jueves, 12 de mayo del 2022
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El asesinato del jesuita Juan del Valle, México 1616

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Por Rubén Aguilar Valenzuela

 
Entre el 16 y el 19 de noviembre de 1616 fueron asesinados ocho jesuitas en el hoy estado de Durango en el marco de un levantamiento de los tepehuanes, que dejó cientos de muertos. El 18 de noviembre en San Ignacio del Zape son asesinados los padres Luis Álvarez y Juan del Valle.
 
El 21 de noviembre estaba programada la celebración, en El Zape, de la consagración de una imagen dedicada a la Virgen que había llegado de la Ciudad de México. Era un encargo de los indígenas de la comunidad de Guanaceví. Ese era el mismo día que los tepehuanes habían fijado para el alzamiento.
 
La fecha se adelanta después de los sucesos que ocurren el 16 de noviembre cuando los indígenas alzados asesinan al padre Hernando de Tovar (1581-1616) en Santa Catarina de Tepehuanes cuando regresaba de Culiacán, su ciudad natal, a donde había ido, por orden de su superior, a conseguir apoyos, para la construcción de la iglesia de los jesuitas en Guadiana (Durango). Es el primero en perder la vida.
 
Cuando estalla la rebelión, para la celebración en el Zape ya habían llegado 19 españoles y los padres Álvarez y del Valle. El 18 de noviembre entran al pueblo los alzados, que matan a los jesuitas y a la población que ahí se encontraba. Se dice que en ese evento la Virgen recibió un hachazo, pero no fue destruida. A partir de entonces se le venera como Nuestra Señora del Hachazo.
 
El padre Juan del Valle nació en 1576 en Vitoria, Vizcaya, España. En 1591, a los 15 años, ingresó a la Compañía de Jesús en la Provincia de Castilla. El 30 de septiembre de 1594 llega a la Nueva España. De 1595 a 1596 estudia Humanidades y Retórica en Puebla y después sigue los estudios de Filosofía y Teología en el Colegio Máximo de México.


El jesuita Juan del Valle. Fuente: Giorgio Giovannetti/ INAH
 
Una vez que se ordena sacerdote y realiza la última etapa en la formación de los jesuitas, que es la tercera probación, se le envía a la Misión Tepehuana, con el padre Juan Fonte. Por doce años se dedicó a la evangelización de los indígenas y también a trasmitir conocimientos sobre distintos oficios, el cultivo de la tierra y la construcción de sus casas.
 
De acuerdo con historiador Atanasio G. Saravia, el padre del Valle era: “De carácter afable y dulce y de espíritu extraordinariamente conciliador, era el llamado siempre a resolver las dificultades de los indios y de los españoles, habiéndose ganado por estas cualidades el nombre de Juan de la Paz con que en las comarcas que habitaba era bien conocido”.  El 18 de noviembre de 1616 fue asesinado, junto con el padre Luis Álvarez. Tenía 40 años.
 
Cuando terminó el conflicto fueron recuperados los cuerpos de los jesuitas asesinados en Santiago Papasquiaro, Santa Catarina de Tepehuanes y en San Ignacio de El Zape. Solo los que murieron en este último lugar fueron trasladados a Guadiana (Durango), donde se les celebraron solemnes exequias.
 
Dice Saravia que los restos de los cuatro jesuitas muertos en El Zape, dos en el pueblo y dos en las inmediaciones del mismo, fueron llevados a Guadiana por el gobernador Gaspar de Alvear, quien, a decir del padre Alegre, los entregó en la hacienda de La Sauceda al rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Durango. Al llegar a las inmediaciones de la ciudad fueron depositados en una carroza, para seguir con su traslado.
 
Los franciscanos del convento de San Francisco, continúa Saravia, solicitaron que en su iglesia se depositasen los cuerpos mientras se pasaban con honor al templo de los jesuitas el día de santo Tomás de Aquino. En esa ocasión los cuerpos los jesuitas, acompañados por la población y ciento cincuenta soldados, fueron llevados a hombros, cubiertos de telas y bordados, hasta la iglesia de la Compañía de Jesús. Terminada la Misa se procedió al entierro, en un altar colateral al lado del Evangelio, dedicado a San Ignacio.
 
En la iglesia de El Zape se encuentran dos cuadros con las imágenes de estos jesuitas asesinados. En uno está la siguiente inscripción en latín: “Pater Joannes del Valle Victoriensis occisus a barbaris Tepehuanis regni mexicani anno Domini 1616 (mense Novembris 18-Etatis suae)”. Y en la otra se dice: “Pater Ludovicus de Alvarez oaxachensis in nova Hispania occisus a baarbaris Tepehunaiss anno Domini 1616 (mense Novembris 18-Etatis suae 32)”.
 
En 1695, el jesuita Eusebio Francisco Kino, escribe desde la Alta Pimería, en el ahora estado de Sonora: “El Padre Juan del Valle, natural de la ciudad de Vitoria, un dechado de toda religiosa perfección, por medio de su evangélica predicación por toda la provincia de los Tepehuanes, bautizó muchos millares, fundó muchas iglesias, y a los 12 años de sus apostólicos trabajos le quitaron la vida los bárbaros Tepehuanes en San Ignacio del Zape, a flechazos y macanazos”.

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Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.
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