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domingo, 01 de agosto del 2021

Información, propaganda y transparencia

Una sana práctica de gobernanza es que los Estados consideren a los medios de comunicación como aliados y no como amenaza ante la corrupción

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Uno de los asuntos más difíciles que enfrentan los Estados es la corrupción. Múltiples factores permiten que siga corroyendo a las sociedades y drenando los fondos públicos: legislación desfasada  de la  realidad, institucionalidad débil, sistema de administración de justicia deficiente, escasa participación y ejercicio de la ciudadanía y acceso restringido a información pública, son alguno.

Una sana práctica de gobernanza es que los Estados consideren a los medios de comunicación como aliados y no como amenaza ante la corrupción. En la realidad no es así; los medios y los periodistas que investigan actos de corrupción suelen ser objeto de represalias en ocasiones  desde el Estado mismo a través de sus agentes.

El secretismo es lo contrario a la transparencia. Entendiendo esta como un ejercicio sano de manejo honesto, eficiente y la  rendición de cuentas. Aquella, se  concentra en las prácticas de la administración pública. La rendición de cuentas lo hace con la responsabilidad de las diversas entidades, incluido el público, de juzgar tales prácticas y su eficacia.

La rendición de cuentas es considerada fundamental para la legitimación de una sociedad democrática. Pero hay limitantes que facilitan el secretismo: la indiferencia social y la manipulación de asuntos sobre corrupción. Una atribuida a la audiencia, otra a un sector de la prensa.

En el primer caso predomina la lógica de “tu corrupto es peor que el mío”, según quien sea el seguidor y quien sea el detractor. En el segundo, aunque hay excepciones, mucha prensa es instrumentalizada por políticos  y gobernantes, de modo que con prácticas como la descrita forman una coraza que induce a las audiencias a convencerse que todos son corruptos y que no hay nada que hacer. Peor aún: crear conformismo al  potenciar ideas como “está bien que robe, pero que haga algo”.

Esa es una realidad común en Latinoamérica, que conduce a legitimar la idea de que estamos en una región donde nos rodean  ladrones y estafadores de uno y otro signo…de alguna forma, la prensa ha sido un cómplice para tal estado de cosas.  

¿Qué se puede  hacer? como expresara el maestro colombiano Javier Darío Restrepo en 2018 en  un discurso en la Semana Internacional de La Cultura Académica por la Universidad de Chiclayo en el Perú: “O sea que no podemos convertir la corrupción en parte del paisaje, no debe verse como una costumbre sino como un reto para el periodista y para la sociedad.”

Desde el Estado la mayor transparencia de la administración pública permite controlar posibles conflictos de interés y le da al gobierno legitimidad. El acceso a documentos públicos y a los procesos de toma de decisiones potencia descubrir tales conflictos de interés.

Es parte de una  relación abierta entre medios de comunicación y gobiernos de corte democrático. Naciones Unidas ha dicho que algunas señales positivas son las garantías procesales de los medios, el respeto de la libertad de expresión y acceso a la información; también la reducción de restricciones punitivas de las actividades periodísticas.

Conlleva a que el público en un contexto donde cuenta con la libertad de examinar las acciones del gobierno y sobre todo, de hacer que sus representantes respondan por sus actos, asume simultáneamente la responsabilidad del funcionamiento de su gobierno mediante esta forma de participación. Implica una audiencia que ejerce ciudanía, y que es capaz de distinguir entre  información y propaganda.

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Carlos Domínguez
Periodista salvadoreño; defensor de los derechos humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto
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