un referendo para que deje el cargo a pesar de que la economí­a está en crisis.

En Bolivia, el gobierno de izquierda de Evo Morales ha recibido elogios  por parte del Fondo Monetario Internacional debido a su manejo de la economí­a. El Banco Central de Bolivia anunció en septiembre que esperaba  que el producto interno bruto creciera cerca del cinco por ciento este año, lo que la ubicarí­a entre las economí­as latinoamericanas con un crecimiento más acelerado.

No obstante, en un reciente discurso  salpicado de referencias a Marx y Lenin, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro Garcí­a Linera reconoció que la influencia de la izquierda en la región va en declive.

“Estamos  ante un momento de inflexión histórica en América Latina. Algunos hablan de un retroceso”, dijo Garcí­a Linera, estableciendo una comparación de la situación actual con periodos previos en los que se experimentó un resurgimiento conservador en América Latina. “Hay que ser  muy cuidadosos. Aprender lo que aprendimos en los ochenta y los noventa, cuando todo complotaba contra nosotros”.

Mientras  los lí­deres de izquierda en algunas partes de América Latina tratan de recomponerse, su dilema actual se parece al de los polí­ticos conservadores que durante mucho tiempo lucharon por desbancar.

“Podemos  ver en este cambio una variante del floreciente idilio de los paí­ses avanzados de Occidente con los movimientos antisistema”, escribió hace poco en un ensayo Mohamed A. El-Erian,  consultor en jefe de economí­a de Allianz, el gigante alemán de los servicios financieros. “Por ahora, los principales beneficiarios de las desilusiones económicas y sociales de la región son los partidos y agendas polí­ticas de derecha”.

Tomado del http://www.nytimes.com/es

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Simon Romero
Tribuna Libre

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