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viernes, 07 de mayo del 2021

“Estaba alcoholizada”

Así­ se refirió un medio de comunicación sobre una agente policial que fue violada en un parqueo por un grupo de compañeros también policí­as. Ella fue ví­ctima de un ataque sexual “en manada”, igual que una chica española en las fiestas de San Fermí­n. Según Rita Segato, antropóloga feminista los hombres agresores, tratan de “moralizar” a la ví­ctima, haciéndole ver con el ataque sexual, que no debe andar sola en una fiesta (sin un hombre), que no debe tomar alcohol, o vestir de manera “provocadora” según la percepción de los agresores. (y de algunos medios de comunicación). Esta mujer que estaba gozando de su libertad, va contra los mandatos patriarcales de que la mujer debe estar en la casa, obediente y sumisa frente al hombre; por tanto debe ser castigada, no por uno sino por varios hombres que deben “ponerla en su puesto”, tomar el control de la vida de la mujer “desviada”. Por otro lado la violación en grupo contra una mujer, les permite a los agresores demostrarse mutuamente su “virilidad”, su hombrí­a, tal lo manifiesta Segato. La violencia: el poder y el control de los cuerpos de las mujeres es uno de los pilares de la opresión de las mujeres de parte de los hombres.

Es contradictorio que una institución como la Policí­a Nacional Civil, que garantiza la seguridad de la población, no pueda garantizar la seguridad de sus propias miembras. Y es por que la violencia contra las mujeres se manifiesta en instituciones y empresas, en la pareja y la comunidad.

La violencia de género se expresa en situaciones cotidianas en las relaciones conyugales, donde se manifiestan distintos tipos de violencia: sicológica, fí­sica, sexual contra el patrimonio, etc. También hay violencia, en los lugares de trabajo, donde las mujeres son acosadas sexual y laboralmente por los hombres. Conocemos las imágenes negativas y estereotipadas, que proyectan los medios de comunicación sobre nosotras. Creemos que a pesar que existen leyes contra la desigualdad y la violencia de género, existe de parte de las instituciones del Estado, una lentitud y una resistencia a adoptar los cambios que estas leyes exigen.

La violencia de género necesitamos combatirla desde la familia y la comunidad, así­ como erradicar la masculinidad violenta y dominadora en la que educamos a los hombres desde niños. Es necesario trabajar en los planes municipales de prevención de violencia contra las mujeres, elaborar e implementar polí­ticas de género en las instituciones públicas y empresas. Es urgente, educar desde la infancia a niñas y niños, en la igualdad de géneros y la no violencia, este es un reto para Educación. Revisar crí­ticamente y sancionar los medios que reproducen la violencia de género, deberí­a ser una tarea constante de Gobernación. Atender y prevenir la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres, debe ser retomado como un problema de salud.

Espero que el año 2018, sea menos penoso para nostras mujeres, que la violencia sexual y de todo tipo sea enfrentada y castigada con rigor, pero también se realicen todas las acciones preventivas que promuevan la igualdad y la vida libre de violencia para las mujeres, para que podamos caminar, vivir y disfrutar en verdadera libertad.

Silvia Ethel Matus
Silvia Ethel Matus
Columnista Contrapunto

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