spot_img
spot_img
martes, 19 de octubre del 2021

El honoris causa de la USAC

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, José Martí­.

En su sesión del 25 de enero de 2017, el Consejo Superior Universitario (CSU) de la USAC me hizo el gran honor de concederme el Doctorado Honoris Causa de esa casa de estudios. Para mí­, esto constituye no sólo el mayor reconocimiento a mis ideas y propuestas sino, sobre todo, una necesaria renovación de mi compromiso con las causas que defiendo y contra las que ataco, pues el paí­s vive una intensa lucha ideológica por el saneamiento de su educación pública y por su democratización económica, polí­tica e intercultural.

Originalmente soy un egresado de la Universidad Rafael Landí­var. Pero desde que era estudiante, y gracias a la influencia decisiva de mi amigo Juan Luis Molina Loza, me vinculé con estudiantes de Humanidades y Derecho de la USAC y con sus luchas polí­ticas, las cuales impulsaban desde el interés popular. Con ellos descubrí­ la universidad pública y sus espacios de libre discusión de ideas, y con ellos participé en la organización de congresos de estudiantes de filosofí­a, así­ como en numerosas asambleas estudiantiles y en infinidad de actividades cí­vicas universitarias, todo lo cual me permitió trabajar con inolvidables amigos implicados en las luchas populares contra la dictadura militar-oligárquica, que habí­a capturado el Estado desde 1954.

Ya en los años 60 estaba identificado, pues, con la USAC como estudiante de la Landí­var. Luego, desde 1975, fui profesor de la Escuela de Psicologí­a y de otras unidades académicas, y trabajaba en el campus a principios de los 80 cuando la Universidad fue agredida y mutilada por los militares. Más tarde fui asesor, junto con Mario Alfonso Bravo, de la Dirección General de Extensión Universitaria durante el rectorado de Alfonso Fuentes Soria, en los años 90, cuando el director de la DIGEU era mi amigo Manuel González ívila. Poco antes habí­a sido Representante de la USAC ante el Consejo Superior Universitario Centroamericano, cuando éste todaví­a tení­a su sede en Costa Rica.

Después de una estadí­a como profesor universitario en Estados Unidos, me vinculé a la USAC de nuevo en el 2012, ahora como docente de la Escuela de Ciencia Polí­tica (ECP), en donde, gracias a colegas como Vinicio González, Francisco Lemus y, sobre todo, Marcio Palacios Aragón, director de esa Escuela, tengo la oportunidad de ejercer las ciencias sociales en mi paí­s, lo cual nunca acabaré de agradecer a la institución y a estos colegas. Tampoco, que haya sido el actual Consejo Directivo de la ECP el que propusiera mi candidatura para el Honoris Causa ante el CSU.

Mi vinculación y compromiso voluntarios con la USAC datan entonces de mi época de estudiante en la Landí­var, siguen hasta la fecha y espero que no acaben nunca. Porque creo en la enseñanza pública y en que la USAC es la rectora de la educación nacional y la conciencia moral de la nación. También, en que la excelencia académica es su mejor forma de hacer polí­tica.

No reniego de la Landí­var ni de la Universidad de Florencia, ni de la de Costa Rica ni de la de Pittsburgh, en las cuales estudié, cuando dejo asentado que, después de este honor que me otorga la USAC, me congratulo de ser por fin un carolino con todas las de la ley.

Invito por ello a mis lectores y amigos a que me acompañen en el acto de investidura de esta distinción académica, el cual tendrá lugar mañana 4 de mayo en el Salón Mayor del Museo de la Universidad (9na avenida 9-79 Zona 1) a las once de la mañana. La entrada es libre.

__

Sitio web del autor, aquí­.

spot_img

Últimas entradas