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lunes, 17 de mayo del 2021

Haciendo polí­tica con choris y gaseosa

Quien dirí­a que la polí­tica y las decisiones de la nación estén relacionadas con el estómago. Pues sí­ y los polí­ticos lo saben bien, por eso recurren a los alimentos y a las bebidas a la hora de realizar actos públicos o jornadas electorales. Ahí­ se me ocurre una adaptación al refrán “Barriga llena corazón contento”  a “Estómago lleno, estoy dispuesto a escucharte”.

En la famosa pirámide de las necesidades del ser humano de Abraham Maslow ubica a la alimentación en su base dentro de las necesidades fisiológicas de las personas, es por eso que el marketing polí­tico no lo puede obviar y a la hora de una multitudinaria concentración debe ser tomado en cuenta.

La alimentación es el gancho  en las grandes concentraciones polí­ticas así­ como el transporte, te movilizan del cantón hasta la ciudad, ida y vuelta, ya en el magno evento te dan un ticket para que reclames: Un pan, que puede ser un sándwich, un croissant  o un chori; con jugo o gaseosa. Aun es un enigma el monto –que es obligatorio incluirlo en la campaña–  asignado a movilizar y alimentar una gran cantidad de personas.

Cuando se realiza una convención partidaria, un lanzamiento de una polí­tica nacional, etc. Siempre a la redonda del evento hay una enorme cantidad de buses, camioncitos con comida (agua, jugos, panes, polllo, etc.) Los polí­ticos deben suplir las necesidades fisiológicas de sus seguidores para tener una buena participación del evento y tener una buena foto del drone.

Un polí­tico que no es lí­der, un partido que no cuenta con la credibilidad suficiente para atraer la atención de la masa, siempre recurrirá a usar de gancho la alimentación y el transporte para llenar plazas. Lo que por ende se debe adaptar al presupuesto de la campaña.

Las asoleadas y caminatas, sumado las dos o tres horas de discurso, mas el acto cultural, no son de gratis, un refrigerio  (más transporte) es reclamado por los seguidores que asisten a los actos proselitistas.

Nada es de gratis, los polí­ticos y los partidos  saben que para garantizar el éxito de un evento partidista y contar con el caluroso apoyo de la masa, deben tener el recurso y la logí­stica de movilizar mares de gentes.

Solamente un verdadero lí­der podrí­a atraer  a la multitud,  y estos buscarí­an los medios, se costearí­an la alimentación, caminarí­an bajo el sol si no encontrasen transporte  con tal de verlo, eso lo pudimos apreciar los salvadoreños  en las ultimas dos visitas del Papa Juan Pablo II a El Salvador (Marzo de 1983 y Febrero de 1996) la población salvadoreña desbordada, saliendo de los cantones y caserí­os de madrugada, con los peligros del conflicto armado, con el anhelo de ver a uno de los máximos lideres del siglo XX. La gente se desmayaba, sufrí­a de insolación en su trayectoria al templete papal de Metrocentro, pero eso no importaba.

Este lí­der era el único capaz en su época de despertar eso, actualmente estamos en sequí­a de lideres, durante la ultima década nadie ha sido capaz de provocar  en el pueblo desbordamiento de pasiones, lo que vemos en la actualidad son construcciones mediáticas en base a imagen, sofisticación y polémica; no un liderazgo nato y carisma natural (de atracción de masas) que caracteriza a los grandes lí­deres. ¿Cuanto tiempo les tomará a los partidos tener un lí­der nato? O un lí­der que salga de la sociedad civil organizada. Mientras tanto seguirán haciendo show, optando por el populismo, haciendo malabares en redes sociales, asignando presupuesto para transportar y alimentar  a la masa que los sigue por lo que se les da y no porque les provoque seguirlos por convicción.

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Carlos F. Imendia
Columnista Contrapunto

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