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sábado, 27 de noviembre del 2021

Gallina que come huevo aunque le quemen el pico…

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Por Nelson López Rojas

Se acerca la navidad y es cuando todos sacan lo mejor de sí para los demás. Hay fiestas, canastas, regalos, bonos y aguinaldos. Se dice que es la época para compartir y que vienen más días de amor y paz. O casi.

El título que le da nombre a esta columna proviene de un dicho de la abuela sobre la           cultura en la que hemos sido criados. No importa que uno vaya a la iglesia, que se arrepienta, que se confiese o que se cambie de partido; lo que importa es que el ser humano tiene esa aptitud para volver a lo malo, a ser reincidente, a repetirse aunque se sepa que lo que hace no está bien. Y vos sabés bien, estimado lector, que de tener la oportunidad de beneficiarte o de beneficiar a un familiar, lo harías sin importar que no sea ético. Hay gente que tiene dos puestos de gobierno y nadie dice nada. Hay gente que beneficia a otros a fuerza de compadrazgo menoscabando a los demás.

En El Salvador se zurcen voluntades y los que tienen más siempre querrán más sin importarles en quienes se paren para lograrlo. La negatividad, la falta de educación y falta de empatía es tal que no paran hasta que la otra persona esté en el suelo y hay que darle patadas para que no se mueva.

Dicen que los de Nuevas Ideas andan negociando sus bonos con un tal Roy. ¿Es malo ser disidente? Probablemente no y, de no haberse dado cuenta el público de tales conversaciones, todo seguiría igual y sus bolsillos habrían aumentado de tamaño. Los políticos siempre serán políticos y es bien sabido que “la guayaba” es como una piñata que lo degenera todo. Una cosa es querer ganarse la confianza de la ciudadanía al hacer promesas para obtener sus votos y la otra, la realidad, es cuando los que ayudaron a la campaña política esperan que su inversión no haya sido en vano.

Veo con desánimo como la persona encargada de otorgar los proyectos en cierto recinto prioriza a una amiga suya para que tenga la máxima cantidad de proyectos aunque los otros candidatos, igualmente capaces y con clara necesidad, se deben conformar con tan solo uno. Puede parecer que la jefatura quiere mantenerse en su puesto con personas leales a ella, no a pulso de capacidad sino de control.

Me molesta que me pregunten si quiero factura, pero me molesta aún más cuando al exigirla me dan otro precio que incluye el 13%. Si esto no es algo que se haya acordado mutuamente, ¿dónde está el ministerio de hacienda para que no se den estos casos? Ah, pero eso sí, si aquel clasemedia que le dieron un bono de $100 y no lo declara tendrá que pagar multas e intereses por dicho desfalco. ¿Quién los entiende?

El patrón exige que el empleadito trabaje aunque no haya tareas que realizar simplemente porque tiene que estar en el lugar de trabajo. Si ya ha terminado su faena, ¿por qué retenerlo a calentar nalguitas en la silla? O si alguien desea tener un horario alternativo de trabajo pareciera que fuera marciano por pedir semejante disparate. Los asalariados que entregan comida en moto son forzados a esperar afuera de los establecimientos, como los leprosos en la antiguedad para que, después, algún pudiente pueda disfrutar de su manjar. Pareciera que en lo colectivo le rendimos pleitesía al autoritarismo, ya sea del gobierno o de alguna empresa privada.

La gente va a seguir desapareciendo porque los mareros no han dejado de ser mareros; las mujeres van a seguir siendo asesinadas por sus parejas porque los machistas no han dejado de ser machistas y porque así quieren estas, aunque en el fondo sepan que fue eso que aprendieron de sus padres y de los padres de estos. Es una cadena maldita. Así no vamos a salir adelante. Jamás.

No hay que criticarlo todo ni creérselo todo. Hay que ser honestos consigo mismos y con los demás. Cada quien debe forjar un código de ética según sus propios valores y adherirse a él, no por compromiso, sino por convicción. Hay que admitir nuestro error y hacer algo para corregirlo, especialmente si se ha dañado a otra persona. Hay que saber cuándo pedir ayuda y cuándo retirarse. La vida es muy corta para aguantar tanta estupidez.

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Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.
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