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jueves, 06 de mayo del 2021

Este acertijo clásico es mucho más fácil de resolver con alcohol

El canal de YouTube Bit Size Psych recupera un problema psicológico de 1966 (y su variante más famosa).

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El canal de YouTube dedicado a la psicologí­a Bit Size Psych ha recuperado dos versiones de un problema clásico en un ví­deo que se acerca a las 200.000 reproducciones y a los 500 comentarios después de apenas una semana.

El primer acertijo que expone este ví­deo consiste en encontrar la forma en la que, dando la vuelta al menor número de cartas posible, se pueda afirmar con seguridad si la siguiente frase es cierta o no: “Si una carta es par, su dorso es de color rojo”. No me extrañarí­a que hubieras visto antes este acertijo (o uno similar). Se trata de una variante de la llamada “tarea de selección de Wason”, una prueba clásica desarrollada el psicólogo inglés Peter C. Wason en 1966.

Y ahora, la solución. La mayorí­a tiende a decir que hay que dar la vuelta al 8 y a la carta roja. Pero no: para refutar la frase, necesitamos encontrar una carta par con el dorso azul, por lo que hay que dar la vuelta al 8 y a la azul. Si el dorso de la carta 8 no fuera rojo, se romperí­a la norma, al igual que si descubrimos que detrás de la carta azul hay un número par.

Nos da igual el color del dorso de la 11 o el número que haya detrás de la carta roja: si es par, confirmarí­a la norma sin decirnos nada acerca de si el resto de cartas la cumplen, y si es impar, no la refutarí­a, ya que ese escenario no está prohibido.

Este experimento de Wason muestra lo mucho que nos dejamos llevar por el sesgo de confirmación: tendemos a buscar las pruebas que confirman una teorí­a y no tanto las que podrí­an refutarla, como recuerda Scientific American en este artí­culo. Por eso se prefiere dar la vuelta al 8, lo cual tiene sentido, pero también se opta más a menudo por la carta roja que por la azul.

¿No lo ves claro? Tomemos una copa (hipotética)

Como explica el ví­deo, hay otro aspecto muy interesante de este problema. Si proporcionamos contexto, nos resulta más fácil resolverlo (y entenderlo). Se ve más claro en la segunda versión propuesta. En esta variante hay cartas con edades y bebidas: tenemos que averiguar si hay algún menor de edad tomando alcohol.

Nos cuesta menos ver que tenemos que dar la vuelta al 16 y al vodka,  ya que nos da igual quién beba zumo y qué esté bebiendo la persona de 41  años.

Los autores de esta variante fueron los psicólogos de la   Universidad de Florida Richard Griggs y James Cox, en un estudio de 1982  en el que acertaba el 73% de los participantes. Su explicación era  que nuestros cerebros están mejor adaptados para el pensamiento concreto que  para el abstracto. También ayudarí­a la familiaridad: la mayorí­a de nosotros tenemos más experiencia con bares que con los problemas de lógica. No estamos necesariamente orgullosos, pero es así­.

No  es el único experimento que cambiaba el contexto y mostraba esta mejora en los resultados. De hecho, el propio Wason lo puso a prueba junto con Diana Shapiro ya en 1971, llevando a un escenario concreto estas normas del tipo “si p, entonces q”.

En este caso, se mostraban dos cartas  con nombres de ciudades y otras dos con medios de transporte. La prueba  consistí­a en confirmar o desmentir frases como “cada vez que voy a Manchester, lo hago en coche”. 10 de los 16 participantes la resolvieron  sin problemas, frente a los 2 de 16 que acertaron en el caso de la versión abstracta.

Más adelante, Leda Cosmides y John Tooby de la Universidad de California propusieron una respuesta basada en la psicologí­a evolutiva a por qué se nos da mejor la segunda versión del problema. Nuestros cerebros tendrí­an un “sistema  de detección de trampas  en el cerebro”, como escribe Carl Zimmer en Discover Magazine. El objetivo: identificar a los que incumplen las normas para mantener el orden social, sobre todo en los pequeños grupos  en los que viví­amos hace  miles de años.

Esta propuesta ha sido muy discutida, recuerda Zimmer, ya que estarí­a deduciendo demasiadas cosas de un acertijo (por complejo que sea) y el cerebro no se puede dividir en módulos de forma tan clara.

También se han propuesto explicaciones (con sus versiones de este problema) que sugieren que se trata de un error en la interpretación de las normas y el lenguaje. Es decir, muchos dan por supuesto que si la carta tiene un número impar, ha de tener un dorso azul, a pesar de que nadie ha dicho tal cosa en ningún momento.

Tomado de: Verne.

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