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martes, 18 de mayo del 2021

El 67 y sus alrededores

Metralla de recuerdos

El 9 de octubre de 1967 fue asesinado el Che Guevara y el 19 le fue conferido el Premio Nobel de Literatura a Miguel íngel Asturias. No sé si me falla la memoria pero recuerdo haber leí­do ambas noticias en la misma edición de El Imparcial. Habrí­a que corroborar el dato. En el 66, Asturias habí­a venido a Guatemala, luego de recibir el Premio Lenin de la Paz y habí­a ofrecido un conversatorio en la USAC y una conferencia en la Landí­var, a la cual asistí­. Esa fue la primera vez que vi fí­sicamente a aquel hombre alto y solemne, según me parecí­a a mis 19 años, a quien ya admiraba por haberme enseñado, por medio de la lectura de El Señor Presidente, que las desgracias de mi paí­s podí­an decirse con una expresión estética que lo enaltecí­a y que permití­a no dejar nada suelto.

En marzo del mismo año habí­a sido capturado, torturado y asesinado en Zacapa Otto René Castillo, junto a la guerrillera Nora Paiz. Y en octubre del año anterior habí­a muerto Turcios Lima en un extraño accidente automovilí­stico que al parecer fue provocado por un explosivo colocado en el motor de su Mini-Cooper. También, en junio del 67 murió mi padre en un accidente de auto en Siquinalá, y pocas semanas después empecé a escribir los primeros textos de lo que habrí­a de constituir mi primer (breve) libro de narrativa, La debacle, que se publicó en 1969.

En enero del 66 habí­a yo entrado al primer año de la carrera de Letras y Filosofí­a en la Landí­var, de modo que cuando en el otoño del 68 fui por primera vez a Europa, acompañado de varias compañeras de estudios, y pude conversar con Miguel íngel Asturias y preguntarle dónde podí­a ver a Jean Paul Sartre, los estragos que en La Sorbona habí­a causado la famosa revuelta estudiantil del “mayo francés” me parecieron menores en comparación con la carga de muerte que ya llevaba yo sobre mis hombros.

El 30 de mayo de 1967 se publicó Cien años de soledad. Mi inolvidable profesora de francés, Madame Francoise de Valladares me recomendó leerlo, y lo hice en el 68 mientras recorrí­a Europa en trenes, autobuses y aviones. Recuerdo que el episodio de las lluvias interminables lo leí­a cuando visitábamos ese atroz monumento al franquismo llamado Valle de los Caí­dos, cerca de El Escorial, en la sierra de Guadarrama. También El espejo de Lida Sal, de Asturias, se publicó en el 67.

Por aquellos tiempos Otto René habí­a escrito “Nada/ podrá/ contra esta avalancha/ del amor. /Contra este rearme del hombre/ en sus más nobles estructuras. /Nada /podrá /contra la fe del pueblo/ en la sola potencia de sus manos. /Nada/ podrá/ contra la vida. /Y nada/ podrá/ contra la vida, /porque nada/ pudo/ jamás/ contra la vida”.

Este vitalismo ciego a la muerte que nos rodeaba a los jóvenes del 67 fue lo que movilizó a tantos a la lucha. Habí­a una fe enorme en nosotros mismos y en el pueblo. Esa fe se convirtió en una fuerza que hubo de ser aplastada a sangre y fuego de una manera desproporcionada. Sólo así­ pudo la dictadura oligárquico-militar contra la juventud de la época. Esa misma que volvió, en los 70, con más fuerza, a involucrar a tanto pueblo en la lucha como nadie habí­a imaginado. La represión fue mayor y más desproporcionada, al extremo de que el fascismo tuvo que recurrir al genocidio.

En 1970 fue secuestrado y desaparecido Roberto Obregón y en el 71 Juan Luis Molina Loza. Sentí­ que empezaba la nueva década sin amigos. Qué equivocado estaba. Muchí­simas cosas apenas comenzaban para mí­.

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www.mariorobertomorales.info
Mario Roberto Morales
Mario Roberto Morales
Escritor, periodista y catedrático guatemalteco; ha sido Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Ha escrito novelas, cuentos y ensayos

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