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miércoles, 27 de octubre del 2021

Crónica en Animal Polí­tico: Huasipungo

Los indios de los huasipungos, que son las pequeñas propiedades que los terratenientes daban a éstos como compensación por su trabajo.

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En 1934 la obra obtuvo un premio organizado por la Revista Americana de Buenos Aires y es publicada por primera vez en esa ciudad por la Editorial Losada. Desde un principio, la novela tuvo un gran éxito y se tradujo en distintas lenguas. Hoy está en 40 de éstas. El autor, Jorge Icaza (1906-1978) fue un narrador, dramaturgo y diplomático ecuatoriano.

La historia transcurre en el Ecuador de la primera mitad del siglo XX. Los indios de los huasipungos, que son las pequeñas propiedades que los terratenientes daban a éstos como compensación por su trabajo. Éstas con el tiempo les eran arrebatadas por los mismos terratenientes y, cuando aquellos protestaban por el atropello, eran reprimidos e incluso asesinados.

El texto describe el mundo del indio ecuatoriano y la opresión de la que es objeto por la triada del poder que, por lo general, presenta la novela indigenista: el cura del pueblo, el dueño de la hacienda y el representante de la autoridad civil. Los tres constituyen la estructura del poder establecido y se reparten los beneficios que les da su posición.

El relato, es también caracterí­stica de la novela indigenista, está siempre cercano al naturalismo. Da cuenta, a manera de testimonio, de las miserables condiciones en las que viven los indios ecuatorianos, que se asemejan a las de otros paí­ses de América Latina. La inserción en el texto de numerosos términos indí­genas le aporta mayor realismo y riqueza a la obra.

Al inicio de la obra, don Alfonso, el terrateniente, actúa como un patrón justo, pero en la media que la historia avanza cambia su actitud. Empieza a maltratar a sus trabajadores y también abusa de sus mujeres. El cura del pueblo se enriquece con la venta de los servicios religiosos y amenaza a sus fieles con el infierno si no hacen lo que dice. La autoridad civil apuntala y legitima la expoltación del terrateniente.

Andrés Chiliquinga, es un indigena que trabaja en la hacienda y vive en carne propia la explotación. Los dí­as pasan y la situación de los trabajadores empeora.

La gota que derrama el vaso llega cuando el terrateniente negocia con empresario de Estados Unidos. Estos, de imprevisto, llegan al pueblo para desalojar a los indí­genas de sus viviendas. Éstos hartos de la situación se organizan, para luchar por lo  que les pertenece. El poder constituido es más fuerte que ellos y se impone por la ví­a violenta. La sangre indí­gena corre, como otras tantas veces.

El lenguaje de los personajes de Icaza utilizan de manera permanente el español y el quichua. Eso da credibilidad y fuerza al texto que es conmovedor y al mismo tiempo violento. El tratamiento del tema provoca que el lector reaccione a la injusticia y tome partido. La obra es una denuncia poderosa al trato que en ese entonces reciben los indí­genas del Ecuador que no era muy diferente al de otros paí­ses de la región. Ahora, es cierto que la situación de los indí­genas ha cambiado, pero siguen presente muchos de los vicios del pasado.

Huasipungo está considerada por la crí­tica como una de las obras maestras de la literatura indigenista en América Latina. Icaza profundiza en la problemática individual y social de los indí­genas, en su drama de siglos, de una manera como sólo lo puede hacer la literatura. La novela muestra la realidad mejor de lo que puede hacerlo un libro de antropologí­a o historia.

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Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.
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