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martes, 27 de julio del 2021

El futuro ya llegó

Somos todos convertidos en uno

Guatemala necesita convertir toda la riqueza natural que posee en alta productividad pública y privada, pero no sólo de la veintena de familias oligarcas que acaparan los márgenes de lucro, sino también de miles de nuevos empresarios pequeños, medianos y grandes que estén dispuestos a jugar con las reglas del juego de la igualdad de oportunidades, la libre competencia y el control de monopolios. Esta alta productividad requiere asimismo de la fuerza de trabajo calificada de los millones de habitantes que conforman la mayorí­a pobre y miserable del paí­s, gracias a la estructura económica del régimen oligárquico, monopolista y corrupto. Y también requiere de la fuerza de trabajo de las capas medias —profesionales o no— que ofrecen sus servicios a cambio de salarios bají­simos que los expulsan de los consumos a los que estas capas aspiran.

Como se ve, es necesario que polí­ticamente converja el empresariado no-monopolista, las capas medias urbanas y rurales y el campesinado con y sin tierra en un proyecto de paí­s basado en la productividad fí­sica de mercancí­as, sobre la cual sea posible erigir una democracia plurinacional-popular. ¿Por qué popular? Porque el espí­ritu de la misma está volcado hacia lograr el bienestar de las mayorí­as (no sólo el de una micro-élite) como el cimiento sobre el cual construir un paí­s que crezca económicamente y cuya ciudadaní­a sea capaz de protagonizar —desde una sociedad civil sana y no financiada desde el exterior— una fiscalización soberana que garantice a todos vivir bajo una democracia con una clase polí­tica comprometida con el bienestar de todos y no sólo con el de la minorí­a oligárquica: esa misma que ha llevado al paí­s al estado en que se halla, desde su victoria polí­tica sancionada en los acuerdos de paz de 1997.

Pero esta convergencia de empresariado no-monopolista, capas medias urbanas y rurales y campesinado con y sin tierra simplemente no ocurre en un paí­s en el que la izquierda se derechizó oenegizándose y adoptando la agenda culturalista de los paí­ses donantes, que así­ ejercen su injerencia foránea en nuestros asuntos internos, cuando no se cambió de bando abierta y estruendosamente. Aquí­ lo que existe es un movimiento campesino que constituye el único elemento dinámico de una polí­tica local que se ahoga en un mar de partidos polí­ticos de podrida ultraderecha, alineada con la restauración oligárquica en marcha por medio del geopolí­tico Plan para la Prosperidad, el cual no contempla la productividad fí­sica ampliada y creciente como sinónimo de desarrollo económico, sino simplemente más mineras, más cementeras, más hidroeléctrica y más palma africana. Más de lo que tiene a los pueblos al borde de la muerte y de la rebelión violenta.

Esta colosal organización campesina se llama CODECA, y a ella le toca, desde la posición de fuerza que se ha ganado a punta de organización y más organización, producir la mencionada convergencia evadiendo el oenegismo culturalista y a las izquierdas rosadas y las derechas lilas, vendidas todas a la geopolí­tica y la restauración oligárquica. CODECA y el Movimiento de Liberación de los Pueblos (MLP) van hacia un Estado plurinacional y popular que regirá una economí­a que nos involucre a todos en la productividad, el salario y el consumo, con educación, salud, soberaní­a y dignidad. ¡Vamos todos por la Asamblea Constituyente Plurinacional y Popular! ¡El futuro ya llegó! ¡Somos todos convertidos en uno!

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www.mariorobertomorales.info
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