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jueves, 4 junio 2026
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CSP, una decisión inexplicable

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Por Rubén Aguilar Valenzuela

Entiendo que la presidente Claudia Sheinbaum Pardo, tenga miedo, incluso terror, a las madres buscadoras, a las organizaciones feministas, a las mujeres independientes con posiciones propias, y también a las víctimas del patriarcado machista, que desde su lógica del poder, pueden abollar su investidura presidencial.

Entiendo, que en su estrategia política – comunicacional nunca haga referencia a los feminicidios y a la violencia contra las mujeres y que manipule todas las cifras de violencia y asesinatos en el país, con la complicidad del secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, para construir una realidad que no existe más que en sus estadísticas.

Entiendo que la presidenta, ante sus miedos, el ocho de marzo, el Día Internacional de la Mujer, quería estar protegida de posibles manifestaciones en su contra, por su nula empatía con la causa de las madres buscadores, las organizaciones feministas y las mujeres libres e independientes.

Asumo, que la presidenta tendía cientos e incluso miles de lugares a elegir, libres de posibles manifestaciones críticas, para celebrar ese día, se me ocurren, entre otros, ciudades de estados y municipios que ahora gobierna Morena, sedes de sindicatos que son parte de Morena y dependencias federales, entre otros muchos.

Lo que decidió para conmemorar ese día, fue protegerse, amurallarse, en el Campo Marte, el dios de la guerra, espacio bajo control del Ejército. Y en la ceremonia, no estar al lado de mujeres, sino de dos hombres, uno general y el otro almirante, uno secretario de la Defensa y el otro de la Marina.

Las dos, instituciones denunciadas y acusadas en repetidas ocasiones por el acoso, abuso, violación e incluso feminicidio de mujeres integrantes de esos cuerpos militares, cuyos abusadores, en la mayoría de los casos, hay investigaciones sobre eso, han permanecido impunes.

El discurso político no son solo palabras, sino también símbolos y escenarios; el del ocho de marzo fue un evento militar, en un espacio militar, con el nombre del dios de la guerra, con una presidenta flanqueada por militares hombres, en el día de la celebración cívica, en todo el mundo, de la toma de calles y plazas por las mujeres de todas las edades incluyendo, cada vez más a las niñas.

La celebración de la comandante en jefe fue un acto militar, y con ello militarizó un evento cívico por excelencia. ¿Por qué ir en contra de todo lo que se hace en el mundo? ¿Por miedo? ¿Por qué de manera intencional desconocer la celebración de Día Internacional de la Mujer como un evento cívico por excelencia?

Lo he platicado con amigas, con amigos, con estudiantes – mujeres y hombres -, y nadie encuentra razones para explicar lo que hizo la presidenta Sheinbaum Pardo, la primera mujer en la historia de México en ocupar ese cargo.

No veo ninguna buena razón, que no sea un error o incluso una tremenda estupidez. En todo caso, de la presidenta nunca habrá reconocimiento de que se equivocó. Y me pregunto: ¿En este gobierno, el Día Internacional de la Mujer será en adelante una celebración militar?

Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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