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viernes, 17 de septiembre del 2021

El convulso mundo de la vida actual

A la memoria de Nelson Mandela

Solo cabe avanzar hacia otra época. Por eso desde ContraPunto hablamos de refundar la democracia

El mundo actual se enfrenta a una realidad compleja, difícil, peligrosa y no por una guerra generalizada ni una confrontación nuclear sino que por múltiples amenazas. Las que suponen los nacionalismos belicosos, el resurgir del neofascismo, la crisis de las democracias, pero también las grandes pestes. La pandemia de la covid-19 es una verdadera catástrofe global, de la que no sabemos a ciencia cierta sus causas, pero estamos sufriendo sus consecuencias: decenas de millones de contagiados y varios millones de muertos.

Para el futuro próximo, y pese a los esfuerzos por llegar a una “nueva normalidad”, en el horizonte se divisan los nubarrones de una crisis económica, social y política que, pese a los adelantos tecnológicos y a los esfuerzos internacionales, será imposible contener. Aunque El Salvador no escapa a este desastre ni a los recrudecidos conflictos políticos internos,  no estamos peor que en otras latitudes e incluso estamos mejor que algunos países vecinos donde los sistemas sanitarios están colapsados o al borde del colapso.

En medio de esta crisis global sanitaria, El Salvador ha entrado en una profunda crisis política. La institucionalidad construida en la posguerra ha perdido el respaldo y la confianza de un gran sector de la población. Las dos fuerzas que dominaron nuestro horizonte político en la posguerra se han desplomado electoralmente. De nuevo emerge el conflicto entre quienes buscan a ciegas un cambio y aquellos que insisten ciegamente en perpetuar un pacto institucional en el que ya la mayoría de gente no cree.

Mientras la nueva “peste” prosigue con su trágica cosecha, a El Salvador ha retornado con fuerza una vieja conocida: la insensatez política. El nuevo gobierno tiene problemas para administrar con lucidez sus dos aplastantes victorias electorales. De igual forma que las derrotas, las victorias hay que saber asimilarlas con sabiduría. Esa sabiduría que también le hace falta a una oposición derrotada incapaz comprender la dimensión histórica de sus dos últimos fracasos en las urnas. Equivocada o no, detrás del voto mayoritario de la ciudadanía se expresó una voluntad de cambio que va más allá de exigir un verdadero equilibrio entre los poderes del Estado; ese voto mayoritario también reclama, dado que la actual está rota, una nueva relación entre las instituciones del Estado y la sociedad civil. Ahora resta por ver si el nuevo  gobierno es capaz de reconstruir esa confianza en la política y las instituciones. Ojalá que interprete con lucidez esa voluntad de cambio, expresada por medio del voto, donde se trasluce el deseo de refundar la democracia.

Mucha sensatez, mucha reflexión mucho diálogo, mucha pedagogía harán falta para que refundemos una verdadera democracia en El Salvador. Este giro no puede reducirse a una cacería de corruptos, sino hay de por medio un ataque meditado a los valores y a los intereses que desvían la política de su vocación de servicio público para convertirla en un botín.

Aunque tenga la mayoría en el parlamento, el gobierno no posee toda la verdad ni representa a todos los sectores de la población y por eso debe buscar canales de diálogo con aquellos figuras o fuerzas no están de acuerdo con sus decisiones. Sería un profundo error que intentara hacer desaparecer las discrepancias porque la pluralidad de opiniones es una manifestación de la libertad ciudadana.

Haría bien la oposición si mitigara su visión apocalíptica de la crisis política actual. Sensatez también le hace falta, sensatez para digerir la forma en que un sector de la ciudadanía ha rechazado a los partidos políticos tradicionales, sensatez para comprender que los errores del actual gobierno no se van reparar después volviendo a los viejos equilibrios de poderes y es que de poco valdría restaurar los equilibrios constitucionales si no se repara la enorme brecha que se ha abierto entre las instituciones y la confianza del pueblo. Ya no es posible volver al horizonte mellado de la posguerra. Solo cabe avanzar hacia otra época. Por eso desde ContraPunto hablamos de refundar la democracia.

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