Zarko Pinkas-Ramírez |
En el aniversario de su martirio, el arte gráfico se convierte en testimonio vivo de la historia de Monseñor Romero.
En el pulso íntimo de la memoria nacional, cada 24 de marzo vuelve a encenderse una llama que no pertenece únicamente al pasado, sino a una conciencia que sigue viva. En ese marco, el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) abre sus puertas a una exposición que no solo se contempla, sino que se siente: una muestra de grabado que entrelaza historia, dolor y dignidad en torno a la figura de Óscar Arnulfo Romero.
A cuarenta y seis años de su martirio, el MUPI presenta “Grabado y Memoria”, una selección de su acervo visual que reivindica el arte del grabado como un territorio donde la conciencia se imprime con la misma fuerza que la tinta sobre la matriz. La inauguración tendrá lugar el martes 24 de marzo de 2026, a las seis de la tarde, en su sede de San Salvador, convocando a artistas, académicos y ciudadanos a un encuentro con la memoria.
La exposición propone un diálogo profundo entre generaciones de creadores salvadoreños que han hecho del arte una forma de resistencia y de reflexión. Nombres como Zélie Lardé, Salarrué, Camilo Minero y Carlos Cañas dialogan con otras voces contemporáneas en una constelación de miradas que abordan la memoria colectiva, los derechos humanos y las raíces culturales desde distintas estéticas. En cada obra, la figura humana, el paisaje rural y la denuncia social se superponen como capas de una misma historia que se resiste al silencio.
El grabado, con su técnica ancestral de incisión y transferencia, adquiere aquí una dimensión simbólica. La matriz —tallada, mordida, herida— se vuelve metáfora de un país que ha sido marcado por su historia, pero que también ha sabido transformar esas huellas en lenguaje. En El Salvador, esta práctica artística ha acompañado momentos decisivos: ha denunciado la injusticia, ha honrado a las víctimas y ha preservado los signos más profundos de identidad.
Las obras expuestas remiten a episodios que configuran la memoria histórica del país: desde la gesta de Izalco hasta la evocación de la Masacre de El Mozote, pasando por la figura luminosa de Romero, cuya voz sigue resonando en cada trazo. En ese sentido, el grabado deja de ser únicamente representación para convertirse en testimonio; cada estampa es una forma de palabra visual que afirma, frente al olvido, la persistencia de la verdad.
No es casual que esta exposición dialogue con una fecha de alcance universal. Cada 24 de marzo, en conmemoración de San Óscar Arnulfo Romero, la Organización de las Naciones Unidas ha establecido el Día Internacional del Derecho a la Verdad. Bajo ese espíritu, el MUPI extenderá esta propuesta a exposiciones itinerantes en el Externado San José y, de manera especial, el mismo 24 de marzo, de 9:00 a.m. a 3:30 p.m., en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador.
Así, entre líneas talladas y sombras impresas, el arte vuelve a cumplir su función más esencial: recordar. Y en ese acto, profundamente humano, el país se mira a sí mismo no solo con dolor, sino también con una renovada voluntad de verdad, memoria y esperanza.


