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domingo, 01 de agosto del 2021

El simulacro como verdad

Para la masa, la puesta en escena es ya indistinguible de lo “real”

Y sigue la pugna intraoligárquica. La facción neoliberal-fascista (arzuista), con su caballito de batalla: la “institucionalidad”; y la neoliberal-corporativa (dionisista), con su respectivo alazán: la CICIG, vuelven a la carga poniendo en la calle a sus respectivos enjambres de oenegistas y empleados de agencias internacionales, los cuales vociferan de lo lindo exponiendo sus “razones” para “salvar” al paí­s del “comunismo” (arzuistas) y de la “corrupción” (dinonisistas). El circo de “buenos” y “malos” campea, y la gente es absorbida por el simulacro.

Pero, como he dicho hasta el hartazgo, aquí­ la suerte ya está echada. Y consiste en culminar el plan geopolí­tico realizando la restauración oligárquica por medio del Plan para la Prosperidad. Para esto ha sido ungida la facción dionisista y sus satélites serviles: la izquierda rosada y la derecha lila, comisionándolas para gobernar del 2019 en adelante como una coalición izquierdoderechista que pondrá en escena el simulacro de una revolución pací­fica para servir de “ejemplo” ante las rebeldes Venezuela, Nicaragua y Cuba, que realizan sus revoluciones de manera soberana.

En esta época en que los locutores de radio y los presentadores de televisión sustituyen a los filósofos, ideólogos y guí­as espirituales; en que medios de comunicación oenegizados ―que navegan con bandera de “alternativos” e “independientes”― enarbolan la bandera del multiculturalismo y la corrección polí­tica, haciendo creer a la masa ignara que esos son los criterios de verdad y bondad en la dispersa, relativista y manipuladora posmodernidad de derecha; y en que a la posverdad se le llama pospolí­tica y se la propone como necesaria sustituta de la “polí­tica tradicional”, el caos y la confusión generalizada se convierte en el mayor capital polí­tico del neoliberalismo corporativo, globalizador y financierista, y también en el de su némesis: el neoliberalismo fascista, ultramontano y anticomunista, el cual finge ver “extremas izquierdas” en el oportunismo oenegista de la derecha lila y la izquierda rosa, cuando en realidad ésta ya en nada se diferencia de la derecha “moderada”. En este colosal clima confuso, la “moderación” se vuelve categorí­a universal en filosofí­a, moral y polí­tica. Y la “lucha contra la corrupción” ―que es sólo una táctica para culminar con éxito planes geopolí­ticos― sustituye a la lucha de clases en el imaginario ignaro de masas agobiadas por la ausencia de paradigmas que les ordenen la existencia.

Este rí­o revuelto de simulacros es ganancia de pescadores oportunistas. Queda sólo que la masa pase de ser ignara a ser crí­tica. Y en eso hay que centrarse: en que nuestros cuadros polí­ticos adviertan que vivimos una guerra de quinta generación y que todo es un simulacro: ¡excepto la conciencia crí­tica!

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www.mariorobertomorales.info
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