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Fichitas 

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"Nassón Joaquín García el líder máximo de la La luz del mundo. lo recibió Nayib Bukele el 14 de octubre del 2015 –siendo alcalde capitalino– y lo nombró hijo distinguidísimo de la ciudad de San Salvador, relata Benjamín Cuéllar.

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Por Benjamín Cuéllar


El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española establece que en varios países latinoamericanos, así llaman a las personas peligrosas o de cuidado, que no son de “fiar” y “cuyas intenciones no son transparentes”. Aclarado eso, no hay duda que Nassón Joaquín García pertenece a dicha especie; él era o es el líder máximo de la “La luz del mundo” que –según su sitio oficial– la constituyen “congregaciones de creyentes que han aceptado libre y voluntariamente el evangelio de Cristo”. Aseguran que “sus principios” son religiosos, morales y civiles. Entre los segundos, encontramos el estar “a favor de la dignidad de las personas así [como] del respeto a su estado civil, a sus bienes y a sus principios ético morales”. Pero, como decía mi santa madre, “el papel aguanta con todo… ¡Hasta en el baño hay!”.

¿Por qué la cito? Pues porque ese tipo resultó ser realmente toda una fichita. No sé si se autodenominó “el apóstol de Jesucristo” o si lo bautizaron así sus adoratrices; el caso es que, mientras encabezaba “su rebaño”, en privado no le hacía honor a semejante título ni a su calidad de pastor. Más bien resultó ser un demonio; léase alguien “demasiado perverso, travieso o hábil”. Díganme si no le calza perfectamente a este “iluminado”, al enterarnos de que –cuando lo detuvieron hace tres años en territorio estadounidense– le endosaron casi una veintena de delitos relacionados con abuso sexual de menores, violación, posesión de pornografía infantil y tráfico de personas. Para evitar morir en prisión por esa camándula de perversidades, en la víspera de ser enjuiciado se declaró culpable de tres cargos. Y sus principios morales, ¿adónde quedaron? ¡Chulada!

Antes, en el 2015, arrancó su “Gira apostólica universal” cuya décima etapa cerró en la Ciudad de México en junio del 2017 pregonando que acumular riquezas, tener dinero, éxito profesional y fama “no son suficientes para alcanzar la felicidad plena”; esta “viene de Dios”, dijo. Pero al caer preso, él sí contaba con suficientes bienes terrenales para disfrutar plenamente la dicha mundana junto con su parentela, sin necesidad de la intervención divina y a diferencia de la realidad cotidiana que aflige a la mayoría de su feligresía. De lo que se sabe, solamente el valor de las propiedades de este clan familiar en Estados Unidos sobrepasa los siete millones de dólares. Pero en el teléfono celular de este “sepulcro blanqueado” se descubrió su debilidad por bienes “extremadamente lujosos” entre los cuales sobresalen yates, relojes y aviones. ¡Todos carísimos!

Al fallecer su padre en el 2014, se hizo cargo del movimiento; entre sus primeras iniciativas destaca un hábil uso de las redes sociales, lo que se tradujo en el incremento sustancial de su fanaticada. Una joven de estas declaró –tras la captura de su entonces “mesías”– que cuando “escuchaba algo negativo sobre la Iglesia”, interrumpía a quien se atrevía a hacerlo o se retiraba. Según ella, el diablo utilizaba a esas personas despiertas y críticas porque “estaban perdidas en el mundo”. El suyo era “diferente” al de esa gente. “Nos decían que éramos luz –añadió– y que no debíamos mezclarnos con la oscuridad”, revelada en cualquiera “que no fuese parte de la Iglesia”. A final de cuentas, sostuvo, “sabía que era arriesgado” abandonar la misma; pero lo hizo y su existencia mejoró.

Se preguntarán, ¿por qué traer a cuenta el turbio ascenso de este obsceno y degenerado “vendedor de humo” así como su estrepitosa caída? Pues porque sirve para confirmar que los ídolos con pies de barro existen. Y a este, ahora hundido, lo recibió Nayib Bukele el 14 de octubre del 2015 –siendo alcalde capitalino– y lo nombró “hijo distinguidísimo de la ciudad de San Salvador”. La entrega de ese reconocimiento fue un “honor” para quien días antes del encarcelamiento del falso profeta mexicano, ya como presidente electo de El Salvador, lo acompañó el 19 de mayo del 2019 a colocar la primera piedra de la ostentosa “Ciudad Luz del Mundo” en nuestro territorio sin importar –eso sí– el daño medioambiental. A tiempo, porque dos semanas después la justicia le cayó encima a Nassón.

“¡Qué Dios les siga ayudando y siga dirigiendo bien sus pasos!”, le deseó entonces el “apóstol” a Bukele y sus acólitos. Pero, ojo, los pasos de este sujeto –violador, vividor y víbora– no son los del Todopoderoso. Cuidado, no vayan a confundirse. Ya vimos cómo se encuentra este y qué le espera; igual Juan Orlando Hernández. Estas y otras fichitas, tarde o temprano, terminan pagando el precio de sus malandrinadas pues a falta de principios sus finales no acaban siendo felices.

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Benjamín Cuéllar
Benjamín Cuéllar
Salvadoreño. Fundador del Laboratorio de Investigación y Acción Social contra la Impunidad, así como de Víctimas Demandantes (VIDAS). Columnista de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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