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miércoles, 20 de octubre del 2021

El pueblo exige respeto a su dignidad e inteligencia

En algunos países, los ciudadanos no perdonan a los dirigentes políticos que mienten; en El Salvador, la población honrada no perdona a los que traicionan. De ahí que no sorprende -como secreto a voces- el rechazo y la condena que -de manera enérgica y determinante- muestran los salvadoreños contra los partidos políticos, por la tradicional y antipopular manera de gobernar de sus dirigentes.

Los desesperados intentos de acercarse más o de recuperar a la ciudadanía, especialmente a la población electora, lo confirman. Con esta evidente ansiedad están confirmando -sin duda alguna- el haberse dado cuenta -a lo mejor un poco tarde- de que su proceder personal y administrativo no fue ni siquiera aceptable para las mayorías; y que, por el contrario, los abusos de poder y el  mal manejo de la cosa pública, significaron ofensa a la dignidad e inteligencia de la población honrada.

Como siempre, valgan las apreciadas por mínimas excepciones, de los políticos de distintas tendencias, quienes, con alguna responsabilidad, intentan o realizan acciones de beneficio para la población, aún en contra de nefastas líneas de partido, con las que las cúpulas se benefician, en lo personal o como grupo.

El panorama político de hoy no puede ser más claro, al evidenciar acciones de prepotencia, burda mentira y abuso de poder de las cúpulas. Algunos diputados, como interesados en seguir ganando antipatías, siguen con el discurso ofensivo, aun sabiendo que dejarán una estela de vil politiquería a la hora de su retiro, por su empeño en seguir jugando con la dignidad e inteligencia del pueblo. Aparte de que algunos diputados, en su mayoría, ya son rostros añejos, y sin simpatía alguna.

Como muestra, los salvadoreños ven con indignación, una serie de aberrantes acciones políticas, impropias de un buen partido o de un dirigente, como: -Mezclar la venta de armas con la política; -Reuniones de dirigentes con las pandillas y negarlo con escandalosos cinismo; -Intentar, por componendas, modificación mal intencionada al Protocolo de Entendimiento de la Asamblea Legislativa, para imponer como nuevo presidente a alguien de generales conocidas, como: haber manipulado documentos en el caso Jesuitas y por el solemne descaro de tener bajo su mando decenas de “asesores”, cuando su fracción legislativa no pasa de tres diputados.

La población tampoco desconoce los arreglos -hoy a plena luz del dia- para obtener votos a favor de un partido político -bajo el concepto “me das te doy”- una innoble costumbre que será imposible hacer desaparecer mientras aquí -como en muchos otros países- se imponga la tradicional fuerza de los poderes político y económico, a través de una  aritmética legislativa más interesada en servirse que en servir al pueblo salvadoreño.

Un caso reciente y lamentablemente actual, lo describe el pueblo,  cuando pregunta ¿dónde está el Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos?, pregunta lógica porque, habiendo tantos casos urgentes que son de su competencia, no se le ve; pero, sobre todo, porque a pesar de tantos señalamientos en su contra, a toda costa fue electo “como el más idóneo” por la Asamblea Legislativa. Nada que ver contra el Procurador Tobar como persona; pero sí, como funcionario el país demanda el pronto y estricto cumplimiento de sus obligaciones. De lo contrario, estará dándole la razón a quienes adversaron su elección, cuestionándole por incompetente o por responder a otros intereses.

Y así, sería extenso enumerar otras de los tantos desaguisados que, con frecuencia, se dan en la Asamblea Legislativa; bien, porque aún no se tiene claridad sobre los nuevos tiempos socio políticos; o bien, por seguir creyendo que la población electora todavía no es capaz de analizar a personas y hechos; y que, por lo mismo, sigue siendo presa fácil del engaño, las falsas promesas y la demagogia. Craso error.

Cada quien tiene derecho a volverse miembro del partido que desee, pero no se vale aprovecharse de la voluntad del ciudadano para promover alianzas o coaliciones a favor de una causa o partido, para lograr cargos o prebendas para sí mismo. Eso, aunque se muestre como un acto lícito, siempre será carente de moral

Los tiempos cambian. Las personas también. Y ya es tiempo de entender que los electores son personas dignas y no gente ignorante e insensible, para que los líderes o dirigentes políticos, hagan gala de sus habilidades para negociar con sus sentimientos, su dignidad y su inteligencia. 

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