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jueves, 21 de octubre del 2021

El amigo de Schafik Hándal

Habí­an pasado dos meses desde el golpe de estado en Chile; en la Penitenciaria de Arica, el Profe fue de los primeros en ser ingresado, estuvo incomunicado como dos semanas, hasta que lo trajeron donde estábamos el resto de los presos polí­ticos del sexo masculino. La semana pasada trajeron a un abogado muy famoso, que realizó estudios de postgrado en Francia, lo habí­an trasladado desde Antofagasta (a unos seiscientos kilómetros hacia el sur).

Ayer estuve conversando con el Profe sobre mis preocupaciones por no conocer el  paradero de mi compañera de vida; a varios de los presos polí­ticos les han autorizado la visita de un familiar y sólo tres han tenido la oportunidad de hablar con su abogado defensor (un oficial de la fuerza armada, en servicio y con la profesión de abogado). Las nuevas autoridades  de la Universidad del Norte, nombradas hace pocas semanas por los militares, contrataron un abogado militar para la defensa de los catedráticos, estudiantes y trabajadores de esa universidad que están acusados de crí­menes de guerra; yo soy estudiante de la Escuela de Contadurí­a de esa universidad, pero todaví­a no me han dado la oportunidad de conversar con ese abogado. Algunos de mis compañeros del Partido Comunista, que fueron detenidos en las semanas posteriores al dí­a en que los militares me capturaron junto a mi compañera de vida, me han dicho que lo más probable es que ella (21 años y comunista como yo) se encuentre en el anexo de la Penitenciaria, en donde solo hay mujeres.

El Profe también me contó que cinco de los doce abogados que están encarcelados aquí­, han constituido una comisión de trabajo para asesorar al resto de presos polí­ticos, los otros abogados son unos miedosos y dijeron que no quieren participar en nada que sea  polí­tico dentro de la cárcel; el problema es que ninguno de los miembros de esa comisión legal, conoce las leyes y procedimientos militares en los casos de traición a la patria, sedición y espionaje, pero la directiva de los prisioneros de guerra, está gestionando ante la oficina de la fiscalí­a militar de Arica que se les provea de esos documentos legales para estudiarlos y utilizarlos en la asesorí­a legal.

Trajeron a un joven, con grado de capitán de infanterí­a de Bolivia, acusado de espionaje; a la semana siguiente se empezó a conocer que la Cruz Roja Internacional y la orden religiosa de los Maristas, estaban haciendo gestiones para conocer las condiciones en que nos encontrábamos los presos polí­ticos. El dí­a de ayer, como a las seis y media de la mañana trajeron a la cárcel quince supuestos presos polí­ticos que nadie conocí­a; a las ocho de la mañana  repartieron como veinte maquinitas de afeitar y cinco peines, nos dijeron que todos debí­amos rasurarnos y peinarnos;  a las 10 de la mañana nos formaron militarmente,  el capitán que está a cargo de la cárcel presentó a un supuesto representante de la Cruz Roja Internacional; este señor como de cincuenta años, de nacionalidad francesa, dijo que su institución estaba visitando algunas de las cárceles en donde habí­a presos polí­ticos, para conocer sus condiciones de vida; se produjo un largo silencio de unos cinco segundos; uno de los supuestos reos polí­ticos que habí­a ingresado ese dí­a, dijo en voz alta que habí­an sido bien tratados, que la alimentación era nutritiva; otro de esos recién llegados dijo que se nos respetaban los derechos humanos; entonces se escuchó la voz del abogado que habí­a estudiado en Francia, que como buen orador y hablando en francés, dijo varias cosas, pero yo no entendí­ nada; cuando regresamos a nuestra celda, el Profe nos dijo que el abogado habí­a denunciado la tortura a la mayorí­a de los presos polí­ticos, que la comida era de  frijoles negros con rienda (macarrones) y que en muchas ocasiones la habí­an servido en mal estado, explicando que en Chile el frijol negro es un alimento para los cerdos, así­ también dijo que usábamos la misma ropa que vestí­amos el dí­a de nuestra captura varias semanas antes, dormí­amos en el suelo, no contábamos con sábana para abrigarnos en la madrugada cuando en esta área del  Desierto de Atacama se pone muy frí­o y que sólo se nos permití­a defecar una vez al dí­a, a las seis de la mañana.

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