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sábado, 24 de julio del 2021

El marzo del coronavirus

La primera muerte por coronavirus en España se registró el pasado trece de Febrero de este año, en Valencia. Un mes después, las muertes se acercan a las doscientas y, según pronósticos fatídicos, continuarán creciendo. Los casos de contagio sobrepasan ya los 6000 y, según pronósticos fatídicos, seguirán aumentando. No más hoy, 14 de marzo, Madrid dobló la cifra de sus fallecidos por culpa del Covid-19.

Quienes vivimos en Madrid siempre recordaremos este mes de marzo como uno de los más extraños y largos de este siglo y eso que aún faltan 17 días largos días para que marzo termine. Millones de personas ya estamos confinadas en nuestras casas escuchando por la radio cómo crecen las cifras sombrías y conscientes de que vendrán horas peores.

Aquella pequeña muerte aislada de hace un mes nos pareció manejable y hasta inofensiva. Nos sentíamos protegidos por la ciencia y por un ejército compuesto por millares de doctoras y enfermeros. En solo una semana nos hemos dado cuenta de cuán poderoso es aquel enemigo invisible al que subestimamos. Aquella primera muerte aislada de hace un mes solo era la semilla de un árbol cuyo veloz crecimiento nos dañará más.

El gobierno timorato de hace dos semanas adopta ya decisiones drásticas que debieron tomarse mucho antes, pero casi todo el mundo está de acuerdo en que ahora se deben sumar esfuerzos contra ese enemigo invisible que exige para enfrentarlo una coordinación unificada semejante a la militar. Y es por eso, por esa unidad en la planificación y en la acción, que las críticas al gobierno se moderan o se postergan. Los partidismos en este momento, en la urgencia que vive este país, serían considerados una forma de miseria moral.

Ustedes quizás se pregunten si, aparte del virus, el pánico es uno de los mayores peligros que afronta esta ciudad y yo les diría que no, que quizás el peligro mayor ha provenido de la subestimación de la amenaza, de ese a mí no me va a tocar. Pero toca.

Acaba de suceder algo hermoso en la noche de Madrid. Las personas han abierto las ventanas de sus casas y han comenzado un largo y maravilloso aplauso colectivo en homenaje a quienes ahora, en estos momentos, luchan contra el coronavirus en los hospitales de la ciudad.

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