Zarko Pinkas |
Lo ocurrido durante el festival dedicado a Roque Dalton se suma a otros incidentes registrados desde 2025 relacionados con trato agresivo, obstáculos a personas con movilidad reducida y actitudes intimidantes por parte de personal de seguridad.
La noche del martes 26 de mayo llegué al Centro Cultural de España en El Salvador para cubrir el recital inaugural del festival “A los locos no nos quedan bien los nombres”, dedicado a la memoria de Roque Dalton. La intención era sencilla: asistir al evento, escuchar poesía, tomar fotografías y realizar cobertura cultural. Sin embargo, nuevamente terminé enfrentando una situación hostil con personal de seguridad vinculado al área de estacionamientos utilizada por la Cooperación Española.
Al ingresar, pregunté directamente a un vigilante de Centro Cultural si existía estacionamiento habilitado para el evento. Él me indicó que sí y señaló el parqueo correspondiente al área de la Cooperación Española. Fui a mi vehículo , el cual ya estaba estacionado en la calle , me dirigí al lugar, observé el portón abierto y sin ausencia de personal indicando restricciones, por lo que procedí a entrar y estacionarme.
Mientras realizaba la maniobra apareció otro vigilante haciendo gestos bruscos con la mano para detenerme. Bajé el vidrio y de inmediato comenzó a hablarme con un tono molesto y autoritario, indicándome que no podía estacionarme ahí porque ese parqueo era solo para empleados de esa área, sino enfrente en los otros estacionamientos.
Intenté explicarle que otro vigilante me había enviado directamente a ese lugar y que no existía señalización visible indicando lo contrario. Me reclamó que debería haber parado en la entrada. Ya en ese momento, decidí responder con mayor fuerza de tono explicando que no era mi deber y no era adivino para saber que debía parar en una portón abierto y que eso era responsabilidad de él de estar ahí en medio de un evento. En medio de esta situación , ya me idenfiqué como prensa primero pues iba a una cobertura y, por otra, que no tolero que me falten al respeto con esa prepotencia. La respuesta fue mantener una actitud confrontativa y de evidente hostilidad.
Le pedí en dos ocasiones que me proporcionara su nombre porque pensaba presentar una queja formal. Se negó ambas veces.
Lo más grave es que posteriormente, ya dentro del recinto, una persona del área administrativa y cultural con quien conversé me confirmó que esos espacios efectivamente podían utilizarse durante actividades y eventos, especialmente a esa hora, cuando el estacionamiento permanecía prácticamente vacío. Es decir, no existía una razón real para impedirme estacionar ahí. La situación fue simplemente una demostración arbitraria de autoridad y hostilidad gratuita.
El problema no fue mover un vehículo unos metros más adelante. El problema fue el trato. La forma. El tono intimidante. La necesidad de marcar poder sobre alguien que únicamente llegaba a cubrir un evento cultural.
La situación me desconcentró completamente y terminó afectando mi trabajo durante el recital. Resulta profundamente contradictorio asistir a un espacio donde se habla de poesía, derechos humanos, memoria histórica, diálogo y convivencia, y encontrarse en el acceso con personal uniformado actuando desde la agresividad, la intolerancia y la falta total de empatía.
Lo más preocupante es que este no es un hecho aislado.
El 12 de septiembre de 2025 ya había vivido otra situación conflictiva en el mismo lugar durante una actividad cultural. Aquella noche llegué explicando que tenía problemas de movilidad y que utilizaba bastón, solicitando apoyo para estacionarme cerca del recinto. La respuesta fue que todos los espacios reservados estaban ocupados y que debía dejar el vehículo varias cuadras más lejos, bajo lluvia.
Posteriormente verifiqué personalmente el estacionamiento y comprobé que, aunque los espacios para personas con movilidad reducida estaban ocupados por vehículos, no existía ningún control sobre su uso prioritario. No había personas utilizando silla de ruedas, bastones o muletas en esos espacios reservados. Tampoco se ofreció ninguna alternativa razonable para alguien con dificultades de movilidad.
Cuando regresé hacia el concierto fui interceptado nuevamente por un vigilante que asumió, de manera hostil, que intentaba ingresar otra vez al estacionamiento. El intercambio subió de tono innecesariamente y terminé siendo tratado como si estuviera haciendo algo indebido. Mientras tanto, otras personas sí pudieron ingresar libremente hacia determinadas áreas para tomar fotografías sin recibir cuestionamientos.
En esa ocasión también documenté fotográficamente la situación porque consideré importante señalar la falta de criterio, empatía y protocolos mínimos hacia personas con dificultades de movilidad.
Meses después volvió a ocurrir otra contradicción cuando una vigilante aseguró que el estacionamiento de la Cooperación Española “no tenía ninguna relación” con las actividades del Centro Cultural de España, obligándome nuevamente a buscar parqueo en otra zona pese a existir espacios disponibles.
Tras lo ocurrido ese 26 de mayo, después del evento, conversé directamente con una persona del área administrativa del Centro Cultural de España, quien mostró una actitud empática, respetuosa y abierta al diálogo. Durante la conversación se me confirmó además que ya han existido otras quejas relacionadas con comportamientos similares por parte del personal de seguridad de ese parqueo de la Cooperación Española.
Se me solicitó enviar una carta formal explicando lo sucedido. La carta fue redactada y enviada, aunque hasta la 1:00 de la madrugada el correo electrónico proporcionado para presentar la denuncia institucional había rebotado en dos ocasiones. El documento será reenviado durante la mañana del 27 de mayo.
El día 28 de mayo recibo del área de coordinacion del Centro Cultural de España un correo electrónico pidiendo nuevamente disculpas y que debido a esto se buscará implementar capacitación de los vigilantes de ese estacionamiento. Agradezco al área de coordinación su respuesta y espero que realicen dichas capacitaciones para que ninguna persona sufra de este tipo de situación en el parqueo de Agencia Española de Cooperación.
Por otro lado, no acostumbro sacar el celular para grabar conflictos o convertir este tipo de situaciones en espectáculos de redes sociales. Lo que considero correcto es hablar directamente con las autoridades correspondientes y utilizar las herramientas periodísticas para denunciar situaciones de intolerancia, abuso o trato indigno cuando ocurren. Las redes sociales son el último eslavón en un caso de abuso de poder.
Porque cuando este tipo de conductas se dejan pasar, vuelven a repetirse.
Y el problema ya no es solamente mi experiencia personal. El problema es que cualquier persona que llegue a una actividad cultural podría terminar enfrentándose a un ambiente intimidante dependiendo del humor y la actitud de un vigilante que no demuestra la mínima preparación para interactuar con público en espacios dedicados precisamente a promover cultura, pensamiento crítico y convivencia humana.
Al final, nadie debería asistir a un recital de poesía o cualquier actividad, sintiendo que entrar al estacionamiento puede convertirse en una experiencia hostil y hasta peligrosa.


