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miércoles, 3 junio 2026

El Libro Amarillo: Archivos secretos infames de la dictadura (Crónica II)

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Por Carlos Santos

Cuando en una casa abandonada apareció un dossier marcado como Libro Amarillo, pocos imaginaron que se trataba de una de las pruebas más reveladoras de la maquinaria represiva que operó en El Salvador durante la guerra civil. El documento, elaborado por el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada entre 1978 y 1987, contiene 254 páginas con los nombres, fotografías y datos de 1,990 personas señaladas como “enemigos del gobierno”.

Detrás de esa clasificación estaba la Sección de Inteligencia (C-II), que convirtió el archivo en un mapa de persecución: estudiantes, sindicalistas, campesinos, defensores de derechos humanos y militantes sociales fueron retratados, fichados y finalmente asesinados, desaparecidos o encarcelados.

El hallazgo inesperado

El Libro Amarillo llegó a la luz gracias a un hallazgo fortuito. José Alberto Sánchez, la persona que lo encontró en medio de una mudanza, decidió resguardarlo y dejó una nota manuscrita junto al documento:

“Llegó a mis manos por efecto de mudanza y lo he guardado para un propósito: que ayude a que sus figuras y nombres sean honrados por algún propósito bueno. Con todo amor y respeto. Su Servidor: José Alberto Sánchez.”

Ese gesto de resguardo marcó el inicio del proceso de recuperación histórica de un archivo que había permanecido en secreto durante décadas. Posteriormente, Sánchez entregó el documento al colectivo Equipo Maíz, que lo vinculó a sus trabajos de memoria histórica y lo preservó como un testimonio invaluable.

El Libro Amarillo formaba parte de un engranaje mucho mayor. A su lado existían otros documentos elaborados por la Fuerza Armada: el Libro de Viaje, el Libro Negro y los informes internos de “investigación” sobre supuestos grupos terroristas del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA). Estos registros no actuaban de manera aislada, sino como piezas complementarias en la clasificación, persecución y exterminio de la disidencia.

Fuera de los cuarteles, también hubo registros paralelos: el Socorro Jurídico del Arzobispado de San Salvador recopiló cientos de denuncias de víctimas; la Comisión de Derechos Humanos documentó desapariciones y torturas; y la prensa de la época dejó constancia, aunque fragmentada, de los rastros de sangre y represión que marcaron la vida nacional.

Archivos con sello extranjero

El periodista Allan Nair, que entrevistó a militares de la época, reveló que asesores estadounidenses colaboraron en la organización de estos archivos. Copias de los registros eran enviadas periódicamente a la embajada de Estados Unidos y reenviadas de manera clasificada al Estado Mayor, lo que confirma la dimensión internacional de la operación de inteligencia.

El Libro Amarillo fue presentado en su momento a diversas organizaciones de derechos humanos, tanto nacionales como internacionales, que lo reconocieron como un documento clave para la búsqueda de verdad y justicia. También se puso en conocimiento del gobierno del FMLN durante la presidencia de Mauricio Funes (2009-2014). Sin embargo, el Ejecutivo desestimó su relevancia argumentando que “la guerra había pasado” y que la Ley de Amnistía de 1993 ya había perdonado esos crímenes.

Esa posición oficial fue criticada por las víctimas y por juristas, quienes recordaron que delitos como la desaparición forzada, la tortura y los crímenes de lesa humanidad y de guerra no prescriben ni pueden ser amnistiados bajo el derecho internacional.

Justicia que no llega

A pesar de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992 y de la derogación parcial de la amnistía por la Sala de lo Constitucional en 2016, la mayoría de los crímenes documentados en el Libro Amarillo permanecen en la impunidad. Para las víctimas y sus familiares, la apertura y análisis de estos archivos no solo es un ejercicio de memoria, sino un paso necesario hacia la justicia.

“Sin acceso a la verdad y sin procesos judiciales, las heridas seguirán abiertas”, señalan defensores de derechos humanos. Al mismo tiempo, advierten que las víctimas continúan necesitando apoyo psicosocial, pues las secuelas de la guerra siguen vivas en sus cuerpos y memorias.

Un archivo contra el olvido

Hoy, el Libro Amarillo y los documentos que lo rodean constituyen algo más que evidencia histórica: son un arma contra el olvido. Un testimonio escrito que demuestra cómo el Estado convirtió la represión en política de Estado, y que recuerda que la verdad sigue siendo indispensable para desmontar el aparato de impunidad que, décadas después, aún resiste.

NdelE: Estas crónicas y otras verdades que permanecen en secreto público, continuarán siendo publicadas en ContraPunto, en homenaje a todos aquellos que murieron injustamente y quienes cayeron como héroes en la guerra, defendiendo la causa y las esperanzas que profesaban.

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Nota de nuestro diario hermano HispanicLA: en el Archivo Nacional de Seguridad Nacional de Estados Unidos se establece que el Libro Amarillo es «Un documento de la década de 1980 de los archivos del servicio de inteligencia militar de El Salvador (que) identifica a casi dos mil ciudadanos salvadoreños considerados “terroristas delincuentes” por la Fuerza Armada… Otras personas mencionadas en la lista son defensores de derechos humanos, líderes sindicales y figuras políticas; muchos de ellos sufrieron detenciones ilegales, tortura, ejecución extrajudicial, desaparición forzada y otras violaciones de los derechos humanos.

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Carlos Santos
Carlos Santos
Investigador y académico en temas de Derechos Humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto

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