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jueves, 29 de julio del 2021

El Jardín de las Rosas rinde eterno homenaje a los mártires de la UCA

Entre 2001 y 2006 me desempeñé como funcionario de la oficina de la OIT para Centroamérica, Panamá, la República Dominicana y Haití con sede en San José de Costa Rica.

Viajaba en misión y frecuentemente a San Salvador y cada vez que lo hacía cumplía con un ritual que un día decidí seguir: visitar el «Jardín de las Rosas», en la parte posterior de la capilla de la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas) y la capilla del Hospital Divina Providencia de San Salvador, donde cayera abatido Monseñor Oscar Arnulfo Romero en 1980.

El Jardín de las Rosas rinde eterno homenaje a los mártires de la UCA asesinados el 16 de Noviembre de 1989 por un comando del Batallón de Infantería de Reacción Inmediata "Atlacatl".

Los mártires de Las Rosas fueron el padre Ignacio Ellacuría S.J., español, rector de la universidad, quien había sido compañero de estudios de algunos jesuitas que conocí desde mis tiempos de estudiante en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, Ignacio Martín-Baró S.J., español, vicerrector académico, Segundo Montes S.J., español, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, Juan Ramón Moreno S.J., español, director de la biblioteca de Teología, Amando López S.J., español, profesor de Filosofía; Joaquín López y López S.J., salvadoreño, fundador de la universidad y estrecho colaborador y, con ellos, Elba Ramos, salvadoreña, empleada doméstica y Celina Ramos, salvadoreña, hija de Elba Ramos, de apenas 16 años entonces.

Don Obdulio, el marido de Elba y el padre de Celina, sobrevivió y fue quien pudo escuchar las últimas palabras del padre Ellacuria dirigida a los jóvenes soldados del comando que había llegado a ejecutarlos: «Hijos, no se ensucien las manos… por nada … porque nosotros no le hemos hecho daño a nadie. No se ensucien las manos, porque toda su vida… será algo terrible para ustedes, después, y hasta sus hijos los van a despreciar si nos llegan a hacer esto. Sobre todo si son sus madres católicas.”(Carolina Ávalos, Golpes y Rosas. El jardinero de la UCA y las últimas palabras de Ellacuría, El Faro, 17-11-2014).

Hoy aquella premonición se cumple y la larga noche de la impunidad y del olvido parece culminar por fin para hacer justicia y rendir homenaje a los caídos, hace ahora poco menos de 31 años.

Un día me encontré con Don Obdulio a quien no me atreví a saludar, una vez más vencido por mi timidez que derrotara sin remedio mi deseo de hacerlo.

Esta madrugada y al conocer la noticia hurgué buscando notas de prensa que me llevaran a recrear todo aquello que llevaré en mi recuerdo para siempre y que en cada visita a San Salvador durante aquellos años que viví en el itsmo querido de Centroamérica me conmoviera hasta paralizarme.

En ello terminé hallando este texto que si entonces hubiera vencido la timidez y el recato me hubiera gustado escribir:«Pasaron los días y los meses, y de vez en cuando, entre clases, pasaba a saludar a don Obdulio, y a admirar el jardín de rosas que cuidaba con tanta dedicación en el lugar donde habían muerto grandes defensores de la justicia. Al verme, él se acercaba y me decía: “Niña, acá le tengo unos manguitos”. Testigo de un día de horror de nuestra nación, Don Obdulio dejó este mundo sin que jamás se hiciera justicia por el asesinato de su esposa Elba y de su bella hija adolescente Celina.

Por ellas y por los padres jesuitas asesinados, perdura hoy el jardín de rosas que este humilde jardinero de la memoria plantó en nombre de la verdad» (Carolina Ávalos es economista y expresidenta del FISDL. El Faro, 17-11-2014).

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